El párroco de Urda atiende a una feligresa
Entrevista
El párroco de Urda: «Me decían 'déjeme que llore con usted'. En ese momento no se puede hacer otra cosa»
«Tuve que atender espiritualmente a casi todos, pero también tuve que ayudar a muchos a salir de los trenes»
«El consuelo que te encuentras ahora mismo es la compañía. En estos momentos no hay palabras»
José Miguel Fernández es el párroco de Urda. En el instante del accidente ferroviario se encontraba en Toledo, pero tras enterarse de lo sucedido no dudó en acudir raudo al lugar de la tragedia a ofrecer su apoyo, no solo espiritual, sino también físico, dando consuelo y acompañamiento a las mismas personas a las que ayudó a salir de los trenes.
El sacerdote recibe a El Debate nada más finalizar la Santa Misa de las 12 de la mañana del día posterior al accidente, tras una homilía en la que se ha rezado por las almas de las personas que han perecido a pocos kilómetros de su parroquia.
—¿Cómo ha sido para Urda el primer día después de la tragedia?
Ha sido una mañana todavía complicada. Muy temprano, a las cinco y media, yo ya estaba otra vez en el lugar del accidente. Quería saber cómo se encontraban las personas que están allí, los rescatistas, la UME, la Guardia Civil... y todo lo que ahora mismo hay preparado allí para quitar ese amasijo de hierros. Han estado toda la noche trabajando, y quería conocer cómo se encontraban y si tenían alguna necesidad.
—¿Usted tuvo ayer que atender espiritualmente a algunos de los heridos?
Sí, tuve que atender espiritualmente a casi todos, pero también tuve que ayudar a muchos a salir de los trenes, sobre todo de los vagones que fueron menos afectados y que pudieron salir por su propio pie. A todos ellos les intentamos ayudar a salir, les intentamos traer hasta Urda con los medios que la gente de Urda puso a disposición del operativo que estaba preparado. Y luego, bueno, pues sí, atender a todos los afectados y a todos los familiares también.
José Miguel Fernández, párroco de Urda
—¿Qué consuelo pueden encontrar ahora mismo los heridos y los familiares de las víctimas?
El consuelo que te encuentras ahora mismo es la compañía. En estos momentos no hay palabras. Acabo de celebrar la Misa y lo decía en la homilía, no hay palabras, es mucho más el estar a su lado. Y es lo que ellos ayer reclamaban, porque tú les empezabas a preguntar y se notaba perfectamente que ellos no querían hablar, pero sí querían que estuviesen a tu lado. Tengo la anécdota de una señora de una edad avanzada, que simplemente me dijo «cójame de la mano». Y eso es lo que reclamaban tanto los heridos como luego los familiares, te decían «déjeme que llore con usted» o «llore conmigo». Y ya está. En esos momentos no se puede hacer otra cosa.
—Urda ha dado un gran ejemplo. Siendo una localidad de menos de 2.500 habitantes se ha volcado con las víctimas y con las fuerzas de seguridad del Estado.
Totalmente. Fueron los primeros que llegaron al lugar, porque fueron los primeros que escucharon, ellos me cuentan, como una bomba. Y entonces fueron a ver dónde, porque claro, vieron el humo de uno de los vagones que se estaba calcinando. También los que trabajaban cerca a la finca donde sucedió, pues enseguida se movilizaron.
Libro de visitas en la Basílica del Santísimo Cristo.
Y luego después, pues todo el mundo a través de Cáritas parroquiales, a través del grupo de voluntarios que tenemos aquí en Urda... porque Urda es un lugar que recibe cientos y cientos de peregrinos durante todo el año. El Cristo es muy conocido y es muy milagroso y vienen muchos peregrinos, entonces esos peregrinos hay que atenderlos. O sea, que ya tenemos por sí un grupo de voluntariado muy experimentado. Se pusieron entre unos y otros a llamarse y puedo decir, y creo que no exagero, que el 90% de los urdeños y urdeñas se pusieron al servicio de lo que hiciese falta en cada momento.