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¿Cuántas horas de trabajo me cuesta este capricho? El truco para saber si una compra te merece la pena

En ocasiones, compramos de forma impulsiva, sin pararnos a pensar lo que ese gasto influirá en nuestra economía

Trabajamos muchas horas y, por ese motivo, en ocasiones, compramos impulsivamente. Ya sea ropa, elementos de decoración para el hogar o videojuegos, siempre hay algo por lo que solemos sentir debilidad y que puede reducir en gran medida nuestros ahorros mensuales. Y, evidentemente, cortar de raíz estas compras, aunque efectivo, no siempre nos merece la pena. Y, para ver si ese gasto puede compensarnos o no, existe un truco: convertir el precio de un capricho en horas de trabajo.

De este modo, en lugar de ver la compra como una transacción en la que solo intervienen billetes y monedas, la veremos en términos de tiempo y esfuerzo.

Cómo hacer el cálculo

Para hacer esta transformación, hay que dividir el salario neto mensual entre el número de horas que trabajas al mes. Así, si cobras unos 1.800 euros netos al mes y trabajas 40 horas a la semana, es decir, 160 horas, cada hora equivale a 11,25 euros. Una vez hecho este cálculo, se divide el precio del capricho que queramos comprar entre esa cifra. Si, por ejemplo, me quiero comprar unas zapatillas para correr de 150 euros, estaremos invirtiendo unas 13 horas y 20 minutos de trabajo. Y, si lo que quiero es hacerme con el último modelo de iPhone, el iPhone 18 Pro Max cuesta unos 1.860 euros, por lo que, para adquirirlo, estaríamos trabajando solo para eso casi 165 horas y media.

Cómo saber si la compra merece la pena

Aunque convertir el precio de un producto en horas de trabajo puede ayudarnos a ser más conscientes de nuestros gastos, este método no significa que debamos renunciar a todos nuestros caprichos. De hecho, también es importante tener en cuenta la utilidad que vamos a darle a aquello que queremos comprar y si realmente podemos permitírnoslo.

Por ejemplo, unas zapatillas deportivas pueden suponer un desembolso elevado, pero, si las utilizamos varias veces a la semana durante años, su coste por uso será mucho menor que el de una prenda que apenas nos pongamos.

Además, conviene valorar si esa compra comprometerá nuestra capacidad de ahorro o el dinero que necesitamos para afrontar gastos esenciales, como la vivienda, la alimentación o las facturas.

La clave no está únicamente en saber cuántas horas necesitamos trabajar para pagar un producto, sino en preguntarnos si estamos dispuestos a dedicar ese tiempo de nuestro esfuerzo a conseguirlo. Una reflexión que puede ayudarnos a evitar las compras impulsivas y a tomar decisiones más conscientes sobre nuestro dinero.