El ministro Óscar Puente, durante su comparecencia en el Congreso
Los motivos reales
Sánchez deja caer a Puente para intentar salvar la campaña del PSOE y evitar una derrota histórica
El ministro de Transportes y la Moncloa aseguran que su renuncia, anunciada por sorpresa, es voluntaria. El nuevo eslogan electoral será uno que escribió el presidente en X: «No todos somos iguales»
La dimisión y la renuncia de Óscar Puente como candidato por Valladolid llegó por sorpresa. Y a ella le siguió el silencio en la Sala Constitucional del Congreso, donde el ministro de Transportes había comparecido este martes por la tarde durante cuatro horas sin que nada hiciera presagiar, a nadie, lo que se guardaba para su último turno de intervención.
Puente abrió el micrófono y soltó la bomba. No improvisó, sino que leyó unos folios que llevaba escritos: «Formo parte de una organización con casi 150 años de historia. Mi decisión lo único que pretende es estar a la altura. De mi partido y, sobre todo, de los que me precedieron», señaló. Con ello, involuntariamente Puente aludió al motivo real: el futuro del PSOE en las elecciones del 29 de noviembre.
Final del trayecto para uno de los ministros más aclamados por la militancia y las bases del partido, para el sanchista deslenguado y tuitero empedernido que un día fantaseó con suceder a Pedro Sánchez. Su marcha tiene como objetivo recomponer los pedazos de la campaña del PSOE, rotos en Urda. Porque el presidente va a retomar los mítines el viernes en Valencia y no podía presentarse así en una tierra donde los suyos pidieron insistentemente la dimisión de Carlos Mazón por los estragos de la dana, hasta que la consiguieron. La situación de Puente era insostenible, por más que el Gobierno jugara a fingir lo contrario durante seis días. Todos lo sabían y ahora todos tratan de hacer que parezca casi una heroicidad.
El ministro contó a la salida que había comunicado su decisión al presidente minutos antes. Y que se iba motu proprio, a pesar de que, hasta horas antes, él mismo había presumido de tener el respaldo de Sánchez en la sala de prensa de la Moncloa. La versión oficial, confirmada después por la Moncloa, suena porque es la misma que el PSOE puso en circulación cuando dimitió la hasta hace semanas portavoz de la formación, Montse Mínguez, por los negocios inmobiliarios de su marido. También ella se fue por decisión propia, supuestamente.
Sánchez alfombró esa versión con un mensaje en la red X. «Óscar Puente ha dado la cara, ha dado soluciones y, después, ha dado un paso al lado. Por dignidad. Por voluntad propia. Por respeto a las víctimas y al proyecto progresista. Políticos como él dignifican a nuestro país y nos demuestran que no todos somos iguales. Mientras unos solo dan lecciones, otros lo dan todo. Gracias por tanto, compañero», escribió.
Se intuye que el nuevo eslogan de la campaña del candidato del PSOE será ese «no todos somos iguales». Aunque haya tenido que ocurrir una desgracia con 69 fallecidos, en la precampaña de unas generales, para que alguien en este Gobierno asuma una responsabilidad política, después de una legislatura en la que ese concepto había desaparecido por completo del diccionario gubernamental. Ya fuera por la corrupción, por Adamuz, o por la gestión de la crisis de Ceuta.
La realidad es que la continuidad del ministro de los 115 muertos en dos accidentes ferroviarios en apenas diez meses y en el mismo corredor se había convertido en un lastre enorme para Sánchez y su partido. Las primeras encuestas tras la tragedia, entre ellas la que El Debate publicó el lunes, situaban a los socialistas por primera vez por debajo de los 100 escaños. Así que sus trackings internos seguro no serían mucho mejor. Y tenía enfrente a todos sus socios, salvo a Bildu, pidiendo su renuncia. Aunque casi pidiéndole disculpas por hacerlo, como en el caso de los portavoces de Sumar, ERC y el PNV.
«Desde el absoluto respeto, no le atribuimos la culpa, pero la responsabilidad política es suya (…). Demuéstrele al PP que usted no es como ellos y presente su dimisión», le solicitó Verónica Barbero, de Sumar, en la Comisión Permanente. «Usted es un buen político y usted da la cara. Pero alguien se tiene que hacer cargo de esto. Es como lo de robar, la izquierda somos otra cosa no», añadió después Gabriel Rufián, de Esquerra. «Creemos que ha perdido el tren de la confianza y ya no tiene remedio. Si pedimos su dimisión no es por carnaza política, sino por una cultura de asunción de la responsabilidad. Se lo pedimos desde una civilidad política», sostuvo Mikel Legarda por parte de los nacionalistas vascos.
El presidente había decidido ganar tiempo hasta la comparecencia de Puente de este martes, día en el que además el Consejo de Ministros aprobó un plan de refuerzo de la seguridad de la red ferroviaria. La Moncloa señaló desde el principio que el ministro tenía el total respaldo del presidente. Sin embargo, en ninguna de las múltiples comparecencias que Sánchez ofreció desde el miércoles hizo el más mínimo guiño a su ministro. Las señales estaban ahí.
Ya entrada la noche, la Moncloa envió un comunicado en el que se deshacía en elogios hacia Puente. «Ha hecho un ejercicio de responsabilidad política por partida doble. Ha gestionado los momentos más difíciles de la emergencia, identificando las causas del accidente, explicándolas a la opinión pública, y poniendo en marcha las medidas necesarias para atajarlas y asistir a las víctimas. Acto seguido, ha renunciado a su cargo por voluntad propia. Demuestra así que ni todos los políticos ni todos los partidos son iguales».
Ahora queda saber qué ministro del ala socialista asumirá las competencias de Transportes hasta las elecciones. Porque Óscar Puente ya es historia.