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12 de junio de 2024

La psiquiatra Marian Rojas Estapé

La psiquiatra Marian Rojas EstapéEFE

La psiquiatra Rojas Estapé plantea no dar móviles antes de 12 años y prohibirlos en los patios

Entiende que hay que buscar un «punto intermedio» con los jóvenes, no «demonizando» el uso de pantallas pero sí apuntando a los riesgos

La psiquiatra y divulgadora Marian Rojas-Estapé ha planteado no dar móviles a menores de 12 años, negarlos en los patios escolares y evitar las pantallas en Primaria, mientras que también ha deseado que se pudiera habilitar un psicólogo en los centros educativos. Así lo ha trasladado durante su intervención en la Comisión de Estudio para abordar el uso de la tecnología por parte de la adolescencia en la Asamblea de Madrid a petición del PP.

«Las drogas siempre han entrado por vena, nariz y boca y ahora entran por los ojos y está diseñado para ser así», ha lanzado la psiquiatra tras relatar cómo las redes sociales se originaron en muchos casos con el objetivo de «hackear» el sistema de recompensa del cerebro a través de la dopamina como hacen los estupefacientes.

Ha reconocido que las pantallas y la digitalización tienen «cosas buenas» para los jóvenes pero que se trata de un «arma de doble filo». Por un lado ayudan a conectar, permiten hacer que aquellos más aislados «formen parte de un grupo» o permite encontrar «alivio» para aquellos que necesitan apoyo y una comunidad. En el reverso se encuentran su relación con el aumento de la ansiedad, los trastornos de la alimentación o su incidencia en la autoestima en base a la comparación.

Captar la atención eliminando «cosas fundamentales»

Durante su explicación del nacimiento de las dinámicas de las redes sociales en Estados Unidos, ha incidido en que su principal motor es conseguir «mantener y captar la atención del usuario» a cambio de la renuncia a «cosas fundamentales», como es el caso del sueño, el deporte, el ocio saludable, la conexión con la naturaleza o el propio aburrimiento, que es «básico porque es donde se asocian ideas y se produce la divagación mental».

Asimismo, ha puesto el foco a los contenidos no apropiados que están disponibles en Internet. Es el caso de la pornografía, a la que ha asegurado que hay muchos adolescentes enganchados y que tienen efectos directos en su comportamiento a la hora de intimar.

«No hay manadas sin pornografía. No hay estas agresiones sin horas de pornografía. Y algunas de las prostitutas que atiendo y de las mujeres del mundo de la prostitución, que las tengo mucho que agradecer. Te explican que hoy en día la gente, los chicos, te vienen con la lista de lo que han visto en el porno y te lo van pidiendo como si fuera la lista de la compra», ha expuesto la psiquiatra.

Ha añadido que en este punto juega un papel clave la curiosidad de los adolescentes, que junto al algoritmo deriva en que las webs les vayan ofreciendo cada vez más cosas en cuanto a pornografía. Además, la exposición –como en el resto de adicciones– genera tolerancia por lo que suele ser necesario cada vez más o de mayor intensidad. Según ha relatado, en este tipo de contenidos suele primar una imagen «agresiva, fuerte, carente de ternura», porque lo que «enseña la pornografía es todo, menos lo que luego hay que incluir en el amor».

Asimismo, también ha apreciado cómo cada vez las personas tienden a sentirse más cómodas o tener más facilidad para mostrar sus emociones con «un emoticono» y ven más dificultad en «gestionar una relación de tú a tú» no mediada por una pantalla porque «el otro se puede sentir dolido y le puede molestar». «Por eso las relaciones empiezan con un match y terminan con ghosting», ha resumido.

Cómo abordar las pantallas y los jóvenes

Tras este análisis ha planteado poner unas «normas básicas» en el acceso a las pantallas y que estas se vayan revisando «año a año» atendiendo a la investigación y la experiencia. «Hay que buscar un punto intermedio para acercarnos a los jóvenes sin demonizarlo, pero sabiendo que hay unos riesgos», ha apuntado.

Su receta pasa porque no hubiera móviles en los patios de los colegios –espacios de socialización entre alumnos–, no darle un teléfono móvil a un niño menor de 12 años por la posible exposición a contenidos lesivos y evitar las pantallas en Educación Primaria.

Comprende el recelo de muchos padres a que sus hijos estén «aislados» al ser los únicos que no tienen teléfono móvil en un ecosistema digital, pero por ello cree que es fundamental una coordinación entre las familias en los colegios con «grupos de clase» que puedan marcar una pauta común que haga más sencillo establecer limitaciones.

Por otra parte, al ser planteado por el PSOE la posibilidad de introducir un psicólogo en los centros escolares, ha asegurado que «firmaría ya» si pudiera aplicarse la medida porque puede «ayudar muchísimo a orientar a las familias, a dar charlas a los madres, ayudar a los profesores a orientar».

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