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La educación en la encrucijadaJorge Sainz

Leer para no rendirse

Parece que algunos políticos por fin han tenido a bien tomar cartas en el asunto. El Partido Popular ha presentado un Plan de Lectura. No es un gesto. Es un marco completo de refuerzo del aprendizaje lector para toda España y para todas las etapas educativas obligatorias: infantil, primaria y secundaria

En un mundo brutal como el de la serie Juego de Tronos, el linaje, la espada y la fuerza dictan el destino. Quien no nace fuerte, está condenado. O eso parece. Pero un personaje desafía la lógica del poder: Tyrion Lannister. Despreciado por su familia. Subestimado por una corte obsesionada con el acero. El Lannister más pequeño no busca refugio en la espada. Lo busca en las páginas. «Mi mente es mi arma. Mi hermano tiene su espada, el rey Robert tiene su maza y yo tengo mi mente… y una mente necesita libros, igual que una espada necesita una piedra de afilar, para mantener su filo». Juego de Tronos, capítulo 13.

Para Tyrion, leer no es un pasatiempo. Es supervivencia. Cada libro es un golpe contra el destino que otros le habían escrito. En Roca Casterly, en Desembarco del Rey, en Volantis, sobrevive porque ha leído más que sus enemigos. “Había leído que un hombre que lee vive mil vidas antes de morir. El que no lee, solo vive una." Danza de dragones

Westeros es ficción. La metáfora, no. Nuestros hijos crecen en un entorno que también es brutal. No por el acero, sino por la velocidad. Por la cantidad de información. Por la sofisticación de las máquinas que ya escriben, traducen, deciden y persuaden. La inteligencia artificial no es una herramienta más. Es un nuevo campo de batalla cognitivo.

En ese campo, la fuerza bruta no sirve. Tampoco basta con saber manejar pantallas. Hace falta criterio. Hace falta capacidad de análisis. Hace falta la atención sostenida que ninguna red social entrena. Hace falta, en una palabra, la mente de Tyrion.

Y la mente de Tyrion no se forja delante de un feed. Se forja con libros. ¿Qué pasa con la de nuestros hijos?

Los datos son tozudos. Un 32 % de los españoles entre 25 y 64 años se sitúa en los niveles más bajos de comprensión lectora, 0 y 1 sobre 5. La media de los países analizados por la OCDE es del 27 %. Hace una década era del 28 %. La situación, lejos de mejorar, se ha deteriorado. La OCDE lo vincula al cambio en los hábitos de lectura. A la exposición creciente a contenidos breves y poco elaborados. A la sustitución del libro por el scroll. Los adultos no vamos mucho mejor. Si un tercio de los adultos no comprende bien lo que lee, la conclusión es inquietante. Una sociedad así no es libre. Es manipulable.

Parece que algunos políticos por fin han tenido a bien tomar cartas en el asunto. El Partido Popular ha presentado un Plan de Lectura. No es un gesto. Es un marco completo de refuerzo del aprendizaje lector para toda España y para todas las etapas educativas obligatorias: infantil, primaria y secundaria.

La premisa es clara. Sin comprensión lectora, se tambalea todo el edificio educativo. Si fallan los cimientos, peligra el conocimiento, las competencias y, sobre todo, el criterio. Leer es discernir. Quien consolida el hábito lector no solo es más sabio. Es más libre.

Y los datos sostienen esa convicción. La fluidez lectora a los 6 años predice los resultados académicos a los 16. La competencia lectora a los 16 anticipa el salario a los 42. Las personas con dificultades de lectura sufren más ansiedad y depresión. Leer y escribir no son habilidades sueltas. Son competencias transversales. Se construyen desde la primera infancia. Y deben consolidarse durante toda la escolaridad obligatoria.

El Plan se estructura en tres ejes. Intervención temprana, con la familia como aliada principal. Mejora de las prácticas de enseñanza en el aula. Y apoyo continuo a los alumnos con dificultades.

Se sostiene además sobre dos principios transversales. La prioridad del papel para la lectura profunda. Y la monitorización rigurosa del progreso de cada alumno.

Los elementos esenciales son cinco:

  • Inicio temprano. Desde Educación Infantil. Con extensión a 1.º y 2.º de ESO como etapas críticas de consolidación.
  • Lectura en papel. Prioridad absoluta al soporte físico. La pantalla queda para usos específicos y con criterio didáctico.
  • Una hora semanal protegida. Lectura estructurada en el currículo, tanto en Primaria como en Secundaria. Un tiempo que no se sustituye por nada.
  • Lectura acompañada y clásicos sugeridos. Selección de lecturas adaptadas por etapa. Acompañamiento docente y familiar. Comprensión profunda antes que volumen.
  • Espacios y evaluación. Cada centro contará con un plan de acondicionamiento, bibliotecas de aula, zonas de lectura y un sistema de evaluación continua del progreso individual.

A esto se añade una intuición que la ciencia confirma. La escritura a mano mejora la memoria y la comprensión. Tomar apuntes obliga a sintetizar. Teclear, en cambio, invita a copiar sin procesar. Los alumnos que toman apuntes a mano incrementan hasta un 58% la probabilidad de obtener un sobresaliente.

Nuestros hijos no se enfrentarán a caballeros con armadura. Se enfrentarán a algoritmos. A noticias falsas. A modelos de lenguaje capaces de imitar cualquier voz. A un mercado laboral en transformación permanente. A un mundo en el que tener acceso al conocimiento no equivale a comprenderlo.

Igual que Tyrion frente a fuerzas mucho mayores que él, nuestros niños y jóvenes necesitan un arma. No la fuerza. No la velocidad de los dedos sobre la pantalla. La mente afilada que solo da el hábito sostenido de la lectura.

El Plan de Lectura del Partido Popular ofrece esa piedra de afilar. La que convierte el cerebro en espada. La que permite vivir mil vidas antes de morir. La que hace, en definitiva, ciudadanos libres.

Porque en este nuevo Poniente, también ganará quien haya leído más.

Jorge Sainz es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos.