Alberto Virella, presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles
Entrevista a Alberto Virella, presidente de ADE «La situación en Exteriores es más alarmante que nunca: miedo, ley del silencio y diplomáticos aparcados»
La Asociación de Diplomáticos Españoles es exclusivamente profesional y está al margen de las luchas políticas: «Queremos servir a nuestro país, y simplemente no podemos hacerlo»
Ahora toca pedir destino y «cada vez son más los que se quieren ir fuera»
En el Ministerio de Exteriores hay malestar, ley del silencio, resúmenes de prensa censurados, diplomáticos aparcados y miedo a ver truncada la carrera profesional por un ministro «de gatillo fácil». En estas fechas toca elegir destino a los diplomáticos, y cada vez son más los que se quieren ir fuera. José Manuel Albares se ha reservado 33 destinos para cubrirlos directamente, algunos no son sensibles políticamente, pero sí apetecibles, para premiar a sus elegidos. Hay puestos relevantes ocupados por políticos que no saben inglés.
Estas son algunas de las quejas y reivindicaciones de la Asociación de Diplomáticos Españoles, que preside Alberto Virella. Se trata de una asociación profesional, mayoritaria entre los miembros de la carrera diplomática, que defiende a los funcionarios desde el derecho de libertad sindical y de expresión. «No queremos ser instrumentalizados en luchas y polémicas ideológicas o partidistas. Somos funcionarios y queremos servir a nuestro país, y simplemente no podemos hacerlo», explica Virella a El Debate durante la entrevista.
—¿Recuerdan tanto malestar entre los diplomáticos como ahora?
—Siempre ha habido críticas y demandas de mejora, pero el Ministerio ahora está funcionando pésimamente. En términos de institucionalidad, de organización, está peor que nunca. Una de las dimensiones es la ley del silencio que se impone. Hemos llegado a una situación más alarmante que nunca.
—Los diplomáticos tienen prohibido hablar con periodistas, publicar artículos o reunirse con autoridades si no han pedido permiso. Pero, cuando se pide permiso, no hay respuesta. ¿Eso es así?
—En Madrid, la realidad es esa: el ministro vela para ser la única persona en la institución que tenga acceso a los medios. Y en el exterior, hay que pedir autorización, y es frecuente que no la den o que contesten que el ministro es el único que puede publicar en los medios. Por ejemplo, un embajador de Iberoamérica, a quien un medio de comunicación le ha pedido un artículo sobre las relaciones económicas y comerciales, se ha encontrado con esa respuesta: que solo el ministro puede publicar.
—¿Los embajadores ya no pueden publicar?
—Eso es totalmente disfuncional, porque una de las funciones importantes de un embajador es informar sobre España, el valor de nuestras empresas, el aumento de los flujos comerciales, el estado de las inversiones…. Evidentemente lo podría hacer el ministro, pero ¿tiene sentido que lo haga él en todos los países? Porque para eso están los embajadores y tienen la obligación de defender los intereses y promover los intereses de España. Vaciar de esa competencia no tiene sentido. No creo que se esté prestando un buen servicio a España, a las empresas ni a los españoles con esa actitud.
—¿Hasta dónde llega la ley del silencio?
—Todos los días se hace un resumen de prensa en Exteriores y, desde que empezaron las informaciones que cuestionan los nombramientos del ministro, no se recoge ninguna de ellas. El resumen de prensa de Presidencia del Gobierno sí las incluye, pero el de Exteriores no. Eso es poner puertas al campo, pero muestra la situación tan anómala que se está viviendo en Exteriores.
—Ha habido cinco destituciones polémicas de embajadores muy recientes, pero antes ha habido más.
—Sí, sí. Digamos que el ministro tiene el gatillo fácil.
—Aparte de las destituciones, luego están los nombramientos de embajadores políticos (que no son miembros de la carrera diplomática). ¿Se está abusando de esta figura?
—Puede haber buenos embajadores políticos. Lo importante es valorar su idoneidad en el momento del nombramiento y su desempeño. Pero lo más preocupante en términos de eficacia, de imagen de España, de defensa de nuestros intereses, es cuando se nombra embajador o representante permanente en una organización internacional que maneja el inglés como lengua de trabajo a alguien que no sepa hablar inglés o no lo domine. Eso es pésimo para la defensa de los intereses, de las prioridades españolas. Y eso está sucediendo.
«Lo más preocupante es cuando se nombra embajador o representante permanente en una organización internacional que maneja el inglés como lengua de trabajo a alguien que no sepa hablar inglés o no lo domine»
—¿Dónde está sucediendo?
—Hay algunas organizaciones que tienen el español como lengua oficial, pero incluso en esas se utiliza el inglés en las asambleas, en los consejos de alto nivel, en las negociaciones informales… Si no dominas el inglés -porque todo eso se hace en inglés-, vas a tener un serio hándicap. Después hay organizaciones en las que directamente el español no es lengua oficial, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París. El embajador representante permanente allí no habla inglés. Ha habido anteriores embajadores que no eran de la diplomacia, que sí que lo hablaban y este problema no lo tenían, pero ahora tenemos un problema muy grave.
—¿Por qué es tan importante dominar el inglés?
—Por ejemplo, la OCDE incluye el Comité de Ayuda al Desarrollo, que es la entidad que recoge toda la ayuda oficial al desarrollo de todos los países, y ahora está en proceso de elaboración de una nueva estrategia acorde con este mundo en acelerada transformación. Hay momentos en los que hay que discutir y defender posiciones al más alto nivel, y el embajador no lo podrá hacer. La cooperación al desarrollo es uno de los buques insignia de nuestra proyección exterior. El anterior representante permanente ante la OCDE era un embajador político: Manuel Escudero no era diplomático, es un economista del Partido Socialista, e hizo un trabajo magnífico, pero evidentemente fue indispensable el poder hablar en inglés para dirigir reuniones.
—¿Tampoco se respeta el escalafón habitual en el nombramiento de algunos embajadores?
—El reglamento de la Carrera Diplomática, que establecía esas cuestiones (experiencia, años de carrera, categorías de embajadas y capacidades) fue anulado, y esa es una de las grandes reivindicaciones de la Asociación. Si no hay ese reglamento, todo es posible. Y está siendo todo posible.
—Ahora toca pedir destinos por estas fechas. ¿Hay más diplomáticos que quieren irse por este mal ambiente?
—Sí, sin duda, sobre todo los que tienen más años de carrera, porque aquí en el Ministerio, la inmensa mayoría de ellos no tienen ninguna tarea asignada o es muy menor y sin contenido de trabajo; están aparcados. Y están deseosos de salir para realizar alguna función.
—¿Cómo se adjudican los destinos?
—Cada vez hay más destinos que son decisión exclusiva del ministro decir quién es la persona que los ocupará. Son lo que se llaman, en esta jerga, los puestos de asterisco. En los demás puestos, que son la mayoría, se reciben las peticiones de cada persona que entra en esta convocatoria, que indican los cinco puestos que les gustaría cubrir por un orden de más a menos. Y se aplica, sobre todo, el criterio de antigüedad, y otras cuestiones como el idioma del destino o, si es un consulado importante, que tenga experiencia consular. La Junta de la Carrera Diplomática, compuesta por diplomáticos, representantes de las distintas categorías y por los responsables de la Dirección General de Servicio Exterior, elabora una propuesta para el ministro teniendo en cuenta todas las peticiones, las características del puesto y de los candidatos.
—¿Y en los puestos con asterisco?
—El ministro elige sin tener en cuenta todo este proceso transparente y abierto de ponderación. Y es preocupante el aumento de puestos que decide directamente el ministro. En el caso de los nombramientos de embajadores, los nombra el Consejo de Ministros, a propuesta del titular de Exteriores, y el ministro no tiene que dar explicaciones ni motivación. Pero no tiene justificación que algunos consulados generales, como el de Miami, sean de asterisco. Esta es claramente una manera de nombrar a alguien que se quiere colocar allí. O el Consulado General en Los Ángeles, que no es un destino políticamente muy sensible, pero sí es apetecible y se puede premiar a alguien. También está el Consulado General en Londres o el de consejero cultural en Roma.
«Es preocupante el aumento de puestos que decide directamente el ministro»
—¿Cuántos puestos hay de asterisco?
—Actualmente hay 33 y va en aumento. Esta lista no para de aumentar.
—En estos días atrás se hablaba de clima de terror en Exteriores.
—No es un término mío, pero sí hay miedo. Hay miedo a que las expectativas de carrera profesional se vean cercenadas o anuladas por haber dicho algo más allá de hacerlo con voz baja en un pasillo o en una cafetería del ministerio; a cualquier visibilización, aunque no sea crítica. ¿Cómo calificamos esa situación? Yo fui uno de los candidatos en recientes elecciones a la renovación de la junta directiva de la Asociación de Diplomáticos. Intenté movilizar más diplomáticos para hacer una lista suficientemente larga. Y me encontré con algún jubilado que me dijo literalmente: «Lamento mucho mi cobardía, pero no puedo ser candidato. No puedo estar en la Junta porque tengo un familiar en activo en el Ministerio». Estamos hablando de administración pública, de funcionarios, de Estado de Derecho… Si tenemos estos principios y nos los creemos, esto es, por lo menos, gravísimo.