La vicepresidenta Yolanda Díaz y el ministro Félix Bolaños, este jueves en sus escaños
El tsunami imparable
El Gobierno bracea en el Pleno del Congreso intentando levantar cabeza
Los socialistas celebran como un gran triunfo haber ganado tres votaciones de importancia muy relativa con la mayoría de investidura. El elefante ha seguido en el hemiciclo toda la sesión
El Gobierno intenta mantener la apariencia de que la legislatura sigue avanzando por su carril, al margen del caso PSOE. Desde las filas gubernamentales celebraron este jueves, como si fuera un gran triunfo, haber sacado adelante tres votaciones de importancia muy relativa a las que se enfrentaban en el Pleno del Congreso.
Especialmente, la aprobación definitiva de la reforma legal que permitirá disolver las asociaciones que hagan apología del franquismo por la vía exprés. Otra vez el francomodín, aunque esta vez sí ha sido casualidad que la votación de esta norma volviera al Congreso procedente del Senado en pleno tsunami. También, el rechazo a la enmienda a la totalidad presentada por Vox a la proposición de ley del PSOE para obligar a los mutualistas a pasar al régimen de autónomos o RETA. Y una proposición no de ley de los socialistas condenando la prohibición de la marcha del orgullo LGTBI en Hungría y en defensa de los derechos humanos.
El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, se felicitó a la salida del Pleno. «Hemos conseguido ganar las votaciones imprescindibles y necesarias para seguir avanzando (…). Por tanto, la mayoría parlamentaria que hizo presidente a Pedro Sánchez sigue funcionando», señaló. Porque los socialistas contaron en las tres con los votos de Sumar, Junts, ERC, Bildu, el PNV, Podemos, el BNG y Coalición Canaria. Es decir, con todos los partidos de la mayoría de investidura.
Lo que no contó Bolaños fue que el Gobierno perdió la votación de una moción del PP que insta a Sánchez a dar «explicaciones urgentes» en la Cámara Baja, sin esperar al 9 de julio, que es la fecha elegida por el presidente (aduce sus próximos compromisos internacionales para no hacerlo antes). La perdió solo por un voto, 170 a 169. La paradoja es que si Sánchez y José Luis Ábalos hubiesen votado (el exministro no ha aparecido por el Congreso en toda la semana), el resultado habría sido distinto. De todas maneras, en la práctica da igual: una moción no tiene capacidad real para obligar al presidente a comparecer antes.
El elefante en el hemiciclo
En cualquier caso, y a pesar del optimismo de Bolaños, el elefante permaneció en el hemiciclo todo el Pleno. Continúa la actitud derrotista entre el PSOE y sus socios, como contó El Debate, con un añadido de última hora: la rama navarra, que ha estallado a la presidenta María Chivite en las manos. De momento ha caído el número dos del PSOE de Navarra, Ramón Alzórriz, por ocultar que su novia fue colocada en Servinabar, y se ha conocido que la empresa en el epicentro de la trama fue adjudicataria de siete contratos del Gobierno navarro por valor de 86 millones de euros.
Ante este panorama, Pedro Sánchez decidió borrarse del acto de Comisiones Obreras al que tenía previsto acudir este jueves y envió en su lugar a la vicepresidenta María Jesús Montero, que salió del Pleno sin hacer declaraciones a la prensa. Desde el ala socialista del Gobierno restaron importancia al hecho de que el presidente prefiriera finalmente quedarse «trabajando en el despacho» en lugar de acompañar a su sindicato hermano. Pero es que, en realidad, están en restar importancia a todo. Incluso al hecho de que Yolanda Díaz se ausentara de la sesión de control en el Congreso de este miércoles, a pesar de la trascendencia de la misma para Sánchez. Faltaron ella y los otros dos ministros de Sumar que no tenían que responder preguntas de la oposición, Ernest Urtasun y Sira Rego.
La vicepresidenta segunda sí estuvo en el Pleno de este jueves, pero tampoco ella quiso pararse a hablar con los periodistas y salió del hemiciclo como una exhalación. También tiene su propia carga, aunque no sea comparable con la de Sánchez: Junts registró el miércoles una enmienda a la totalidad de la ley para reducir la jornada laboral a 37,5 horas, la medida estrella de Díaz para esta legislatura. La también ministra de Trabajo aún tiene tiempo para intentar convencer a Carles Puigdemont, pero este paso de los independentistas catalanes dificulta todavía más una negociación ya de por sí muy complicada, porque la patronal catalana se opone.