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Imagen de archivo de un agente de la Policía Nacional

Imagen de archivo de un agente de la Policía NacionalEP

De reconocer el asesinato de María Antonia a culpar a su hijo de la muerte

La joven, de 30 años, fue salvajemente apuñalada, y para esconder pruebas prendieron fuego a la casa

El jueves 25 de septiembre los bomberos fueron avisados de un fuego en una vivienda de Badajoz. Al sofocarlo, encontraron muerta a una mujer: la habían apuñalado. Horas después un hombre se entregó en comisaría. Y confesó que creía que él era el autor.

Según su relato, ese día Francisco caminó hasta el río. Allí se encontró a Marian. La conocía de la diputación. «Ella me invitó a subir a casa. Me puse nervioso porque tomo medicación y al día siguiente me desperté en casa sin recordar nada. Vi las noticias de que estaba muerta y pensé que le había hecho yo algo malo» Eso le explicó el hombre a la policía después de entregarse.

Los agentes no le creyeron y detuvieron a su hijo, con el que la víctima quizá había mantenido algún contacto. Era su vecina y se había obsesionado con ella. Determinaron que él, casado y con una hija, le habia dicho que tenía un regalo para ella. Así logrói que le franqueara la puerta de su domicilio sin violencia. Luego los agentes sospechan que la asesinó.

El juez mandó a prisión provisional a padre y a hijo. Ya estando encarcelado, el padre quiso cambiar de versión. El Debate ha accedido a esta nueva declaración: «Ese día estaba en mi casa sobre las 22.00. Me tomé mi medicación y me senté en el sillón. Me llamaron por teléfono. Era mi hijo Ismael. Me dijo que se sentía muy mal y que tenía problemas. Que como había dicho que yo le iba a ayudar, que me acercase a ver cómo estaba urgentemente. Que si le ayudaba, me dejaba ver a su hija, que tiene dos años y que todavía no conozco».

Le dio la dirección y fue para allá. «Llegué y me lo encontré en casa de su vecina, con una mujer tirada en el suelo llena de sangre. Estaba entre el salón y la habitación, tirada en el suelo, tapada con un trapo en la cara. Vi un abrecartas encima de un mueble. Era de pico y parecía que tenía filo por los dos lados. Quizá fuese el arma homicida, porque estaba manchado de sangre. El mango era de hierro. Le pregunté qué había hecho. Dijo: «Me está amenazando que va a matar a la niña, a mi mujer y que iba a contratar a unos sicarios. Lleva mucho tiempo pidiéndome dinero. Me ha sacado 10.000 por un lado, 5.000 por otro, y ahora que he vendido el piso me exige más. Quise hablar con ella para que me dejara tranquilo, pero me puse nervioso y se me fue: un ataque de pánico».

El padre recibió la confesión, según él sin saber qué decir. «Me puse a dar vueltas para arriba y para abajo. Aquello era superior a mí. Cogí dos cojines y tapé a la mujer porque se le veían las bragas y me daba pena. Estaba descubierta de cintura para abajo. Es lo único que hice. También intenté encender un papel, pero el mechero no funcionaba. Mi hijo me dijo que lo encendiese y como no funcionaba, tiré mechero y papel al suelo. He estado casado con cuatro mujeres y nunca me han denunciado».

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