El senador del PP Alejo Miranda durante su interrogatorio a Pedro Sánchez el pasado jueves
Entrevista | El senador del PP que interrogó a Sánchez
Alejo Miranda: «Sánchez tenía tics y le temblaba la mano porque por primera vez estaba fuera de su terreno»
El parlamentario 'popular' también ha asegurado que «Feijóo y yo hemos hablado, y el partido y el Grupo Parlamentario están satisfechos»
«Si no llego a insistir no habría encontrado la grieta para que afloraran los 'no me consta'. Sánchez bajó la guardia»
Alejo Joaquín Miranda de Larra Arnáiz (Madrid, 1981) fue el senador que eligió el PP para interrogar el pasado jueves a Pedro Sánchez en la comisión de investigación del caso PSOE. Habla con El Debate por teléfono pocos días después de su careo con el presidente del Gobierno. «Si le dejaba escabullirse me habrían dicho 'se te ha escapado'; y si le marco más el terreno me hubieran dicho 'es que no le dejas hablar'», ha afirmado durante la entrevista.
— ¿Cómo se preparó el interrogatorio a Sánchez? ¿Estaba usted nervioso?
— Lo preparé muchos días antes. A medida que iba pasando el tiempo me iba relajando porque también avanzaba en el conocimiento de toda la materia. En total, no dejan de ser 15 tramas, subtramas, casos y ramificaciones: Navarra, Baleares, Canarias, Andalucía, la trama de hidrocarburos, la trama de mascarillas, el Delcygate, el caso Begoña, el del hermano, el del fiscal, la fontanera...
Debía organizar 15 tramas para que tuviera sentido todo un interrogatorio lineal en el que no se fuera saltando de tema en tema. Además, ir matizando porque al principio —creo recordar— llegué a tener 436 preguntas, y las reduje a 165. Ahí empecé a pulir y pulir hasta llegar al día del interrogatorio con unas 70 o 75.
De esas, seleccioné algunas como prioritarias de cada bloque ante la posibilidad lógica de que él jugara a perder tiempo; que fue —claramente— una de las estrategias que tuvo para evadir la verdad. Hay muchas formas de hacerlo: se puede perder tiempo, contestar otra cosa, leer un ladrillo... que intentó colocarme en varios momentos. Usó todas las técnicas que hemos visto durante el año y medio de comisión de investigación para evadir la verdad. Lo que está claro es que es un señor que lleva siete años ensayando para una cosa como esta, enfrentarse a un cara a cara en el que su único objetivo era no decir la verdad tratando de no mentir. Porque mentir en una comisión es delito. Por ende, tenía que, sin mentir, no decir la verdad, algo dificilísimo. Pero no hay mayor experto en la mentira en este país que Pedro Sánchez.
El senador del PP Alejo Miranda saluda a Pedro Sánchez en la comisión de investigación
— ¿De qué forma vio físicamente y a nivel discursivo al presidente del Gobierno?
— Le vi, lógicamente, muy de cerca, porque estábamos a dos metros. Me fijé en que tenía tics nerviosos; le temblaba la mano en muchas ocasiones. Creo que el truco de las gafas no era solo una distracción para que se hablara de ellas y no de su corrupción. Además de eso, era una manera de sostener algo en la mano para evitar los nervios; un clásico de la comunicación no verbal, tener un bolígrafo, un papel, aunque no sirva de nada, para que la mano no tiemble.
De cerca se le veían tics nerviosos, y se le veía visiblemente molesto. Eso es fruto de que es una persona que no está acostumbrada a jugar en un campo neutral. No está acostumbrado a no ser quien marca las reglas del juego. Incluso, —en la deriva con tintes autocráticos que va teniendo— está acostumbrado a cambiar las reglas a medida que el juego se le va torciendo.
El verdadero éxito de llevarlo a la comisión fue que, por primera vez, vimos al presidente del Gobierno fuera de su terreno –fuera de su zona de confort– con reglas neutrales y enfrentándose cara a cara con la verdad. El resultado fue nervios, evasivas y una persona que tiene una batalla personal contra la verdad.
Sánchez evadió la pregunta sobre su hermano igual que, presuntamente, su hermano evadía impuestos tributando en Portugal
— Fue muy elocuente que Sánchez se quejó al presidente cuando usted le sacó el caso de su hermano, pero después atacó a Ayuso y a sus allegados. ¿Por qué rechazó el jefe del Ejecutivo hablar de David Sánchez?
— Evadió la pregunta sobre su hermano igual que, presuntamente, su hermano evadía impuestos tributando en Portugal. Es impresionante. Si su hermano evadiera impuestos, o cualquier ciudadano evadiera impuestos fingiendo que vive en Portugal, la Agencia Tributaria le mandaría una carta como a todos los españoles cuando te equivocas en la declaración. Te piden explicaciones y lo arreglas.
Lo grave es que su hermano no estaba en Portugal, sino viviendo en la propia Moncloa, según se ha publicado. Yo no pongo en duda ni doy veracidad a nada, pero debo preguntarle. Ojalá El Debate pudiera preguntarle a Sánchez si eso que se ha publicado lo confirma o lo desmiente. Eso es lo que yo hice: «¿Confirma o desmiente lo que ha publicado un medio de comunicación?».
Él no quiso entrar. Pero la trampa está en que, durante todas las intervenciones de los portavoces anteriores, atacó al PP, a sus dirigentes y a los familiares de los dirigentes del PP. Recuerdo perfectamente que mencionó a la mujer y al padre de Rajoy, al hermano de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y a su novio. Es decir, personas que no estaban allí y que no podían defenderse, y familiares que no están imputados.
Le dije, «usted tiene la piel muy fina cuando hay que hablar de los imputados de su familia, y la lengua muy larga cuando tiene que acusar a los no imputados de las familias de sus rivales políticos». Entonces él contestó: «La lengua muy larga. Eso es de Sabina». Y yo estuve a punto de responderle: «La lengua muy larga y la falda muy corta», que también es de Sabina, pero es mucho más de Ábalos.
El senador del PP Alejo Miranda en la comisión de investigación
— También, siguiendo con la familia del presidente, ¿por qué decidió señalar específicamente las saunas del suegro de Sánchez de la calle San Bernardo 36?
— Lo saqué en dos momentos clave. En uno de ellos, él tuvo la desfachatez de sacar a gala que el socialismo es feminismo, como decía Ábalos, usando prácticamente el mismo argumento: «como soy socialista, soy feminista». Sin embargo, también dijo que aborrecía la prostitución. No deja de ser llamativo que alguien cuya familia política –y ya veremos si también de alguna forma la suya– se haya beneficiado de negocios, que pueden ser lícitos o no, pero que él mismo calificó como bochornosos. Por eso le pregunté cómo éticamente puede convivir una persona que dice ser feminista y abolicionista de la prostitución con haberse lucrado su familia de unos negocios que considera aberrantes. Para Sánchez la prostitución es aberrante para ganar votos, pero no es aberrante para que su suegro haya vivido de ella.
También hay una parte relevante sobre la financiación. Él llegó dos veces mediante primarias a liderar el PSOE. En una de ellas creó un crowdfunding llamado Bancal de Rosas, que recibió aportaciones por valor de 128.000 euros, según el tesorero de esta entidad. Luego, el Tribunal de Cuentas aclaró que eran casi 400.000, los ingresos provenientes de microcréditos.
El Tribunal de Cuentas, en 2017, remitió una carta al PSOE diciendo que, si el candidato Pedro Sánchez utiliza esta vía, debe cumplir la Ley de Financiación de Partidos, y, por tanto, hacer público el crowdfunding, anexarlo a la contabilidad del PSOE y presentarlo para su fiscalización. ¿Qué ocurrió? Que Sánchez se comprometió –después debió de cambiar de opinión– a presentar la lista de donantes, y nunca lo hizo. En Manual de Resistencia dijo que fueron 100.000 euros, el tesorero 128.000 y el Tribunal de Cuentas casi 400.000. Pero nunca presentaron los nombres.
La pregunta del millón es: ¿quiénes eran los donantes opacos que financiaron las primarias en las que Sánchez ganó a Susana Díaz? ¿Financió Servinabar –la empresa de Cerdán– la campaña de primarias que él mismo coordinaba, cuyos avales custodiaba Koldo? Al no presentar la lista de donantes, el Tribunal de Cuentas no puede fiscalizar si se financiaron con mordidas las primarias. Y la segunda pregunta: ¿financiaron las saunas de su suegro su campaña de primarias? Se negó a responder. La pregunta es totalmente pertinente.
— Cuando le preguntó por eso, usó otra evasiva: «En fin, mi suegro, que en paz descanse, pudiera, o no, donar como particular, eso no… No tengo información sobre ello. Y desgraciadamente no puedo responder».
— Efectivamente. Le colgó las posibles culpas de lo que puede haber allí a su suegro fallecido. Me pareció un recurso un tanto cuestionable. No solo no da la cara, sino que además se lo coloca alguien que ya no está. Ese es el perfil que vimos.
Hubo un momento en que bajó un poco la guardia y empezó a contestar con «no me consta»
— ¿Le comentó algo Feijóo tras el interrogatorio?
— Lógicamente, hemos hablado, y creo que tanto el partido como la dirección del Grupo Parlamentario estaban, en general, satisfechos.
— A toro pasado todos somos Manolete, pero ¿hoy cambiaría algo de cómo realizó el interrogatorio?
— Al principio repetí muchas preguntas intentando derribar el muro que él construyó, un muro para no afrontar la verdad. Era un muro de evasivas, de textos leídos que no tenían nada que ver, de perder tiempo y atacar a los rivales.
Si no llego a insistir al principio —cuando quizás fui más incisivo— no habría encontrado la grieta para que después afloraran los «no me consta». Hubo un momento en que bajó un poco la guardia y empezó a contestar con «no me consta». Ya eran contestaciones, no cambiaba de tema como al principio. Creo que tenía que insistir e insistir.
Siempre he hecho los interrogatorios en la comisión de investigación igual. Creo que llevo 12 o 13, y en todos los anteriores ha funcionado marcar un ritmo con preguntas cerradas –de sí o no– para que no se escabullan. En este caso, si le dejaba escabullirse, me habrían dicho «se te ha escapado»; y si le marco más el terreno, me hubieran dicho «es que no le dejas hablar». Tenía que elegir: o le acotaba para que contestara –o que se viera que no contestaba– o le dejaba escapar. Decidí que, por lo menos, quedara reflejado tal y como es.
El senador del PP Alejo Miranda el pasado jueves en el Senado
— ¿Cómo liga usted esos 39 intentos de hackeo que ha sufrido sabiendo que era uno de los candidatos para interrogar al presidente del Gobierno? ¿Qué explicación le da?
— Cuando uno manda a una fontanera de bajo rango a extorsionar a fiscales anticorrupción, a ofrecer ascensos a guardias civiles para que hablen mal de sus mandos, y a sobornar empresarios para obtener información contra, casualmente, el teniente coronel Balas –que fue quien hizo el registro de Servinabar y el que descubrió que Cerdán era el propietario de la empresa adjudicataria, la clave de toda la trama de mordidas– uno se espera que esas técnicas chapuceras de la fontanera puedan aplicarse a todo lo que se está investigando, incluidos los miembros de la comisión de investigación del Senado.