«Caperucito» Sánchez y su chupa de dómine de la corrupción
La tenaz privatización del Estado de la familia Sánchez Gómez en su provecho tuvo su estrambote el pasado miércoles, durante la sesión de control, cuando el presidente agitó el pendón de lo público contra el PP para escurrir el bulto de su degeneración
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su visita al programa 'Generación Ya', de RNE
Pringado hasta los tuétanos como gran dómine de la corrupción sistémica que padece España, con La Moncloa como núcleo irradiador y cuya suciedad evoca la desastrada vestimenta de aquellos preceptores de latín a los que el refranero crucifica como expresión de conductas réprobas, «Caperucito» Sánchez, el presidente de las mil y una cara, pero ninguna verdadera, pretende metamorfosearse como los lagartos de aquella serie ochentera «V (Los visitantes)» que, arribados del espacio, intentaban sojuzgar a los humanos adoptando su aspecto. A este propósito, «Noverdad» Sánchez intercambia -como el que muda de piel- la chupa de dómine por otra vaquera negra envolviendo una camiseta de Radio 3 como en su aparición estelar en el programa «Generación ya» dentro de la estrategia monclovita para hacer pie con el votante joven. En su representación en la emisora alternativa de RNE inaugurada en la época de Adolfo Suárez, a los gerifaltes de RTVE sólo les faltó recibirle con taconazo falangista.
Si ya es un sarcasmo que luzca de colega quien relega a la juventud al precariado, si es que esta no engrosa ya el paro más elevado de Europa o emigra al extranjero, esa entrevista muestra su patrimonialización del poder dentro de su extenso abanico de abusos. En puridad, habría que hablar de «matrimonialización» del poder con el precedente de septiembre de 2018 cuando se clausuró una planta de la «Casa de la Radio» para que su «consuerte» Begoña Gómez, hoy tetraimputada, grabara un podcast de su «cátedra» de Transformación Social Competitiva en la Universidad Complutense. Los Kirchner de La Moncloa andan «Sumando esfuerzos», como el título del magacín de Radio 5 que recogió la prédica de «Begoconseguidora» («Bego.fundraiser») sobre «la innovación social para la captación de fondos como pilar sobre el que se ha de fundamentar el cambio en el sector no lucrativo hacia formas de organización más eficientes y orientadas a los resultados». Átese esa mosca por el rabo.
La tenaz privatización del Estado de la familia Sánchez Gómez en su provecho tuvo su estrambote el pasado miércoles, durante la sesión de control, cuando el presidente agitó el pendón de lo público contra el PP para escurrir el bulto de su degeneración. En su tartufismo, presumió de lo que carece quien matricula a su hija en uno de esos «chiringuitos» de los que tildó a universidades privadas como aquella en la que él mismo estudió y fue efímero docente, como le afeó Feijóo, que sí estudió en un establecimiento estatal. A la par, el Narciso recurre a la medicina privada cuando su cara lo exige, mientras deplora la supuesta privatización de la Sanidad en las administraciones del PP con la Cataluña que preside su exministro del covid, Salvador Illa, acumulando más conciertos con particulares que nadie. Puro fariseísmo.
Si ya es un sarcasmo que luzca de colega quien relega a la juventud al precariado, esa entrevista muestra su patrimonialización del poder dentro de su extenso abanico de abusos
Ahora, tras el fiasco de su documental hagiográfico «Moncloa cuatro estaciones» (ninguna de ellas buena, al parecer), Sánchez muta como Hugo Chávez cuando se enchaquetaba en televisión para disimular su pretérito golpista para luego, tras alcanzar el Palacio de Miraflores, recobrar su guerrera y alternarla con sus chándales patrióticos al empobrecer a un país rico por naturaleza. Sin embargo, tales novelerías -como acudir a la librería del histórico editor de poesía Chus Visor cuando no leyó ni su plagiada tesis doctoral- conmovería a José Luis Sáenz de Heredia, autor de la apologética película «Franco, ese hombre», al transfigurar RTVE en el NO-DO en color sanchista. Buscando laminar la memoria del dictador en el 50º aniversario de su óbito, el autócrata Sánchez maneja suplantarlo cuando culmine la colonización institucional avasallando al Tribunal Supremo.
Entre tanto, Sáncheztein autoindulta y autoamnistía a sus socios golpistas y entrega las calles del País Vasco y Navarra a los hijos de la banda terrorista ETA como antesala del dominio total por parte de su brazo político de sus gobiernos. Espectadora de excepción fue una ministra dizque de España como la comunista Sira Rego, que observó en el palco de San Mamés durante el paripé del encuentro de selecciones entre Euskadi y Palestina como una muchedumbre de odiadores coreaban «español en el que no bote, eh, eh, eh». Raro es que no lo exteriorizara.
Siguiendo al pie de la letra su Manual de Resistencia, Sánchez aguanta como sea y con quien sea para soslayar un eventual banquillo de los acusados. Y, para ello, asalta lo que sea menester, bien entrando por el portón principal, bien por la puerta falsa. A este respecto, es hondamente ilustrativo el testimonio de parte de su exvicepresidenta Nadia Calviño sobre su abordaje del Instituto Nacional de Estadística, debido a que los cálculos del INE no coincidían con sus anhelos. Para ello, reemplazó al díscolo Juan Manuel Rodríguez Poo por Elena Manzanera, proveniente de la Andalucía de los ERE, para que le facilitara la hora que le convenía a la hoy presidenta del Banco Europeo de Inversiones. A Luxemburgo marchó huyendo de su herencia y la que hoy, por su desliz, puede olerle el culo a pólvora. Como Magdalena Álvarez hubo de dimitir de la vicepresidenta del BEI por el mayúsculo fraude socialista al sur de Despeñaperros engreída con su «antes rota que dobla». Como columbró Jacinto Benavente, «la vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia y aun a nuestro interés».
Siguiendo al pie de la letra su 'Manual de Resistencia', Sánchez aguanta como sea y con quien sea para soslayar un eventual banquillo de los acusados
Aunque los mayores secretos donde mejor se guardan es publicándolos en un libro, según ironizaba Azaña, no hay regla sin excepción como certifican estas memorias sobre sus «Dos mil días en el Gobierno», donde Calviño como se vanagloria de que, tras su presión y destitución del responsable, brotaron cifras de su gusto. Desde ese momento, un organismo que debe ser independiente, según la UE, posibilitó que Sánchez pudiera alardear de que la economía española era la que más crecía de la Eurozona. Pero aquella Nadia por aquí, Nadia por allí, pone hoy en solfa el conteo oficial ante Eurostat y compromete la continuidad de Calviño en el BEI atendiendo a su gobernanza.
Tales enjuagues malician que, cuando se audite a Sánchez, las cuentas del Gran Capitán pasarán a ser un ejemplo de rigor como es previsible desde el «Chiqui, 1.200 millones no son nada» de María Jesús Montero restando importancia al déficit presupuestario. Luego la izquierda encabezará las protestas contra los ajustes por tales derroches y agios como cuando Rajoy se topó con un déficit real que doblaba al oficial tras embaucarlo como una tórtola un Zapatero al que agradeció su ejemplar traspaso. Un clásico en la rueda de la fortuna de la política española.
De los creadores del borrado de los móviles y correos incriminatorios, sucesores del «no hay pruebas ni las habrá», se recupera ahora de forma inopinada este estreno sobre la autopillada de la hija del gran manipulador de la televisión felipista que fue José María Calviño. Pero, ¿qué esperar de un presidente que festeja que su fiscal general elimine el cuerpo del delito de su operación de Estado contra su rival Ayuso en coherencia con su ficticia tesis y la postiza cátedra de su mujer?
En plena tormenta judicial y parlamentaria, Sánchez coge la chupa de campaña para ver si la propaganda obra milagros con los medios a mansalva que dispone. Al no poder salir a la calle, Sánchez se disfraza de gentil Caperucito aun sobresaliéndole sus colmillos de Pedro Lobo. No obstante, hay quienes echan en saco roto que «el peligro llega más aprisa cuando se le desprecia», como advirtió Edmund Burke para salvaguardar la democracia inglesa entre depravaciones y atropellos.