El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, este miércoles en la Moncloa
Respaldo absoluto
Albares exige al PP y Vox respeto a Zapatero porque va en ello la «dignidad del Estado»
El Gobierno de España reconoce y valora formalmente la labor del expresidente en Venezuela desde la sala de prensa de la Moncloa, pero asegura que actúa en nombre propio y no en el del Ejecutivo
El Gobierno de España ha reconocido y valorado formalmente la labor de José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela -sin especificar cuál- desde la sala de prensa de la Moncloa. A sabiendas de que el expresidente del Gobierno está en el punto de mira de Donald Trump, cuyo subsecretario de Estado especuló hace unos meses con la posibilidad de retirar el visado a Zapatero por sus lazos con el régimen del ahora detenido Nicolás Maduro.
Lo hizo por boca del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. A preguntas de la prensa, éste negó que Zapatero tenga un mandato del Ejecutivo, pero alabó su trabajo sobre el terreno y fue más allá. Puesto que Albares llegó a sostener que hablar mal del expresidente y asesor áulico de Pedro Sánchez es ir contra la «dignidad del Estado».
«Cuando se trata de las figuras de expresidentes del Gobierno está también la dignidad del Estado en juego. Y, por lo tanto, cuando se habla de un expresidente como lo es el expresidente Rodríguez Zapatero es también la dignidad del Estado español la que está en juego», señaló. Y añadió, a renglón seguido: «Un expresidente que siendo presidente del Gobierno defendió la dignidad del Estado español y de otro expresidente (en alusión a José María Aznar) precisamente frente a un presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y yo solicito a todas las fuerzas políticas respeto hacia este expresidente».
En la comparecencia posterior al primer Consejo de Ministros del año, el ministro de Asuntos Exteriores también sostuvo: «Evidentemente, (Zapatero) no actúa en nombre del Gobierno de España ni con mandato del Gobierno de España, pero realiza una labor que el Gobierno de España reconoce y valora». Después recordó que el expresidente socialista empezó su labor de mediación en 2015, «a petición de la oposición venezolana», en República Dominicana.
Y continuó: «Viene ejerciendo una labor que ha sido reconocida en múltiples ocasiones por la oposición venezolana, e incluso, en otros momentos, por el PP. Ahí están las declaraciones del entonces presidente Mariano Rajoy agradeciendo al expresidente Zapatero toda su labor para la liberación de Leopoldo López. Eran otros tiempos, en los que el PP no intentaba utilizar al pueblo de Venezuela como un burdo instrumento de desgaste en la política nacional. Y yo solicito a todas las fuerzas políticas y muy directamente al PP que no se apoye en el pueblo de Venezuela para hacer oposición de desgaste de manera ridícula al Gobierno de España».
La propuesta de Sánchez de mediar en unas hipotéticas negociaciones entre los legatarios de Maduro -con Delcy Rodríguez a la cabeza- y la oposición no ha tenido gran repercusión en Venezuela hasta la fecha. No obstante, Albares reiteró ese ofrecimiento y afirmó: «Lo que España ha puesto a disposición son sus buenos oficios. Si las partes lo consideran útil, este Gobierno va a estar ahí, en acercar posiciones y tender puentes, pero jamás en atizar ningún fuego. Queremos democracia, paz y progreso y justicia social en Venezuela».
Sánchez tiene previsto ponerse en contacto con Delcy Rodríguez, pero no lo ha hecho aún. De momento, la interlocución con el Gobierno de Venezuela se limita a contactos entre ambas embajadas. Ni siquiera Albares ha hablado por ahora con el ministro de Exteriores venezolano. Con quien sí habló el pasado sábado fue con el ganador de las últimas elecciones presidenciales en Venezuela, Edmundo González Urritia, refugiado en España desde el verano de 2024.
Albares mandó un último mensaje a Trump, tan crítico como los emitidos hasta ahora por el Ejecutivo español. Sostuvo que España siempre ha tenido claro dónde situarse cuando el dilema es «entre derecho internacional o ley del más fuerte, entre el autoritarismo y la democracia».