Aragón se dispone a dar el mayor golpe al núcleo duro del sanchismo
Pilar Alegría no es Miguel Ángel Gallardo. De ella no podrán decir las terminales del PSOE que no era la candidata de Pedro Sánchez. Su más que previsible derrota tiene madre, pero también padre
Pedro Sánchez y Pilar Alegría, el viernes en el cierre de campaña en Zaragoza
El Congreso del PSOE de Aragón del que Pilar Alegría salió elegida nueva secretaria general del partido, en marzo de 2025, se llamó La fuerza del cambio. Pero bien podría haberse llamado El cambio por la fuerza. No en vano, Pedro Sánchez se empleó a fondo para doblegar al lambanismo indómito y colocar al frente de la formación a la portavoz de su Gobierno y su ministra de Educación. A quién le han dirigido esta errática y por momentos desesperada campaña desde Madrid.
Conviene recordarlo para cuando Sánchez y Ferraz intenten tomar distancia de la previsible derrota de Alegría, como lo intentaron después de que Miguel Ángel Gallardo se despeñara en las elecciones extremeñas. Entonces, a las terminales socialistas les faltó tiempo para aclarar que Gallardo nunca fue el candidato de Sánchez, sino el mal menor (aun con un procesamiento judicial a cuestas) ante la premura con la que María Guardiola convocó las elecciones del pasado mes de diciembre.
Con Alegría es imposible que cuele. Aunque nótese que, en los últimos días, cierta prensa viene recordando que la de La Zaida es, en realidad, una criatura política de José Luis Rodríguez Zapatero y no de Sánchez. El expresidente del Gobierno, raro en él, no se ha dejado ver por la campaña de Aragón, cuando sí estuvo en la proclamación de la hoy candidata como secretaria general del partido en la región. «Este Congreso tiene un aire fundacional, es como un renacimiento en el que empieza una nueva etapa. Ella es Alegría», afirmó entonces (los socialistas también han repetido hasta la saciedad en esta campaña el juego de palabras con el apellido de la candidata).
Alegría fue delegada del Gobierno en Aragón en los primeros años de Sánchez en la Moncloa, hasta que en la remodelación del verano de 2021 (en la que salieron Carmen Calvo y José Luis Ábalos) entró en el Ejecutivo como ministra de Educación. Cargo que, durante un tiempo, simultaneó con el de portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, hasta que el presidente la nombró portavoz del Gobierno.
Cambió la sala de prensa de Ferraz por la de la Moncloa a finales de 2023, pero las proclamas y consignas que recitaba cada semana siguieron siendo prácticamente idénticas. Hasta ella, la línea que separaba Moncloa y Ferraz era delgada. Con ella, inexistente. La trinchera socialista no distingue el Gobierno del partido desde entonces.
La exportavoz del Gobierno, Pilar Alegría, en una de sus comparecencias en la Moncloa
Así que sobra decir que no hay una candidata que encarne mejor el sanchismo que Pilar Alegría; la mujer que amenaza con arrastrar al PSOE de Aragón al peor resultado de su historia. Incluso podría quedar como tercera fuerza en Teruel, por detrás de Vox. Desde la sala de prensa de la Moncloa, la hoy candidata defendió con ahínco: la amnistía, que las primeras «singularidades fiscales» que existieron en España fueron las de las ayudas a «Teruel, Cuenca y Soria» (la que le cayó en su tierra por decir aquello), las cesiones y privilegios a Cataluña, a Begoña Gómez frente al juez Juan Carlos Peinado, la «tolerancia cero» del PSOE contra la corrupción, la limpieza de las cuentas del partido, la delegación de competencias en materia de inmigración a Cataluña… Y hasta su comida en el «ámbito personal» con Paco Salazar, de la que no ha conseguido hacer la digestión desde noviembre.
La más que cantada derrota de este domingo no es solo imputable a Sánchez por su gestión en el Gobierno, sino también en el partido. El presidente se empeñó en enviar a varios de sus ministros a las elecciones autonómicas para ejercer un poder absoluto intramuros de la formación, en un movimiento demasiado arriesgado hasta para él. Porque suponía descapitalizar su Consejo de Ministros y reconocer, implícitamente, que no hay banquillo en los territorios. Si todavía estos hubieran podido verse favorecidos por el viento de cola de los éxitos del Ejecutivo… pero no es el caso. No hay más que ver lo que ha sucedido en Aragón con el desaguisado de las pensiones: Sánchez creó un problema donde no lo había para después presumir de haberlo solucionado. Pero como es reincidente, no le funcionó.
Tras Pilar Alegría vendrá María Jesús Montero, otra pata negra del sanchismo. En su caso, la viva imagen de la anomalía constitucional que supone gobernar con unos Presupuestos de otra legislatura y de otro Parlamento, transcurridos 26 meses de legislatura. Después, Diana Morant en la Comunidad Valenciana, donde los socialistas no han sido capaces de dar la vuelta a las encuestas ni politizando la trágica dana durante ya 15 largos meses, y Ángel Víctor Torres en Canarias.
En el búnker socialista se encomiendan a un milagro de última hora: el de la movilización de la izquierda, que en Extremadura se quedó mayoritariamente en casa, sirviendo en bandeja a la derecha un triunfo histórico. Más que pedir, Alegría y los suyos han implorado a los electorales que vayan a votar este domingo.
En el partido aseguran que Alegría seguirá siendo la secretaria general del PSOE de Aragón pase lo que pase este 8 de febrero, aunque pierda por goleada frente a Jorge Azcón y Alejandro Nolasco. Y es creíble que lo seguirá siendo. Los socialistas no tienen plan B, pero es que, además, su dimisión sería lo más parecido a que Pedro Sánchez reconociera una vez, alguna vez, una derrota. Algo que no hizo en las generales de 2023, cuando acabado el recuento salió al balcón a proclamar: «Somos más». Le acompañaba el entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán.
Este domingo, lo previsible es que ni el PP ni Vox esperen para proclamar que el sanchismo es historia, pero el que dormirá esta noche en la Moncloa seguirá siendo Pedro Sánchez. Hasta que no convoque unas elecciones que de momento no entran en su guion, los golpes que le van asestando la derecha son duros; pero ninguno es el golpe de gracia.