Pedro Sánchez y Begoña Gómez, este martes en las instalaciones de Xiaomi en Pekín
Más el de su hermano
El procesamiento de la mujer del presidente convierte a España en una anomalía democrática
El Ejecutivo se pasó meses proclamando la inocencia de Begoña Gómez y ahora el ministro de Justicia anticipa, en una injerencia insólita, que un tribunal de mayor rango revocará la decisión de Peinado
El procesamiento de Begoña Gómez por cuatro delitos ha pillado a la mujer del presidente acompañando a su marido en un viaje oficial de tres días a la China de Xi Jinping. Una circunstancia que en el Gobierno no creen que sea fruto de la casualidad. Es de prever que el presidente del Gobierno se pronuncie al respecto en la rueda de prensa que tenía convocada con anterioridad para este martes a las 7.30 de la mañana hora española, que ahora tendrá un interés extra (ya lo tenía en medio del juicio de las mascarillas).
No obstante, nada más conocerse la noticia este lunes el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes hizo de avanzadilla en todos los sentidos. Porque, aparte de señalar lo vergonzosa que le ha parecido esta instrucción, el titular de Justicia anticipó que un juzgado de rango superior revocará las decisiones de Juan Carlos Peinado. Dijo tener «confianza absoluta» en ello, en una declaración que sonó a injerencia del poder ejecutivo en el judicial. Como si no fuera ya bastante anomalía democrática que la esposa del presidente del Gobierno esté procesada. Desde el PSOE, por su parte, calificaron la instrucción de «errática y prospectiva» una vez más y la enmarcaron en la campaña de «acoso y derribo» contra Sánchez.
En el Gobierno no hay sorpresa, sino que esperaba esta decisión del juez Peinado, a quien tanto Sánchez como su mujer intentaron apartar de la instrucción presentando sendas querellas por prevaricación en su contra en 2024. Ambas fueron inadmitidas por el Tribunal Superior de Madrid. Por su parte, el ministro Bolaños elevó una queja contra el magistrado ante el Consejo General del Poder Judicial tras ser interrogado como testigo. A finales de marzo, la Comisión Permanente del CGPJ decidió archivar otras cuatro quejas de particulares y seguir investigando la del ministro.
Al margen de sus maniobras infructuosas en el TSJ madrileño y en el CGPJ, la única estrategia del Ejecutivo en estos dos años de instrucción ha sido negar cualquier irregularidad cometida por la mujer del presidente y desacreditar la tarea de Peinado; precisamente por si llegaba este momento, que ha llegado, hacer que parezca que este procesamiento es solo el resultado de la fijación de un juez de instrucción con la esposa del presidente. Una mujer de intachable trayectoria profesional, según los socialistas, aunque contra ella haya indicios de tráfico de influencias, corrupción en los negocios en el sector privado, malversación de caudales públicos y apropiación indebida, según Peinado.
Desde la sala de prensa de la Moncloa, el Gobierno ha repetido machaconamente en este tiempo que: «No hay caso», que «la verdad pondrá las cosas en su sitio», que Begoña Gómez «es inocente», que «no hay nada que encontrar»… Ni siquiera cuando, a finales de septiembre, la defensa de la mujer del presidente recibió un doble mazazo de la Intervención General de la Administración del Estado y de la UCO el Gobierno cambió de discurso.
«Sabemos lo que ya sabíamos, que no hay nada. Sabemos y somos perfectamente conscientes de que la verdad pondrá las cosas en su sitio. Y se demostrará lo que ya sabíamos: que Begoña Gómez es inocente», señaló aquel día la entonces portavoz, Pilar Alegría, después de que el organismo dependiente del Ministerio de Hacienda apreciara en un informe de 303 páginas remitido a la Fiscalía Europea (al haber fondos de la UE afectados) que existieron múltiples irregularidades en las adjudicaciones de Red.es a la empresa de Juan Carlos Barrabés, amigo de Gómez. Y de que los investigadores de la Guardia Civil demostraran, a través del análisis de 121 correos electrónicos intercambiados entre la exasesora de Gómez y el entonces vicerrector de la Complutense, que ésta trabajó intensamente para los negocios privados de Gómez. No de manera puntual por hacer un favor a su amiga, como ella había declarado ante Peinado.
El juez Juan Carlos Peinado y la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez
Fue la imputación de su mujer lo que motivó la espantada de cinco días que Sánchez protagonizó en abril de 2024, después de escribir una carta a la ciudadanía en la que se definía como «un hombre profundamente enamorado» y afirmaba: «No soy un ingenuo. Soy consciente de que denuncian a Begoña no porque haya hecho algo ilegal, ellos saben que no hay caso, sino por ser mi esposa». Sin embargo, ser la mujer del presidente del Gobierno fue, precisa y presuntamente, lo que abrió tantas puertas a la ahora procesada. Para tener una cátedra extraordinaria de Transformación Social Competitiva y un máster en captación de fondos en la Universidad Complutense. También, para conseguir patrocinios de firmas privadas como Fundación La Caixa y Reale Seguros. Para quedarse gratis con un software que Google, Telefónica e Indra habían desarrollado sin cobrar por él ni un céntimo de euro. Y para utilizar a una asesora contratada por la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno para sus gestiones privadas.
El procesamiento de la mujer del presidente se une al de su hermano, David Sánchez, que se sentará en el banquillo de la Audiencia Provincial de Badajoz a partir del 28 de mayo, acusado de tráfico de influencias y prevaricación. Se trata de dos miembros del círculo más íntimo del presidente, a lo que suma el juicio en marcha contra su ex megaministro y exsecretario general del PSOE. Pero Sánchez sigue negando su responsabilidad por la vía de los hechos. O de la ausencia de hechos.