El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fuster
Vox recalca que sus críticas no son a la Iglesia, sino a «determinados obispos» y se reafirma en su mensaje «le pese a quien le pese»
El secretario general de la Conferencia Episcopal criticó hace unos días que la política «se mueve mucho a golpe de eslóganes que buscan una polarización» y defendió que su prioridad es el Evangelio, frente a la prioridad nacional
Fúster, tras las declaraciones del obispo de Canarias sobre estar cinco días en un cayuco: «Le animo a que se ponga una sotana y vaya a Molenbeek o a Saint-Denis y que esté cinco días, a ver luego qué nos dice»
La formación que preside Santiago Abascal asegura que las críticas no las dirige a la Iglesia ni a los católicos, sino a «determinados obispos» a los que reprocha que tengan posturas en materia migratoria «incompatibles» con la defensa de la nación, del bien común y de la cultura cristiana.
Lo ha trasladado este lunes el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, después de que en los últimos días desde el partido se respondiera con acusaciones y reproches a las afirmaciones de obispos españoles que no están de acuerdo con el concepto de prioridad nacional.
Hace un par de días, el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal, Francisco César García Magán, subrayó que «la Iglesia no se mueve a nivel de eslogan (...) menos todavía cuando, de un lado, se quiere anular, excluir, eliminar al otro. En eso la Iglesia no está, ni puede estar, ni estará nunca». Afirmó que su prioridad es el Evangelio y criticó que la política «se mueve mucho a golpe de eslóganes que buscan una polarización».
Las palabras del dirigente de los obispos españoles fueron respondidas por el propio Abascal, que en redes sociales le reprochó no atreverse nunca a criticar al Gobierno «mafioso» porque este, dijo, «le proporciona su negocio con la invasión».
Tras remarcar que sus críticas no son contra la Iglesia, sino contra parte de la jerarquía eclesiástica, Fúster, que ha indicado que si bien Vox no es un partido confesional ni lo será muchos de sus miembros se identifican como católicos, ha manifestado que «Vox tiene una responsabilidad política, que va a seguir diciendo le pese a quien le pese», en línea con lo que expresó Santiago Abascal en su entrevista con El Debate, donde se reafirmó en su rechazo a la inmigración ilegal y a la islamización lo diga el líder religioso que lo diga.
Fúster ha respondido también a las declaraciones del obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos, que la semana pasada aludió a la crisis migratoria e indicó que «habría que meter a mucha gente en un cayuco cinco días» para ver cómo llegan: «Le animo a que se ponga una sotana y vaya a Molenbeek o a Saint-Denis y que esté cinco días, a ver luego qué nos dice».
Sobre la prioridad nacional, que ha suscitado polémica estos días entre los partidos políticos, el portavoz de Vox ha subrayado que son los que rechazan este concepto los que tendrían que explicar el motivo y que creen que la sociedad españoles están a favor de forma mayoritaria de que los españoles estén primero en el acceso a las ayudas y prestaciones sociales y a la vivienda. No obstante, ha subrayado que compartirán todo ello con los inmigrantes legales «que hayan hecho una entrada en España ordenada, legal y que vengan a aportar». «Esos inmigrantes nos importan y los queremos», ha indicado.
El ataque contra Trump y la violencia contra Vox
En otro orden de asuntos, y después de que Donald Trump sufriera este fin de semana el tercer intento de asesinato, Fúster ha señalado que no solo es un ataque contra una persona, sino «contra la libertad y contra las urnas». Vox subraya que hechos como estos «no salen de la nada, no son lobos solitarios», y denuncia que durante años se les ha dicho a los ciudadanos a los que los partidos patriotas representan «que sus ideas no son ideas, sino odio; que sus partidos no son adversarios, sino enemigos, que sus líderes no deben ser derrotados en las urnas, sino expulsados de la vida pública de todas las maneras posibles».
El portavoz de Vox ha aludido a la violencia que radicales han ejercido contra militantes, afiliados o cargos de su formación: «No es antifascismo, es matonismo político». Y ha afirmado que «fascista» no es el que organiza una mesa informativa o convoca un mitin, sino quien quiere impedirla o va al mitin para boicotearlo. Así, ha instado a no mirar hace otro lado y ha exigido una condena firme de toda violencia política: «No se puede hablar de democracia mientras se tolera que la izquierda decida quién puede estar en la calle y quién no».