Enrique Barón durante la entrevista con El Debate
Entrevista a Enrique Barón, expresidente del Parlamento Europeo
Enrique Barón: «Los países europeos con mayor tradición democrática y más estables son monarquías constitucionales»
Diputado constituyente, ministro del primer Gobierno socialista y presidente del Parlamento Europeo, nombrado tres meses antes de que cayera el Muro de Berlín, cuenta en 'Paz y Guerra' sus notas de viajes de la URSS a Rusia
Si Enrique Barón tuviera una banda sonora, sería el tema sobre la unificación europea de la película Azul. Su amada Europa, donde encontró sus pasos, continúa en sus reflexiones para comprender las relaciones del viejo continente con la nueva Rusia de Putin en unas notas de viaje tituladas Paz y Guerra. De la URSS a la magna Rusia (RBA Libros).
Abogado de derechos humanos durante el franquismo, pasó una semana en los calabozos de la Dirección General de Seguridad en vísperas de Navidad, le defendió Felipe González ante el Tribunal de Orden Público y unió su futuro al Partido Socialista para convertirse en diputado constituyente, bebiéndose la vida a tragos. Ministro del conocido Gobierno del cambio del PSOE, donde era un verso suelto, su salida del Ejecutivo por sus enfrentamientos con Miguel Boyer le llevó a Europa, donde en solo tres años fue nombrado presidente del Parlamento Europeo (1989-1992).
A sus 82 años, más que una entrevista, El Barón Rojo, como le llamaban, se deleita en una conversación que se podría alargar por horas en una habitación llena de libros y recuerdos con el olor intenso del jazmín que se cuela desde su terraza. Su visión humanista de la política, su entusiasmo en el federalismo y el orgullo de haber participado activamente en la Transición se tejen junto a los retos a los que se enfrenta la Unión Europea en esta entrevista para El Debate.
– Paz y guerra son anotaciones de sus viajes de la URSS a Rusia
– Todo el mundo está viajando, pero no se escriben libros de viajes. Es todo muy efímero, como el clic del teléfono móvil que actúa de cámara. Me he inspirado en Tolstoi, porque en su libro Guerra y paz hay una constante en la relación entre Rusia y Europa, que es básicamente Ucrania. Construir la paz es labor de tejedores, y hay muchas personas que se encuentran en ese gran trabajo de tejer la paz. La paz es un trabajo de ir poco a poco encontrando elementos comunes, valores, intereses... y es lo que nos ha permitido tejer la Transición española y la construcción europea.
– ¿La Constitución fue una labor de tejer y destejer como si fuerais Penélope mientras esperaba que llegara Ulises?
– A veces había que copiar a Penélope y destejer de noche algunos de los errores de lo que se tejía de día. Pero había una voluntad de tejer conjuntamente y eso es una ruptura con una gran parte de nuestro pasado y sigue siendo un mensaje revolucionario en el mundo de hoy. No solamente se trata de nostalgia o de la batalla del abuelo, sino que es un tema muy actual.
Enrique Barón durante la entrevista con El Debate
Cuando era joven, se hablaba mucho de las revoluciones, había que hacer la revolución contra todo e incluso había un romanticismo revolucionario. Ahora hemos comprendido que había cosas muy revolucionarias que parecían que no lo eran, como el llamado Estado del Bienestar. En vez de plantear la revolución como solución, es hacer una sociedad en la que desde el nacimiento a la muerte se trata de disminuir el dolor, proteger a los más débiles o crear sistemas de seguridad, y eso es más revolucionario.
– ¿Por qué cree que se denigra la Transición y se quiere hacer una revisión negativa de lo que representa?
– Son unas denuncias muy efímeras. Esta es la Constitución que más ha durado en la historia de España, ¡qué se dice pronto! Sigue teniendo un apoyo muy importante, no solo en el arco político, sino que el pueblo español se reconoce en la Constitución. Es un sistema parlamentario con una monarquía constitucional, y lo dice un republicano que defendió la República y prometió la Constitución. Cuando la hicimos, no había autonomías ni libertades, sino provincias con gobernadores civiles. Hoy los radicales de extrema derecha o izquierda hablan de eliminar el Estado de las autonomías, y lo primero que hacen es presentarse a las elecciones autonómicas. ¡Y qué bien que lo hacen!
Nosotros hemos respetado el pacto constitucional, pero no es solo una cuestión española, sino que los países europeos con mayor tradición democrática y más estables, el Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Noruega, son monarquías constitucionales... mientras que algunos sistemas republicanos tienen presidencias imperiales.
– ¿Europa tiene un plan para no parecer la invitada de piedra entre Trump, Putin y Jinping o está aletargada?
– No creo que estemos aletargados, lo que es cierto es que estamos creando una fórmula de futuro. ¿Por qué no se habla de factores importantes como pueden ser la India, Canadá o Brasil? ¿Por qué todo tiene que ser Trump? Estamos en un mundo multilateral y creo que la Unión Europea todavía tiene que dar pasos importantes para tener una unión política federal, y no es solo mi sueño, porque soy federalista, sino que el objetivo proclamado el 9 de mayo de 1950 con la Declaración Schuman es la Federación Europea. En la historia, los europeos hemos tenido de todo: imperios, dictaduras, monarquías absolutas, nos hemos invadido unos a otros…, pero creo que una fórmula de federación es lo más positivo.
Putin piensa que la implosión de la URSS fue la mayor tragedia del siglo XX
– ¿Cree que Putin sigue obsesionado con la vuelta a la URSS, a esa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?
– No solo lo creo, sino que él lo proclama. Incluso su mano derecha, Sergei Lavrov, cuando llegó a Alaska llevaba una camiseta que ponía CCCP, que en cirílico quiere decir URSS. Además, Putin piensa que la implosión de la URSS fue la mayor tragedia del siglo XX, aunque no se la cargó nadie desde fuera. A mí me tocó vivir el momento clave de la implosión de la URSS, que es el último Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, que estoy de visita oficial como presidente del Parlamento Europeo, y me entrevisté con Gorbachov, que fue el líder de la perestroika y la glasnost, de la transparencia y la reestructuración, que trató de salvar el viejo sistema que estaba absolutamente corroído, y con todos los líderes del momento. Tratar de volver al pasado no ha funcionado nunca en la historia.
– El giro en la política exterior de Putin se inició cuando se anexionó ilegalmente Crimea, y se desencadenó con la invasión de Ucrania
– Putin tiene una visión más próxima a Iván el Terrible o al zar Alejandro I. La cuestión era quién mandaba en Europa y ahora mismo Putin lo tiene claro y está actuando de manera sistemática, después de fracasar en el intento. Putin intentó resolver por la directa, que fue la invasión, al lanzarse a Kiev, y fracasó. No se suele decir, pero Rusia está dependiendo mucho más de China. Si quieres ser el que manda en el mundo, pero tienes detrás a un dragón que te permite sobrevivir, ¿eso es fácil o no? Lo primero que hay que hacer en la vida es cubrirse las espaldas.
Trump tiene esa visión del mundo: órdago a lo grande y si no, de farol
– ¿El «no a la guerra» proclamado por Pedro Sánchez parece más un eslogan?
– No es que sea un eslogan, es un grito que parece que no solamente lo comparte la mayoría de la población de la Unión Europea, sino que está teniendo un peso en el mundo, incluso compartido por el Papa, que se ha apuntado al eslogan. La primera ministra Meloni, que no se caracteriza por la simpatía hacia el presidente Sánchez, inmediatamente ha girado porque sabe que el pueblo italiano no quiere la guerra. Tampoco el discurso del presidente Macron es de enfrentamiento con lo que dice el presidente Sánchez. Pero, además, es una guerra absurda, aparte de las bravatas y de esa especie de bravuconada continua. Cuando uno dice que va a liquidar a Persia en un santiamén, eso no se dijo ni en la batalla de las Termópilas. Si nos ha costado mucho hacer un orden multilateral que tiene muchos problemas, lo que hay que hacer es reforzarlo, no hay que liquidarlo y reemplazarlo por una voluntad unilateral y despótica. Hablamos como si estuvieran jugando al ajedrez o incluso en un casino, que es donde tiene experiencia Trump, después de la inmobiliaria de Nueva York, que estuvo en Atlantic City, ciudad de casinos, y tiene esa visión del mundo: órdago a lo grande, y si no, de farol.
– ¿Vamos a ese nuevo orden multipolar que anunció Pedro Sánchez en su visita a China?
– Todo lo que sea defender a la ONU y decir que hay que fortalecerla y mejorarla, que fue lo que dijo el presidente Sánchez. Pero la ONU es imperfecta, tiene muchas limitaciones, aunque es la base de poder trabajar de cara al futuro. Y la cumbre de Barcelona, que no es solo Pedro Sánchez, sino Lula da Silva, Claudia Sheinbaum… tiene una dimensión mucho más progresista. Es muy constructivo y positivo que en vez de declarar la guerra, empezar a entendernos para resolver los problemas. Creo que esa es la línea. Además, estamos en franca oposición al dominio de esos tecno oligarcas que son los que están tratando de definir en función de sus intereses el futuro del mundo.
La operación de linchamiento de Felipe González cuando estaba en el Gobierno y la de Pedro Sánchez tienen muchos parecidos
– Además de ser ministro del Gobierno del cambio de Felipe González, tuvo una relación bastante intensa con él durante su presidencia en el Parlamento Europeo, ¿se valora actualmente su papel?
– A Felipe González le conozco desde 1970. Luchamos juntos contra el franquismo. Fue mi abogado defensor cuando me procesaron en Orden Público. No nos conocemos desde el Gobierno, sino que trabajamos y nos peleamos cuando teníamos que reconstruir la democracia. Tengo un inmenso aprecio y respeto por lo que ha supuesto Felipe González en la historia de España y por haber tenido la posibilidad de trabajar juntos no solamente en el primer Gobierno socialista, sino en el periodo Constituyente, y en un tema del que no se habla: las medidas urgentes de reforma fiscal, que son las que han posibilitado la democracia.
Enrique Barón durante la entrevista con El Debate
Felipe González es una figura histórica muy reconocida y respetada en Europa. Lo que pasa es que no son agradecimientos eternos, aunque creo que en la construcción europea su papel es clave. En el libro cito algún momento importante como es la caída del Muro de Berlín, la unificación alemana y el salto hacia la Unión Europea. Y S iempre contesto con una frase de Ortega y Gasset: «España es el problema, Europa la solución». Pues eso lo cambiamos por «España es parte de la solución europea» y Felipe González fue muy importante en ese proceso.
– Ahora le critican con dureza…
– Los socialistas somos muy autocríticos, aunque la operación de linchamiento de Felipe González cuando estaba en el Gobierno y la de Pedro Sánchez tienen muchos parecidos, aquello que un periodista llamó el Sindicato del Crimen.
– El linchamiento a González es del propio Partido Socialista
– No sé quién del Partido Socialista.
– Por ejemplo, Óscar Puente
– Óscar Puente no se calla. La otra cosa es que Óscar Puente no hable como una hermana de la caridad. Tiene su estilo. Pero no creo que haya animado al linchamiento de Felipe González.Somos una familia política en la que no le bailamos el agua a nadie. Yo he tenido mucho cuidado con mis pronunciamientos desde la época constituyente y luego presidiendo el Parlamento Europeo. Siempre se le puede sacar punta a todo, porque después de apuntar todos los males del mundo al actual presidente… Aparte de que hay cosas que me llama mucho la atención. ¿Se ha fijado en el lenguaje que se emplea en el Parlamento en este momento?
– No tiene nada que ver con su época…
– No es que no tenga nada que ver, cuando hicimos la Transición, veníamos de horizontes muy diferentes, no nos enganchábamos directamente. Hablábamos con una expresión que no se utiliza ya:«señorías», que no es una cursilería. Si usted va al Parlamento británico, se llaman honorables miembros y nunca por el nombre. Es una manera de contener la violencia. Además, los debates parlamentarios no se hacen a cara de perro, sino a través de la presidencia. Conviene hablar del presidente del Gobierno, del ministro, o del jefe de la oposición, y no entrar en lo personal, en el cargo. Se ha buscado eliminarlo porque le pierdes el respeto y vas a la yugular. ¡Y he presidido un Parlamento entre personas que se habían hecho la guerra!
¿Libertad para qué?», le respondió Lenin a Fernando de los Ríos
– Vivió la caída del Muro de Berlín como presidente del Parlamento Europeo, cuenta la forma inaudita de cómo sucedió…
– La noche del 9 de noviembre de 1989 estaba en el hotel Plaza de Roma preparándome para una cena durante mi visita oficial a Italia, y me llamó un periodista de La Stampa y me dijo: «Presidente, ha caído el Muro de Berlín. ¿Puede hacer una declaración?». Mi respuesta fue preguntarle si había caído en sentido propio o figurado. Y como tampoco lo sabía, nos dimos media hora para enterarnos, para que vea cómo era entonces el mundo. No se anunció, se vivió en directo. En una rueda de prensa del Gobierno de Alemania del Este, un periodista le preguntó al funcionario de turno sobre una regulación que permitía a los ciudadanos salir un máximo de 30 días por los cruces de frontera: «¿Se puede pasar sin visado?». Y dijo: «Sí». Y le preguntó: «¿Y cuándo entra en vigor esa orden?». El funcionario se puso nervioso y respondió, que suena mucho más fuerte en alemán: «Ab sofort!». Es decir: «¡Inmediatamente!».Como la rueda de prensa había sido televisada, muchos alemanes se empezaron a agolpar en el Friedrichstraße, el paso en el Muro conocido como Checkpoint Charlie, donde tenías que identificarte y se controlaba todo ad nauseam.
Entonces no se sabía ni en las cancillerías, ni en la CIA, ni en el FBI, ni en la Interpol, sino un tiempo más tarde, que un teniente que estaba en el paso comunicó que la gente quería pasar y preguntaba qué tenía que hacer. «Dígales que esperen a mañana», le respondieron. Y en ese momento tuvo dos opciones: Una era disparar y otra era abrir. Y abrió. La historia no se controla a distancia.
– Menciona a Jorge Semprún que escribió La autobiografía de Federico Sánchez, premio Planeta en 1977, donde realizó un ajuste de cuentas con el Partido Comunista, ¿cree que abrió los ojos a muchos de la realidad del universo soviético?
– En 1964, cuando se plantea la necesidad de evolución, de cambio, le expulsan del Partido Comunista junto a Fernando Claudín. Losconocí en la época que estábamos en esa efervescencia trabajando en la reconstrucción del Partido Socialista. Tenía una capacidad de seducción, que aún no se ha escrito esa historia. Aunque a mí personalmente me abre la perspectiva Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, que realizó un viaje a la Unión Soviética y se entrevistó con Lenin porque le mandó el Partido Socialista a informarse sobre qué era eso de la Tercera Internacional y le preguntó por la libertad, y le respondió Lenin con el famoso: «¿libertad para qué». Y después hay un gran periodista y escritor que recomiendo como fue Manuel Chaves Nogales.
– Estuvo detenido en la Dirección General de Seguridad durante el franquismo y fue abogado de derechos humanos, ¿coincidió con Gregorio Peces-Barba y Óscar Alzaga?
– Con Gregorio y Óscar coincidimos en mil conspiraciones: en el Tribunal de Orden Público y en «Cuadernos para el Diálogo». Hay elementos en la lucha por la democracia en España que no se suelen valorar como es «Cuadernos para el Diálogo». Hice una lista de parlamentarios constituyentes que habíamos pasado por Cuadernos, de la UCD y del Partido Socialista, y era una proporción abrumadora. Otro es el Movimiento Europeo, que nació del Congreso de La Haya del 48, y su continuidad en el Congreso de Múnich.
– Óscar Alzaga también menciona la importancia del Congreso de Múnich…
– Se habla de la resistencia al franquismo, y yo estuve en montones de luchas en Orden Público, colaborando con los líderes sindicales, pero los dos grandes hitos que nos permiten dar el salto son el Congreso de Múnich en 1962, que viene del Congreso del 48, que lo presidió Winston Churchill, donde se encontraba la sociedad civil, y estaban Salvador de Madariaga o Indalecio Prieto. Para mí fue como lo que le pasó a Pablo de Tarso cuando empezó el régimen a denunciar el contubernio de Munich, que además había que ir al diccionario para saber lo que era la palabra contubernio. Ahora la gente va a Canarias de Turismo, pero entonces deportaron a muchos allí, como al presidente del Congreso de los Diputados Constituyentes, Fernando Álvarez de Miranda, democristiano.
No es un nuevo orden, es la vuelta al caos
– Volviendo a su libro, ¿Ucrania es la prueba de fuego para el futuro de Europa?
– Primero hay que defender la voluntad de Ucrania, que además no es que se rebele contra Rusia, es que era una parte de la Unión Soviética que firma de manera consciente la implosión soviética. Al final del libro citó al filósofo Maimónides, que era un judío cordobés: «Si Dios hubiera querido que viviéramos mirando al pasado, nos habría puesto ojos en la nuca». Creo que Ucrania es la piedra de toque, y hay que ayudarla, no solamente por estar en contra de Rusia. sino por defenderse. A mí me preguntan: «¿Usted hablaría con Putin?» Pero si ni quiere hablar con la Unión Europea ni con Zelenski, sólo habla con Trump y Xi Jinping...
– ¿Se impondrá un nuevo orden mundial?
– No es un nuevo orden, es la vuelta al caos. Es una expresión no solamente cínica, sino insultante. Es el juego de las grandes potencias. No es que sea el nuevo orden mundial, sino desmantelarlo mejor. ¿No han disuelto la ONU todavía?Hablamos como si ya no existiera, aunque es francamente mejorable, pero reemplazarla por la voluntad de un personaje impredecible e irresponsable es la vuelta a la propaganda activa hacia el caos.