La cloaca de la fiscal «Porpedromato» y la «ética del delito» en el «Begoñagate»
De hito en hito, como cerrar filas con el fiscal general que puso a perseguir a una contrincante política, Sánchez socava los pilares del Estado de Derecho con la fiscal «Porpedromato» aplicando cianuro a quienes se oponen a que el Ministerio Público envilezca como un lodazal
(El ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, y la fiscal general del Estado, Teresa Peramato
Cuando una fiscal general se chotea del Tribunal Supremo que inhabilita dos años a su antecesor y padrino de su meteórico ascenso; cuando da un triple brinco para promocionar con 300 compañeros por delante a quien coadyuvó al delito encomendando suministrar arsénico a la pareja de la presidenta Isabel Díaz Ayuso como la fiscal Pilar Rodríguez y fulmina a quien su testimonio avaló la más alta instancia judicial como la fiscal jefe superior de Madrid, Almudena Lastra, pese a aventajar en 800 puestos a su sucesora; cuando para darle gusto al incapacitado encaramando a su esposa, Pilar Fernández, a teniente fiscal de Galicia hallándose más de 800 peldaños por debajo del primer peticionario; cuando obra como abogada de Pedro Sánchez adjudicando el principio de culpabilidad a quienes éste decrete la guerra, el denominado Ministerio Público degenera en una cloaca. Tal enlodamiento obedece primordialmente a que la condena por primera vez en la historia de España de un fiscal general no ha movido a la desinfección, sino a perseverar en un «modus operandi» característico de bandas donde la caída del cabecilla se salda con su relevo –en este caso, ni eso– redoblando la violencia verbal y física para conjurar cualquier sensación de debilidad o vacilación tanto intramuros como extramuros del clan mafioso.
En ese contexto, se circunscribe la designación de Sánchez de Teresa Peramato (en verdad «Porpedromato») en diciembre de 2025 para sustituir al delincuente Álvaro García Ortiz, al que acompañaba cogida del brazo al Tribunal Supremo que lo castigó, y su depuración de quienes antepusieron ser amigos de la verdad a serlo de aquel al que su partidismo ciego arrastró a infringir el derecho de un procesado por ser novio de la rival de su «puto amo», mientras encumbraba a la cohorte del malhechor. Tras blasonar con la lengua de la mentira que arribaba para sanar las heridas, «Porpedromato» ha vertido sal y vinagre sobre ellas para emponzoñar unas cuchilladas que principiaron con la exministra María Dolores («Lola, espejo oscuro») Delgado de Garzón como fiscal general para visualizar a las claras como Sánchez asimilaba el Ministerio Público a Abogacía del Gobierno.
En circunstancias tan onerosas, cobra sentido la impertinencia que el «Rinconete» y nada «Cortadillo» Koldo García, rememorando a los pícaros cervantinos del sevillano Patio de Monipodio, le soltó al fiscal anticorrupción Alejandro Luzón el jueves en el Tribunal Supremo en la vista contra la trama socialista de las mascarillas adquiridas en el COVID con los españoles confinados. «Usted no está buscando mi inocencia», le endilgó «el chistorro», travestido de pobre de solemnidad tras escriturar cuatro inmuebles por 440.000 euros en solo dos años y con facha abacial para ocultar sus antecedentes de indultado matasiete, como si el garante del interés general debiera engrosar su defensa letrada.
Pese a su burda extemporaneidad, el aizcolari sanchista verbalizaba la anomalía que cursa como moneda corriente desde que Sánchez le imprimiera marchamo oficial en 2019 con su «Y la fiscalía, ¿de quién depende?… Pues eso». Lo que entonces arguyó para patentizar cómo pondría al prófugo Carles Puigdemont a recaudo de la Justicia ha resultado, luego de comprarle la investidura merced a tramitar su amnistía, un custodio de reos socialistas o de los sosias que lo atornillan en La Moncloa. De hecho, a los dos meses de aquel aviso a navegantes reemplazó a María José Segarra, por lo serle lo bastante servil y no doblarles el brazo a los fiscales del del 1-O de 2017 que no rebajaron su solicitud de rebelión a sedición, como sostuvo de candidato en Antena 3. No en vano, Sánchez retornaba a cuando el etarra Arnaldo Otegui, al ser enrejado por el juez Fernando Grande-Marlaska, hoy excarcelador de esos asesinos como ministro, inquirió para pasmo de los presentes: “¿Esto lo sabe Conde-Pumpido [a la sazón Fiscal General de Zapatero que enlodó su toga con el polvo del camino]?".
Sánchez socava los pilares del Estado de Derecho con la fiscal «Porpedromato» aplicando cianuro a quienes se oponen a que el Ministerio Público envilezca como un lodazal
No es para menos cuando Koldo García, el embutidor de votos falsos en los sucesivos pucherazos de las dos primarias socialistas que auparon a Sánchez a Ferraz observa cómo la Fiscalía se afana en librar del banquillo a Begoña Gómez al reducir su piélago de inculpaciones –tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida o malversación de caudales públicos– a cuestiones estéticas. A este propósito, el fiscal parece esbozar una suerte de «ética del delito» concorde con la «ética del engaño» de «Noverdad» Sánchez secundando a un doctorado en ella como su director de gabinete, Diego Rubio.
Para esta fiscalía tan sumisa, la mujer del César merecería, si acaso, reproches morales porque no se habría prevalido de la condición marital para la comisión de sus ilícitos. Tal candonga recuerda a aquel jactancioso que alardeaba de atesorar una finca tan extensa que tardaba una jornada entera en recorrerla a caballo hasta que alguien –harto de sus baladronadas– le espetó: «Pues así será el caballo». Otro tanto con esta fiscalía que adopta tal tesis «consciente de no querer ver más», como coligió en su día la Fiscalía Anticorrupción con la conducta de los socialistas Manuel Chaves y José Antonio Griñán sobre su fraude con los ERE desviando 855 millones asignados a empresas y trabajadores andaluces en crisis.
«Puede ser una pichona, pero no una corrupta»
Pero el fiscal del «Begoñagate» debe pensar como Sánchez que su «consuerte» «puede ser una pichona, pero no una corrupta». Algo que refuta lo ya sabido y lo revelado por el comisionista/comisionado Víctor de Aldama ante el Tribunal Supremo presentando a la tetraimputada por el juez Peinado más como gavilán que como paloma evocando un éxito musical de los 70 del cantante Pablo Abraira. No en vano, ésta logró que la SEPI, bajo las órdenes de la ministra María Jesús Montero, cediera por un alquiler ridículo los terrenos de la antigua sede central de la compañía Iberia en una de las millas de oro madrileñas al Instituto de Empresa que la tenía contratada desde que Sánchez accedió a la secretaría general del PSOE. Asimismo, el presidente concedió una sede a la Organización Mundial de Turismo (OMT) por 75 años, más 24,4 millones extra para su acondicionamiento, a cambio de que el director de la misma facilitara los enjuagues de su cónyuge en viajes promocionales a ciudades como San Petersburgo, donde la acompañaron Aldama y el consejero-delegado de Air Europa, Javier Hidalgo, cuyo aerolínea fue rescatada con la intermediación de «los Kirchner de la Moncloa».
No por casualidad, sino por causalidad, la cloaca socialista se fraguó e impulsó por el entonces mano derecha de Sánchez, Santos Cerdán, integrante de «la banda del Peugeot», a raíz de la inculpación da Begoña Gómez para sabotear las indagaciones de jueces como Peinado, fiscales como Luzón y Grinda, guardias civiles de la UCO como el teniente coronel Balas o de periodistas de los medios que develan los agios que cercan al matrimonio presidencial.
De hito en hito, como cerrar filas con el fiscal general que puso a perseguir a una contrincante política, Sánchez socava los pilares del Estado de Derecho con la fiscal «Porpedromato» aplicando cianuro a quienes se oponen a que el Ministerio Público envilezca como un lodazal. Así las cosas, tal abyección será difícil de revertir con el dogal de hierro de quienes han sido retribuidos por promover con el inhabilitado Ortiz un ceremonial parejo al de los independentistas a sus convictos por el 1-O. Si Sánchez premió a quienes gritaban «lo volveremos a hacer» y agracia a ETA política con un pago político tras ser forzada a dejar las armas, cómo el apodado «equipo Fortuny» [calle donde se enclava la FGE] no iba a hacer «fortunity» (fortuna) cuando tuerce el árbol del Estado de Derecho para que cobije la impunidad de Sánchez.