José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama durante sus declaraciones ante el Tribunal Supremo
Caso mascarillas
Las mordidas de Transportes, efectivo en Ferraz y el papel de Sánchez: las claves del caso mascarillas
Han pasado más de cinco meses desde aquel 27 de noviembre en el que el exministro de Transportes José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García entraran en prisión provisional. Con la declaración ante el Tribunal Supremo del también exsecretario de Organización del PSOE, llega a término el juicio de uno de los presuntos casos de corrupción que acechan a los socialistas.
Casi 24 horas han pasado delante del micrófono del banquillo los tres acusados en total. De hecho, estaba previsto que los tres comparecieran el mismo día, el 28 de abril; la extensión de las declaraciones obligó a mover el día al 29 de marzo —el empresario Víctor de Aldama—, 30 de abril —Koldo— y 4 de mayo —Ábalos—.
«El presidente está en el escalafón uno»
El primero de los acusados en alzar la voz deslizó la presunta financiación ilegal del PSOE. El principal comisionista de la trama mascarillas alegó que fue Koldo quien le dio «la fórmula» para que empresas constructoras donasen dinero a la formación: «Que te digan a qué licitación quieren ir y en una van a ir a baja temeraria, en otra por debajo de la tabla y en otra por encima para que ganen la licitación». «Me dijo que me iba a presentar a empresas constructoras que trabajaban para el Ministerio», proseguía en su relato.
Esta colaboración no se trataba de una «donación». «Le pregunto quién va a facturar y me dice que las constructoras pagan en efectivo. Ahí entiendo que estamos haciendo algo ilegal», apostillaba el comisionista. Según Aldama, comenzaron a «caer licitaciones» para las que «pactábamos una cantidad». Por otro lado, Koldo le habría comentado que «el presidente estaba al tanto de todo».
Por otro lado, lamentaba que era «casi imposible suministrar todos los meses cantidades importantes de dinero en efectivo», fijando en 10.000 euros los gastos «mensuales fijos» que estableció para Koldo y Ábalos, aunque pidió un método alternativo. Así es como surgió la posibilidad «de pagar el piso a Jésica» o de ofrecer viviendas vacacionales de las que el ministro disfrutó (la de La Alcaidesa, en Cádiz o La Parra, en Marbella).
Sin embargo, uno de los comentarios más relevantes fue el de la relación entre Koldo y Sánchez. «Si hay una organización criminal, de la que yo formo parte, el señor presidente del Gobierno está en el escalafón uno, el señor Ábalos en el dos, Koldo en el tres y yo en el cuatro», aseguraba en el Supremo. Del mismo modo, resaltó la influencia que el exasesor tenía en el resto de «ministros y asesores» hasta el punto de que todos «le descuelgan su teléfono». «Lo hacían porque era el hombre de Pedro Sánchez [a propuesta de Santos Cerdán]», sentenciaba.
Pese a la salida de Koldo y Ábalos de Transportes, el conseguidor afirmaba que «siguen teniendo potestad y autoridad». Concretamente, destacaba la buena relación del exasesor «con Policía Nacional y excelente con el resto de ministros por quien le protegía, que era Pedro Sánchez».
«Una o dos chistorras»
El hombre para todo del Ministerio de Transportes centró su defensa en exculpar tanto a Ábalos como mantener a Pedro Sánchez fuera del foco. Sin embargo, salpicó al PSOE al respecto de la presunta financiación ilegal, asegurando que recibió «chistorras» —billetes de 500 euros— en Ferraz.
Koldo basó su discurso —asesorado por su abogada Leticia de la Hoz— en la negación constante de los delitos de los que se le acusan: organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Negó haber cobrado de Aldama entre 2019 y 2022 mordidas de Soluciones de Gestión o haber recibido regalos del empresario. A este lo redujo a un simple «conseguidor» que buscaba reducir su pena.
Diferente fue el tono empleado con Ábalos, al que estará «agradecido toda la vida». Aunque la forma fue la misma, la negación: de comisiones sobre el material sanitario —en el que el exministro le pidió que se «volcara»— o los enchufes de Jésica Rodríguez —según Koldo, vertió chantajes sobre Ábalos para no «airear cosas personales»— o Claudia Montes, Miss Asturias 2017. Sobre la primera, Koldo dijo desconocer si Jésica trabajaba o no; además de atribuirse el pago de su renta de su propio patrimonio, también pidiendo dinero a su hermano Joseba García. De la segunda, narraba cómo Ábalos le pidió «cómo se le puede ayudar». «Me dijo que había una persona con unas necesidades específicas, su hijo, que no puede pagar el alquiler, para comer...». Tiempo después acabó 'enchufada' en Logirail.
«Yo ya no hablaba con el presidente», espetó para defender a Sánchez, alegando que cortó su relación cuando llegó a la Moncloa. Sin embargo, no salió igual de bien parado el PSOE. El exasesor verbalizó «con rotundidad» que recibió dinero en metálico de la formación durante tres años. A través de una serie de preguntas de su abogada, aseveraba que no tenía un cargo formal en el partido, pero cobró «una o dos chistorras al mes», apostillando que se refería a billetes de 500 euros. Estos gastos serían, según el relato de Koldo, reintegros de gastos por su trabajo en la Secretaría de Organización del partido o por tareas en el ministerio.
Amantes, enchufes y patrimonio
Ábalos ejecutó este lunes una estrategia similar a la de Koldo, negando su responsabilidad y delegando en su asesor las cuestiones espinosas, todo ello sin mencionar a Sánchez.
A las dos horas de declaración, lanzaba que «este es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara», admitía con cierta resignación. Así, se desentendía de las contrataciones irregulares tanto de Jésica Rodríguez como de Claudia Montes y de los contratos de material sanitario a cambio de mordidas a la empresa de Aldama.
Buena parte del interrogatorio del fiscal jefe Anticorrupción Alejandro Luzón fue en esa línea, sobre los ocho millones de mascarillas adjudicados a Soluciones de Gestión por 36 millones de euros por medio de Puertos del Estado.
El exministro dijo que por su mano no pasó «ninguna oferta» —mientras que Koldo habló de cuatro— y que se limitó a dar una «orden política» para comprar el material «lo antes posible». La cifra de mascarillas fue su tumba, tratando de salvar sin éxito el aumento repentino de cuatro a ocho millones en un lapso de 38 minutos. Fue Aldama el que impuso el «ocho millones o nada». Sobre el comisionista, Ábalos dijo que «nunca fue su amigo» y que mantuvo siempre «cierta distancia».
Del mismo modo, mencionó que la contratación de Koldo recibió un trato similar a los miembros de su gabinete y le designó para incorporarse a dos cargos «menores» como eran el consejo de administración de las empresas públicas Renfe Mercancías y Puertos del Estado. «Este tipo de cargos no responden tanto a méritos», sino a motivos de «confianza», comentaba, advirtiendo que sus predecesores hicieron lo mismo en el pasado.
«¿En todos estos años, esto es lo que me han encontrado en efectivo, 95.000 euros, de millones?», se ha preguntado el exministro, sobre las mordidas que le atribuía la UCO. También trataba de victimizarse, aseverando que «no tiene ingresos» desde el pasado diciembre. El fiscal Luzón tuvo que recordarle que también gastó más de 400.000 euros en efectivo en tan solo dos años en los que no acudió al cajero —según sus cuentas bancarias—. «El sesgo [de la UCO] es permanente. Si tuviera dinero ya habría aflorado», insistía.
Al respecto de los pagos en metálico del PSOE, Ábalos mencionaba que es una práctica que lleva haciendo «toda la vida». Así justificaba los sobres que la formación repartía en Ferraz entre más de «250 personas». «La operativa de todo esto desde que yo estoy con Koldo, desde octubre de 2017 como conductor, hasta que dejé la secretaría de Organización en julio 2021, en todo este tiempo el que asumía el control de gastos era él. Recogía los tiques», aseveraba el exministro, chocando con la versión de su exasesor. También negaba que Aldama le hubiera entregado dinero en efectivo.
Y, para hablar de los pagos por el piso en Plaza de España (Madrid), era inevitable comentar su relación con Jésica. Sobre esta dijo que «llegó un momento en que ya no me importaba que me vieran. Hasta quería que mi mujer se enterara. Ella [Jéssica] compartía casa con otras chicas y planteamos un espacio porque yo tenía la expectativa de que esa relación pudiera prosperar». Por eso el piso de la Castellana, además de otros que vio.
«El piso de Castellana estaba pensado para que fuera el piso que iba a compartir con Jésica. El piso de Plaza de España era para una estancia provisional», matizaba después de reconocer que sabía que era el socio de Aldama, Alberto Escolano, quien lo pagaba.
Así, sobre su contratación en Ineco, el exministro de Transportes negaba «haber hablado con Isabel Pardo de Vera» u «ordenarle a Koldo que hablara con la expresidenta de Adif». Del mismo modo, decía desconocer su paso a Tragsatec, cargando a Koldo la gestión.