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Pedro Sánchez, este jueves en Torrejón de ArdozEuropa Press

La corrupción del sanchismo

Sánchez presenta la campaña contra incendios con el PSOE y la legislatura en llamas

El presidente trata de aparentar normalidad y continuar con su agenda, mientras los socialistas esperan cada vez con más impaciencia las explicaciones de Zapatero

«Somos conscientes de que esta amenaza va a más», afirmó Pedro Sánchez este jueves. Pero no, no se refería a la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y su próxima declaración ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, inicialmente prevista para el 2 de junio. Tampoco aludía a la sentencia del Tribunal Supremo sobre caso mascarillas, que será la primera contra la corrupción económica del sanchismo y que se espera para la segunda quincena de junio. Ni al juicio contra su hermano, que dará comienzo en la Audiencia Provincial de Badajoz la próxima semana. El presidente estaba hablando de fuegos en sentido estricto.

Sánchez ha optado por aparentar normalidad y continuar con su agenda, como si nada hubiera cambiado después del auto del instructor del caso Plus Ultra contra el tótem del PSOE. Auto que hasta en la Moncloa han acabado reconociendo que es «serio», y por eso ya evitan hablar de lawfare. Irónicamente, el presidente presentó este miércoles la campaña de lucha contra incendios forestales 2026, cuando su Gobierno, su partido y la legislatura están en llamas.

En la base aérea de Torrejón de Ardoz, y acompañado por la vicepresidenta Sara Aagesen y la ministra Margarita Robles, Sánchez presumió de que el Gobierno va a hacer «el mayor despliegue del Estado para una campaña antiincendios». Con el objetivo de que no se repita un verano similar al de 2025, cuando ardieron 350.000 hectáreas. «Debemos prepararnos para afrontar este desafío», señaló también. Pero no, tampoco ahí se refería a la situación crítica por la que atraviesa.

Peor aún que la que vivió en junio de 2025, tras la imputación del entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, y su posterior ingreso en prisión provisional. Entonces, el presidente tiró a Cerdán por la borda ipso facto. Ahora no: Zapatero se enriqueció, presuntamente, con decisiones del Consejo de Ministros de Sánchez, de ahí que ambos viajen en el mismo barco, mal que le pese a este último.

En el PSOE pensaban que lo peor que les iba a tocar gestionar esta semana era el fracaso estrepitoso de María Jesús Montero en las elecciones andaluzas y se ha chocado con un iceberg de dimensiones aún incalculables. Todos están esperando, y cada vez con más impaciencia, las explicaciones de Zapatero, que el martes anunció en su vídeo: «Atenderé en los próximos días a los medios de comunicación». Sin embargo, desde entonces no hay noticias de él. Su abogado, el experto procesalista Víctor Moreno, no quiere que hable con la prensa antes de su declaración judicial, para que no diga nada que lo comprometa.

El presidente aprovechó la sesión de control de este miércoles en el Congreso para proclamar dos veces: «Todo mi apoyo al presidente Zapatero», como también su respeto a la presunción de inocencia. Pero en el partido nadie se atreve a negar categóricamente todos los hechos que se le imputan al expresidente, como «vértice» -según el auto- de una trama de tráfico de influencias. Tratan de convencerse de que el juez solo hace «conjeturas» sin aportar «pruebas documentales»; como si un auto de imputación fuese el momento de los hechos probados.

En cualquier caso, ya van por la tercera teoría conspiratoria, y solo estamos en la tercera jornada. Primero dijeron que era lawfare. Después, una vendetta de la derecha por la esencial contribución de Zapatero a la campaña de las generales de 2023 y a los posteriores acuerdos de investidura. Y ahora están en que la mano que mece la cuna es la de Donald Trump, por la colaboración del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos en esta investigación.