Fundado en 1910

Ilustración de David Sánchez, el hermano del presidente del GobiernoEl Debate

El perfil

David Sánchez, el maestro que pasó del enchufe al banquillo

Un lunes al sol este Barenboim sin trabajo se topó «casualmente» en Google –como le contó a la instructora– con una convocatoria de la Diputación de Badajoz que se ajustaba como anillo al dedo a sus preferencias profesionales. Eureka

Un Sánchez Pérez-Castejón ya está sentado en el banquillo de los acusados. La Prensa a la que tanto odia el hermano del procesado, presidente del Gobierno para más señas, destapó, con El Debate a la cabeza, un turbio manejo de tráfico de influencias y prevaricación –los dos delitos por los que se investiga a David Sánchez (Madrid, 52 años)– que cristalizaron en su contratación irregular en 2017 como coordinador de conservatorios en la Diputación de Badajoz. El músico, que se hace llamar artísticamente David Azagra y que cuenta entre sus estelares obras con una ecuménica Danza de las Chirimoyas, se enfrenta a penas de cárcel de tres años, aunque la fiscalía siempre ha pedido el archivo de las pesquisas. La Audiencia Provincial, sin embargo, ratificó el procesamiento pedido por la instructora Beatriz de Biedma a la que, como al juez Peinado, el equipo de opinión sincronizada y el Consejo de Ministros en pleno han intentado desacreditar sin conseguirlo. Para más inri, la pieza que investiga el juez Pedraz, que dio lugar al registro de la sede socialista el pasado miércoles, incluye una operación para torpedear a la jueza Biedma en sus pesquisas contra Azagra. Si el «comando garrapata» –así lo llama Pablo Iglesias– puso sus ojos en esta jueza es que no lo estaba haciendo tan mal.

A la espera de Begoña Gómez, será Azagra el primero de la familia en rendir cuentas ante la justicia. Hasta ese momento vive, como ha revelado este diario, en un piso de Madrid, en el entorno del Bernabéu, cerrado a cal y canto para que no se le detecte. Desde allí se trasladó el pasado jueves a la sede judicial, adonde entró por la puerta de atrás. Por su estancia en San Petersburgo y Moscú el pequeño de los Sánchez era conocido como «el ruso». De hecho, su abogado, Emilio Cortés –que tuvo que ser apercibido por el tribunal por elevar la voz– pidió hace tres días que constase en la causa los títulos homologados en España que había cursado en el país de Putin; sostiene su defensa que esa formación le valió la máxima puntuación en el epígrafe de títulos para obtener el cargo hoy investigado. Todavía esperan los jueces que el letrado los aporte.

A «el ruso» le empezaron a denominar en ámbitos musicales «David Azagra». Por la Diputación de Badajoz, donde ostentaba la dirección de la Oficina de Artes Escénicas, se le denominaba «el desaparecido». Pero allí y acá, antes y después, ayer y hoy, siempre ha sido una sola cosa, condición que ha exprimido como a un limón: hermano del presidente del Gobierno de España. Sesenta y cuatro páginas de un demoledor auto de la Audiencia Provincial de Badajoz le mandaron hace unos meses a juicio por encarnar un fenotipo ampliamente conocido y que se resume en un sintagma sencillo: ser enchufado de su hermano. Y un enchufado con premio: su íntimo amigo, el también procesado presidente de la Diputación de Badajoz y causante del peor resultado del PSOE en Extremadura, Miguel Ángel Gallardo (aforator, conocido así por sus prisas para aforarse tumbando a cinco compañeros que tuvieron que renunciar a sus actas de diputado), le creó, según los jueces, un puesto adaptado «a sus exclusivas preferencias personales», puesto de trabajo al que no acudió, a pesar de que firmó un contrato en régimen de «plena dedicación». Y, para aprovechar la fuente de energía de ese «enchufe», él instaló otro que favoreció la contratación de Luis Carrero, un amigo que, casualmente, era asesor del palacio de La Moncloa. Para los dos, según sostuvo la instructora, se incumplieron los requisitos de acceso a un empleo público. Azagra es el único alto cargo de Badajoz al que asignaron de ayudante personal a un fontanero adscrito a la Unidad de Mensajes del Palacio de La Moncloa; el tal Carrero fue contratado después de que la jueza imputara al hermano del presidente por delitos contra la Administración pública (tráfico de influencias y prevaricación), y contra la Hacienda Pública (malversación de caudales públicos).

David Sánchez Pérez-Castejón tiene 51 años, estudió bachillerato en un exclusivo colegio de Maine, Estados Unidos, y se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales, Icade. Hijo pequeño del matrimonio formado por Pedro y Magdalena, una familia de clase media alta residente en la madrileña calle del Comandante Zorita y dedicado al negocio de los plásticos, decidió poner tierra de por medio y marcharse a San Petersbugo a formarse en el Conservatorio estatal de esta ciudad, mientras su hermano mayor brujuleaba por la política, sin haber conseguido ser más que concejal por Madrid; y por accidente. El hermano mayor se deshizo en halagos en su biográfica Tierra firme con el pequeño de la familia: «He tenido la ocasión de conocer Rusia de cerca gracias a mi hermano. Es músico profesional y habla ruso con fluidez, porque de muy joven tomó una decisión valiente que siempre he admirado. David estudió Económicas pero un buen día nos dijo que quería dedicarse a la música e iba a marcharse a San Petersburgo y se marchó a la aventura siguiendo su vocación».

Su «aventura» rusa duraría de 1998 a 2006. Allí, tal y como cuenta en su libro La sagrada familia Alejandro Entrambasaguas, se compraría una vivienda por valor de 42.056,32 euros, sufragada por su padre Pedro Sánchez Fernández. A su vuelta, y al calor de la presencia de su hermano en el Consistorio madrileño, comenzó a participar en ciclos de música del Ayuntamiento. Pero duraría poco su suerte. Así que tomó las de Villadiego y se marchó a Milán para hacer un máster en gestión cultural. A la vuelta, un lunes al sol este Barenboim sin trabajo se topó «casualmente» en Google –como le contó a la instructora– con una convocatoria de la Diputación de Badajoz que se ajustaba como anillo al dedo a sus preferencias profesionales. Eureka. Y el PSOE se lo puso en bandeja: súbitamente y frente a la oposición de los funcionarios, ese organismo había decidido que necesitaba un coordinador de los dos únicos conservatorios con los que cuenta la ciudad. Ese fortuito clic cambiaría su vida y la del Gobierno de España. El gris músico conseguía una bicoca bajo la manta protectora del socialismo pacense. La UCO interceptó en mayo de 2017 un correo de uno de los directores de los dos conservatorios, Evaristo Valentí, que le dirigía a la responsable del otro centro de música con una sola palabra: «Hermanito». Era evidente: la plaza tenía dueño.

Y el dueño lo sabía, porque en pleno proceso de selección, Azagra escribió a través de la plataforma Airbnb al propietario de una casa en su nuevo destino profesional informándole de que «me voy a trasladar a trabajar a Badajoz capital y me está costando encontrar la casa que me gustaría. Sería para mí solo. ¿Ustedes también contemplan un alquiler más prolongado?». El hermano de quien iba a ser presidente ya estaba seguro de que iba a ganar la plaza antes de presentarse a la entrevista personal. La responsable de la evaluación, una diputada provincial, le dio sobresaliente. Los otros tres miembros del tribunal, también. Todos eran afiliados al PSOE. De los 8.217 correos que la Guardia Civil incautó a nueve directivos investigados y hoy procesados, la mayor parte arrojan una conclusión inquietante: nadie entendía las necesidades que se pretendían cubrir con el recomendado Sánchez.

Pero el brother siguió a lo suyo y desembarcó en su flamante empleo: eso sí, nadie le vio nunca. Según él, recibió un permiso para teletrabajar. Cuando gracias a la investigación de este periódico, el foco se puso en las irregularidades de su contratación, se fabricaron papeles que justificaran su privilegiada posición. Hasta decidió empadronarse en Elvas, Portugal, para pagar menos impuestos mientras recibía un sueldo público de 55.000 euros en un organismo público español. David lo justificó ante el juzgado número 3 de Badajoz en una testifical que bien podría servir de guion para los monólogos de Leo Harlem, por «su amor a la región lusa de El Alentejo». Una admiración por Portugal que le ha generado un ahorro de 76.000 eurazos, situando su residencia fiscal a solo 19 kilómetros de la «Hacienda somos todos» de España, lo que le permite quedar fuera del alcance del sistema confiscatorio de su hermano mayor. Hasta entabló relación profesional –solicitando ayudas para su Ópera Joven– con el jefe de gabinete del primer ministro portugués Antonio Costa, cargo del que terminó dimitiendo el mandatario luso precisamente por los chanchullos de su subordinado. Allí, en tierras lusas, los presidentes dimiten cuando la corrupción los cerca. Aunque, como en el caso de Costa, luego se les exonere.

En plena pandemia, el músico conoce a través de una plataforma de intercambio de idiomas –habla perfectamente media docena– a la que sería su esposa, la funcionaria de Naciones Unidas de origen japonés Kaori Matsumoto. Así que decide pedir una excedencia que se prolonga hasta finales de 2021 y se marcha a Bangkok a profundizar en una relación hasta ese momento tan solo virtual. Cuando vuelve ya lo hace casado con Kaori, que está embarazada de una niña. «El ruso» va a tener que ir templando la voz que le ha prestado su hermano Pedro para, en cualquiera de los seis idiomas y desde esa cabeza desembarazada de razones, parlar quizá esta misma semana para convencer a los magistrados. Cinco jueces de distintos tribunales ya han apuntado a que Sánchez es el señor X en esta contratación bajo sospecha.