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Rita Maestre, Lara Hernández, Antonio Maíllo, Mónica García y Ernest UrtasunEuropa Press

Doce años y sin referentes: la extrema izquierda afronta una crisis identitaria sin una cabeza visible

  • Las caras visibles de aquel partido que ingresó en las instituciones en el 2015 han desaparecido casi por completo

Podemos irrumpía en la política española entrando en la mayoría de Parlamentos autonómicos en mayo de 2015, con 69 diputados en el Congreso de los Diputados en las elecciones generales de diciembre de ese mismo año y conformando el primer Gobierno de coalición de la democracia en 2019. Más de una década después, la extrema izquierda se encuentra fragmentada y la formación morada —comicios tras comicios— no para de desaparecer de las comunidades autónomas.

Antes de anunciar su decisión de no encabezar las listas de Sumar en las próximas elecciones generales, Yolanda Díaz resquebrajó la unidad que quedaba a la izquierda del PSOE echando un pulso a Pedro Sánchez ante la presunta corrupción socialista y los casos de supuestos de acoso sexual del expresidente de la Diputación de Lugo, José Tomé; el exasesor de Moncloa, Paco Salazar; o el ex-DAO de la Policía Nacional, José Ángel González. Ahora, tras su renuncia en diferido, se busca una cabeza visible sobre la que reconstruir la causa y armar un proyecto.

Eso intentaron el sábado 30 de mayo, donde —como ya hicieron a finales de febrero— volvieron a reunirse en busca de reforzar la macrocoalición que conforma Sumar. Los ministros de Cultura, Ernest Urtasun; Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Bustinduy; y Sanidad, Mónica García; así como el coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, la coordinadora general de Sumar, Lara Hernández, y el coportavoz de los Comuns y diputado de Sumar, Gerardo Pisarello escenificaron una unidad que empieza herida.

Aunque han sido varias las formaciones que han reconocido la gravedad de la imputación de Zapatero o las supuestas tramas que involucran al exministro José Luis Ábalos, ninguna voz ha sido capaz de desmarcarse del PSOE y erigirse como una alternativa contra la corrupción.

Desbandada de figuras

Las caras visibles de aquel partido que ingresó en las instituciones en el 2015 han desaparecido casi por completo. La salida más significativa fue la de Pablo Iglesias, quien abandonó la vicepresidencia del Gobierno para tratar de arrebatarle la presidencia de la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso. Su ambicioso plan acabó con los que serían los mejores resultados del Partido Popular hasta la fecha y con Iglesias retirándose de la política.

La exministra de Igualdad, Irene Montero, es otra de las alternativas para reunir a la extrema izquierda. Actualmente eurodiputada de Podemos, pesa sobre ella su desastrosa ley del 'solo sí es sí', que ha rebajado penas y puesto en libertad a agresores sexuales.

Con Ione Belarra como secretaria general, la formación no para de caer en los Parlamentos autonómicos, lo que podría ser una premonición de lo que ocurra en las próximas generales.

Ya fuera de Podemos, además de la salida de Yolanda Díaz, Mónica García seguirá los pasos de Pablo Iglesias para —en Más Madrid— sacar a Ayuso de la presidencia madrileña. Dentro de su partido, Íñigo Errejón, quien fuera otro de las figuras de la extrema izquierda, se encuentra al margen de la política y envuelto en un presunto caso de agresión sexual a Elisa Mouliaá.

En este panorama, dos nombres serían la alternativa: el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Sin embargo, ambos se han descartado. El primero ha reiterado que liderar el proyecto no es a lo que «aspira». El segundo mencionaba que su lugar a ocupar es el de estar «al lado del candidato o candidata».

Rufián y Montero

Con las antiguas figuras desaparecidas y con las actuales nadando en la indefinición, el independentista Gabriel Rufián se ha puesto a tiro para ser el referente de la nueva extrema izquierda. Desde hace tiempo que el portavoz de ERC en el Congreso viene reclamando una colaboración de las izquierdas, llamando tras las elecciones andaluzas a conformarlo.

Lo que es innegable de Rufián es su tirón a través de redes sociales. Otra cuestión es si alguien que defendía la ruptura de España logrará convencer a los votantes de fuera de Cataluña.

Es precisamente en su perfil de X donde ha adulado a otras dos figuras que aspiran, como él, a liderar ese «frente amplio de izquierdas»: a Montero, compartiendo su discurso sobre vivienda, y a Bustinduy, a quien calificaba como «una de las mejores cabezas que hay en la izquierda».

De hecho, desde Más Madrid reconocían que es «innegable» que Rufián fuera un «activo electoral», dando la bienvenida a «todo lo que contribuya a ganar escaños». Por su parte, desde Izquierda Unida y Comuns rechazan los «hiperliderazgos» y han instado al de ERC que defina un proyecto claro con «papeles» antes de hablar de candidatos.

En Podemos, quienes criticaban primeramente a Rufián, ha habido un cambio de rumbo, alentando un tándem con la exministra Montero. Ahora se cree que es la solución para revitalizar a la extrema izquierda y reclaman tiempo. Un tiempo que desde Sumar dicen no tener, urgiendo a escoger una cara visible para la nueva marca en vista de los siguientes comicios.

Por otro lado, Bildu y BNG se han negado a ponerse bajo el paraguas de una posible candidatura de Rufián, mientras que Compromís ha respaldado sus intenciones.