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Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en un acto de la Internacional Socialista

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en un acto de la Internacional SocialistaEP

De galáctico a lastre

El PSOE asume que Zapatero es irrecuperable para la campaña de las generales

La decisión del expresidente de fiar su defensa a la anulación de pruebas y a la prescripción del delito fiscal puede funcionarle judicialmente, pero política y socialmente es devastadora

Hay algo que la declaración de José Luis Rodríguez Zapatero ante el juez José Luis Calama del miércoles difícilmente podrá recomponer: su imagen (ha pedido el aplazamiento de la parte correspondiente a las joyas, no de todo). Y eso lo saben los socialistas, aunque no puedan confesarlo. Saben que Zapatero ya nunca más será revulsivo en una campaña electoral, como la que protagonizó en julio de 2023. No podrán tirar de él para levantar la moral de la tropa en la de las próximas generales, cuando quiera que las convoque Pedro Sánchez.

Se trata de una pésima noticia para el PSOE, porque los cuatro pilares sobre los que asentó su resultado en las últimas generales se han derrumbado o amenazan con hacerlo. Por un lado, el voto femenino: Sánchez obtuvo entre ocho y diez puntos más entre las mujeres que Alberto Núñez Feijóo, y hoy muchas de esas mujeres están decepcionadas por los escándalos de prostitución que han afectado al PSOE. En segundo lugar, la victoria aplastante del PSC, que logró 13 escaños más que el PP en Cataluña y que hoy, sin embargo, acusa un enorme desgaste. Además de haberse involucrado en el caso Leire, con el juez solicitando toda su contabilidad de los ejercicios de 2024 y 2025. Tercero, un resultado aceptable en Andalucía, donde redujeron la diferencia con el PP a cuatro escaños. Ahora, tras las últimas autonómicas, eso se antoja imposible. Y cuarto: Zapatero y su tirón.

Su imputación por los delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental primero, y fraude fiscal y contrabando después, ha arrasado la reputación de un expresidente del Gobierno que presumía de que ser socialista es «tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho» mientras guardaba en la caja fuerte de su despacho collares adornados de diamantes, rubíes y esmeraldas no declarados a la Hacienda pública. Y cuyo origen no ha sido hasta el momento aclarado. La única certeza es que su portavoz autorizado, Luis Arroyo, cifró su valor entre 30.000 y 50.000 euros y la tasación determinó que el ajuar sumaba más de 1,3 millones.

La decisión de Zapatero de fiar su defensa a la anulación de las conversaciones obtenidas por Estados Unidos del teléfono del accionista de Plus Ultra Rodolfo Reyes —el que se refería a él como «nuestro pana»— y a la prescripción del delito fiscal en el caso de las joyas puede funcionarle judicialmente. Pero política y socialmente es devastadora: el que fuera líder del Ejecutivo durante casi ocho años buscando subterfugios legales para desactivar la acción de la Justicia, en lugar de defender su inocencia por encima de lo demás.

Zapatero ya desapareció de las campañas de las recientes elecciones en Extremadura en diciembre y en Aragón en febrero. Y lo hizo después de que, el 11 de diciembre, la UDEF detuviera a su amigo, pagador y empresario Julio Martínez Martínez, acusado de blanqueo de capitales. Como desveló entonces El Debate en exclusiva, ambos se habían reunido 72 horas antes del arresto en el monte de El Pardo.

Reapareció en la campaña de las elecciones en su tierra, Castilla y León, del 15 de marzo, subido a la ola del «No a la guerra» (esta vez, de Irán) y cuatro días después de haber comparecido en la comisión de investigación del Senado, donde dio varios pasos en falso. Su declaración en la Cámara Alta estuvo plagada de inconcreciones y en ella hubo varias incoherencias sobre su relación contractual con Julio Martínez, la de sus hijas y su participación en el rescate de Plus Ultra, que negó tajantemente. En aquel mitin en León del 6 de marzo, el secretario provincial del partido, Javier Cendón, proclamó: «El compañero José Luis es una persona sin tacha».

María Jesús Montero junto a José Luis Rodríguez Zapatero

María Jesús Montero junto a José Luis Rodríguez ZapateroEuropa Press

En la campaña de Andalucía protagonizó siete actos, siempre en defensa del Gobierno de España al que la candidata, María Jesús Montero, había pertenecido hasta finales de marzo. Dos días después del batacazo del PSOE-A, el 19 de mayo, el magistrado de la Audiencia Nacional lo imputó por primera vez, provocando una conmoción en el partido que ha ido a más. Primero el registro, después el auto, más tarde el sumario y, lo último, la tasación de las joyas y la nueva imputación del juez Calama el pasado viernes.

Nadie sabe muy bien cómo Zapatero acabó siendo el fichaje galáctico de la campaña de julio de 2023, capaz de cambiar el guion de un partido que apuntaba a goleada del PP según los sondeos. Según su propia versión, fue motu proprio: decidió dar un paso al frente después de lo sucedido en la campaña de las municipales y autonómicas de dos meses antes, «al ver que se arrojaba el terrorismo y las víctimas de ETA al PSOE», según contó entonces a La Sexta. «Es un deber cívico absoluto comparecer, hacer alegatos y explicar lo que se juega España el 23 de julio», sostuvo también. Con la perspectiva que da que un juez de la Audiencia Nacional lo sitúe como el «vértice» de una trama de tráfico de influencias dentro del Gobierno de Sánchez en beneficio de Plus Ultra, hay quienes se preguntan ahora si acaso Zapatero no tenía un interés más personal que político en la continuidad del Ejecutivo socialista.

Su portavoz autorizado tuvo que pedir perdón el viernes «por haber inducido a error sobre el valor de las joyas», pero el sábado volvió a hablar en TVE. Y allí sostuvo que el expresidente «tiene ganas» de dar todas las explicaciones el miércoles y el jueves. «Toda su vida está rota ahora mismo. Su vida, sus viajes internacionales…», lamentó Arroyo. Las mismas ganas tienen en el Gobierno y en el PSOE, pero de escucharle. Llevan un mes defendiendo la presunción de inocencia del expresidente en circunstancias cada vez más adversas.

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