Pedro Sánchez, durante una de sus intervenciones de este miércoles en el Congreso
Sus próximos pasos
Sánchez se pone la corrupción por montera sin pudor e inicia una larga campaña electoral
Se suponía que el presidente debía responder sobre los casos que afectan a su familia, a su Gobierno y a su partido, pero nada de eso hizo. Tampoco pidió perdón ni anunció medida alguna
Pedro Sánchez ni siquiera pidió ayer perdón a la ciudadanía. Según él, porque ya lo hizo cuando tocaba y ahora no toca. «Expulsamos inmediatamente a los investigados, comparecí ante sus señorías, pusimos al servicio de la justicia y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado toda la información requerida. Renovamos la dirección del PSOE e impulsamos medidas, muchas medidas, para reforzar los mecanismos de control, de supervisión y también de prevención contra la corrupción en el Gobierno», expuso en el Pleno del Congreso. Borrón y cuenta nueva.
Se suponía que el presidente debía responder sobre los casos de corrupción que afectan a su familia, a su Gobierno y a su partido, de eso se trataba teóricamente. Sin embargo, Sánchez convirtió su comparecencia en el primer acto de la larga campaña electoral en la que España amanece metida este jueves. Ya lo dijo sin rodeos el portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López, al que nunca hace falta leer entre líneas porque con él no caben los dobles sentidos: «Cuando llegue el momento, nosotros también pediremos al que pueda hacer que haga y vote al PSOE», afirmó al término de su primera intervención, durante la que también señaló: «Buscan destruirnos», mientras varios ministros del PSOE asentían con la cabeza, convencidos.
El presidente se quitó la corbata y cambió el tono institucional por el de un candidato al choque contra los que considera sus enemigos, el PP y Vox, pero también contra los que considera sus rivales por la izquierda: Sumar, Podemos y ERC, sobre todo. A Gabriel Rufián llegó a recordarle que el 70 % del electorado de Esquerra quiere que el Gobierno termine la legislatura. Y al choque, también, contra el pesimismo y la decepción entre las bases socialistas. Bien sabe Sánchez que para espolearlas nada mejor que un chute de adrenalina como el que las inyectó ayer.
Eso sí, un candidato de un partido que tiene a un secretario de Organización condenado a 24 años de prisión y otro en libertad provisional. Un partido cuya contabilidad está siendo investigada en la Audiencia Nacional, en una pieza bajo secreto de sumario. Y que tiene, también, una gerente imputada y una presidenta llamada a declarar como testigo por mensajearse con Leire Díez. Más lo de su tótem, José Luis Rodríguez Zapatero, del que este mismo miércoles se supo que cobró 200.000 euros por influir a favor de una empresa peruana en el Gobierno de Bolivia, según la UDEF.
Pero de nada de ello habló Sánchez, que no solo no aceptó lecciones de la oposición ni de sus socios, sino que se permitió darlas él. Fue, de hecho, lo único que dio, porque ni siquiera se molestó en presentar un nuevo plan contra la corrupción, que habría sido el tercero en poco más de dos años, tras el fracaso de los dos anteriores -no pasaron del eslogan-. Por el contrario, el presidente culpó a los grupos de que ni el Plan de Acción por la Democracia ni el Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción hayan pasado de papel mojado y pidió su colaboración para aprobar en el Congreso las medidas en ellos contenidas.
Alberto Núñez Feijóo y, detrás, Pedro Sánchez
Los pasos
Sánchez empezó a destapar sus cartas cuando el 3 de junio anunció, en una conferencia en el Cercle d'Economia, que su Consejo de Ministros aprobaría los Presupuestos de 2027 y los llevaría al Congreso para su tramitación, sabiendo que están abocados al fracaso. Porque, aunque no tenga en contra una mayoría capaz de hacer prosperar una moción de censura, tampoco tiene una mayoría a favor desde hace muchos meses. Y todo apunta a que la derrota de sus cuentas será el toque de corneta para las elecciones generales.
Los siguientes pasos que dará el presidente se producirán en las próximas semanas. El lunes 29 de junio, el Consejo de Ministros aprobará un real decreto ley con la prórroga de algunas de las medidas que desplegó para paliar los efectos de la guerra de Irán. Ese día, el vicepresidente Carlos Cuerpo presentará el nuevo cuadro macroeconómico, que servirá como base para la elaboración de los Presupuestos.
En julio, el Consejo de Ministros aprobará el techo de gasto y, asimismo, los objetivos de deuda y déficit públicos (la llamada senda de estabilidad) para llevarlo todo al Congreso antes del parón de vacaciones. También son trámites previos a la confección de las cuentas públicas. La Moncloa bajará la persiana todo agosto, confiando en que el suflé de los casos de corrupción baje con la canícula y el cierre de los juzgados: el último Consejo de Ministros del curso será el 28 de julio y, salvo imprevisto, el primero del nuevo curso se celebrará el 1 de septiembre.
Y nos ponemos en otoño, en los últimos meses de la legislatura. «Nos queda un año de legislatura. Y vamos a seguir haciendo lo que hemos hechos desde el primer día: trabajar, acordar y transformar. Vamos a pelear por unos Presupuestos aún más ambiciosos, vamos a encarrilar los próximos cuatro años. Hoy, cuando se habla de cuándo se van a convocar las elecciones, la pregunta no es esa. La pregunta que habrá que responder es si la España que se presenta en 2027 es mejor que la de 2023 o mejor que la de 2018. Yo creo que es mucho mejor», sostuvo el presidente candidato en los compases finales de su tercera y última intervención.
Que los planes le salgan bien dependerá no de unos socios incapaces de dejarlo caer, como demostraron nuevamente este miércoles. Ni de una oposición impotente. Dependerá sobre todo de los tribunales, y por eso Sánchez se fue poniendo la venda: «No engañemos a la gente, señorías. Es razonable suponer que en los próximos meses el goteo de noticias, los avances judiciales continúen. Habrá nuevos hallazgos o nuevas acciones judiciales. Evidentemente, la derecha mediática y política venderán como una nueva muestra más de esa llamada degradación política. Pero no nos equivoquemos, señorías. Desgraciadamente, la degradación ya ocurrió y lo que vamos a presenciar en los próximos meses es su persecución y su purga», adelantó.