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El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares comparece en en el SenadoEFE

Análisis  Cómo hasta Albares hace el ridículo con Ceuta

Le doy un consejo a Albares: que convoque urgentemente al marroquí y le diga: «Vamos a vender armas a Argelia, no sabemos aún cuáles»

Nuestro campanudo ministro de Exteriores convocó este viernes al Embajador de Italia para tirarle de las orejas; un ministro italiano, persona con más enjundia que Albares, había tenido la descortesía de insinuar que España podría ser excluida del espacio Schengen por su negligencia en impedir que miles de personas se cuelen en España.

Yo, si fuera el Embajador italiano, y autorizado por mi gobierno, contestaría sin vacilar a Albares diciéndole, siempre finamente, sin perder los modales: «Indíqueme cuándo termina de afearme nuestra conducta para que yo empiece a poner a usted de cara a la pared. Porque la conducta de España, descuidando las fronteras, haciendo regularizaciones masivas de inmigrantes que nos afectan, es absolutamente desafortunada y atenta a la seguridad europea. Porque estoy seguro, señor ministro, de que usted es conocedor de que los extranjeros regularizados alegremente en España tienen entrada en cualquier país del grupo Schengen. Por lo tanto, y me excuso, Excelencia, por utilizar una expresión popular italiana: «Las medidas que adopta usted, con frecuencia me están tocando los cataplines a mí»».

Convocar al italiano es un brindis al sol para distraer la atención. Cuantas más crisis manejables haya, menos se habla de la docta Begoña, del famoso director de orquesta al que llueven los contratos, de la fontanera Leire y de las joyas de Zapatero que, por casualidad, «estaban ahí», en su caja fuerte. Y sin «afán patrimonial».

Lo malo es que ahora tenemos una crisis monumental, quizás la mayor desde el golpe de Estado de Tejero. España, se mire como se mire, ha sido invadida. Una ciudad española ha sido ocupada por casi tantos marroquíes como habitantes tiene. Pensemos que Málaga encontrara de pronto en sus calles a 280.000 jóvenes en bañador, hambrientos y con ganas de orinar o de hacer caca. Y aquí viene la pregunta: ¿Por qué Albares no ha convocado al embajador marroquí para reprocharle sus responsabilidades? Sabemos que los temas de Marruecos no los lleva Exteriores, sino la Moncloa, pero esto no es excusa.

Nuestro gobierno, Sánchez y sus palmeros, tiene mucha de la culpa de lo que está ocurriendo en Ceuta; el Supremo, interpretando estrictamente la ley, puede haber metido la pata brutalmente. Pero Sánchez y Marlaska no han querido ver lo que ocurriría después de la legalización masiva: los jóvenes y no tan jóvenes africanos y marroquíes saben que con España basta pisar su territorio para, tarde o temprano, ser legalizados. Por eso los rostros de juerga de los invasores de Ceuta. Además, ante lo previsible, han despreciado las medidas de seguridad y el gran Marlaska anteayer aún minimizaba la amenaza. Da bochorno. Pero Marruecos no es inocente.

Los servicios de inteligencia, los españoles, pero mucho más los marroquíes, tenían que haber detectado lo que se preparaba. No podemos concluir que el ataque a nuestra integridad haya sido, como lo fue en mayo de 2021, montado por los servicios marroquíes, aunque ahora estudiarán las similitudes de la reacción española con las de la Marcha Verde de hace medio siglo. Ha sido un buen ensayo, pero es palmario que tenían que conocer la invasión, y de nuevo han sido pasivos. Parece que al Gobierno marroquí le viene bien crear problemas a España y ahora, a sabiendas o pasivamente, nos ha creado uno muy gordo, costoso y HUMILLANTE.

Como contraste, a Sánchez le preocupa mucho más dar un pequeño disgusto al gobierno marroquí que, a corto plazo, la seguridad de los habitantes de Ceuta y, a largo, la españolidad de la ciudad. Hay un misterio en sus tragaderas con Marruecos. ¿Por qué le regaló gratis el Sáhara?

Le doy un consejo a Albares: que convoque urgentemente al marroquí y le diga: «Vamos a vender armas a Argelia, no sabemos aún cuáles». Y cuando el diplomático se quede estupefacto, al despedirlo, añada con la sonrisa seductora, «charmante», que tiene nuestro ministro: «Y algún colega mío está incordiando al presidente con que cambie la postura sobre el Sáhara, que vuelva a la española de siempre, que sostiene que los saharauis deben votar si quieren ser independientes o no. No se preocupe, que yo no pienso así, pero hay colegas importantes del partido que le dan la lata».

Puede que esto disminuya el chantaje migratorio; mientras, convencemos a Marruecos de que acepte YA a todos los invasores y cavilamos cómo se repartirán en las comunidades de la península los que se queden. Seguro que a las del PP van más. Se fomenta la pelea entre PP y Vox, que quitará votos a los populares. Y se siembra otro campo de minas, con más menas, para el nuevo gobierno.