Yolanda y Ade, propietarios del Restaurante Apolo, que este viernes decidió abrir sus puertas
Crisis migratoria
Yolanda y Ade: «Había que ser valientes y abrir, pero nos vemos lejos de Ceuta por culpa del Gobierno»
Los dueños del Restaurante Apolo explican los motivos que les han llevado a no echar la persiana en otro día complicado en la ciudad, mientras barruntan un futuro cada día más alejado de ella
Una estatua de Apolo franquea la calle González de la Vega en Ceuta. Conocido por los griegos como la deidad de la luz, la verdadera luminosidad en esta oscura noche del viernes la puso uno de los pocos establecimientos que, situado a escasos metros de esta talla de bronce, se ha atrevido a abrir desde que se inició la crisis.
El Restaurante Apolo no cerró el jueves, día en el que se inició todo –«jamás habíamos visto algo así»–ni tampoco lo ha hecho este viernes. Al frente del establecimiento, Yolanda, ceutí, y Ade, tangerino. El rostro de la ‘jefa’ es de cansancio, tras haber abierto a las 6 de la mañana, pero también de satisfacción y de orgullo por haber podido ofrecer servicio sin lamentar ningún incidente. «Claro que había miedo», cuenta esta mujer a El Debate. «Comprendo a aquellos que han decidido no abrir. Pero mi postura ha sido la de ser valientes y no dar la espalda a clientes y trabajadores. La gente necesita ver ciertas dosis de normalidad». A juzgar por lo animados que han estado comedor y terraza esta noche, obvia decir que lo han conseguido. Varios de los comensales comentaban con gusto cosas tan mundanas como lo sabrosa que estaba la carne a la parrilla que han degustado.
El dios Apolo, patrón del Oráculo de Delfos, conocido como la deidad de la luz, franquea la calle donde se ubica el establecimiento
No parece raro que por aquí hoy hayan pasado policías, guardias civiles e incluso políticos, que han aprovechado para desayunar o simplemente venir a por un café para llevar desde primera hora de la mañana, cuando los acontecimientos les han permitido un respiro. El céntrico establecimiento emplea a 22 trabajadores, ofreciendo desayunos, comidas y cenas en varios turnos. Varios de ellos son marroquíes. «Quieren trabajar y lo hacen estupendamente», asegura Yolanda. «El único problema que hemos tenido es lo que cuesta arreglarles los papeles».
Un ejemplo de integración y convivencia que, sin embargo, parece estar cerca de irse al traste debido a la inenarrable avalancha de ilegales de las últimas horas, lo que parece haber colmado la paciencia de esta empresaria ceutí. «He mandado a mis hijos estos días fuera porque no me gustaba el ambiente de inseguridad que había, y si esto sigue así, veo nuestro futuro lejos de esta ciudad. Me da pena, pero nos sentimos desprotegidos y abandonados por el Gobierno. Necesitamos estar en un lugar en el que podamos trabajar en paz», asume.
Pero, antes de consultar por ese mañana al dios Apolo, al que se consagró el Oráculo de Delfos, Yolanda y Ade saben que este sábado será otro día en el que no podrán pensar en otra cosa más que en volver a dar la batalla. «Toca otra vez abrir», repiten coordinados sin perder la sonrisa, antes de despedirse para rematar la jornada.