¿Llegará Sánchez al próximo verano? Las seis cartas que jugó en 2023 las ha perdido
El curso termina en siniestro total para el Gobierno y para el PSOE, pero el presidente ha salido vivo. Sin embargo, todas las señales apuntan a que el sanchismo está dando sus últimos coletazos
Pedro Sánchez, el miércoles en el Palacio de la Almudaina, tras despachar con el Rey
Al término de su comparecencia posterior al despacho con el Rey en el Palacio de la Almudaina, una periodista del diario balear Última Hora preguntó a Pedro Sánchez: «¿El año que viene nos veremos?». A lo que él respondió: «Bueno, ese es mi ánimo». La periodista insistió: «Hay elecciones. Lo digo por eso». Y el presidente reiteró que por él no va a quedar. «Eso seguro, eso seguro. Y mi ánimo será, claro, repetir y continuar en la tarea».
Solo le faltaba a Sánchez una agresión marroquí a la soberanía y las fronteras españolas para cerrar un curso cuya parte se resume en dos palabras: siniestro total. Pero del que, al fin y al cabo, el presidente ha salido vivo, que es lo que a él le importa. A pesar de las condenas a su ex fiscal general del Estado, a su ex ministro de Transportes y ex secretario de Organización del PSOE y a su hermano, y de la apertura de juicio oral contra su mujer. A pesar, también, de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, de la actual directora general de la Guardia Civil y su DAO, del anterior director, de tres presidentes de la SEPI, de la gerente del PSOE, de su primer jefe de Gabinete, de Santos Cerdán y Leire Díez…
La gran pregunta es: ¿Llegará Sánchez al próximo verano o este será el último? Todas las señales apuntan a que el sanchismo está dando sus últimos coletazos, aunque aún duren meses. No es solo que todas las encuestas —salvo en el CIS de José Félix Tezanos— sitúen a la derecha por encima de los 200 escaños. Es también que, en este curso, Sánchez ha perdido las seis cartas que jugó en las elecciones de 2023 y lo salvaron. Que son, no necesariamente por este orden:
Una. Zapatero. El expresidente fue el mayor activo de la campaña socialista de las generales de hace tres años, el que devolvió el ánimo y la confianza a un partido que venía de dejarse los dientes en el bordillo de las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Ahora es un activo tóxico, una figura abrasada políticamente e irrecuperable para la causa socialista, independientemente de cuándo llame Sánchez a los españoles a las urnas.
José Luis Rodríguez Zapatero, en el plató de Mañaneros 360º
En su balance del pasado martes en la Moncloa, el presidente se limitó a repetir la letanía que entonan los socialistas desde aquel fatídico 19 de mayo en el que su tótem fue imputado: «Por parte del Gobierno de España, por parte del partido que me honro en dirigir, desde luego cuenta con nuestro respaldo. Respetamos su presunción de inocencia y estamos en las fases iniciales de esta investigación. Ya veremos en qué deriva».
Dos. El voto femenino. Se calcula que, en 2023, Sánchez sacó a Alberto Núñez Feijóo entre ocho y diez puntos de ventaja entre las mujeres. Pero en este curso han pasado muchas cosas: las fiestas con prostitutas de José Luis Ábalos, su picadero de la Plaza de España de Madrid -a un kilómetro de la sede de Ferraz-, sus amantes enchufadas en empresas públicas, las acusaciones de acoso sexual contra Paco Salazar, que fue hombre de confianza de Sánchez…
El presidente ha intentado recuperar terreno entre las mujeres impulsando una reforma de la Constitución para blindar el aborto en la Carta Magna que es, directamente, un insulto a la inteligencia femenina (también a la masculina): sabe que no saldrá porque el PSOE necesitaría tres quintos del Congreso, 210 diputados, y de forma habitual a los socialistas ya les cuesta sacar adelante votaciones por mayoría simple (cuando las sacan).
Tres. El tirón del PSC. Hace tres años, los socialistas sacaron a los populares una ventaja de 13 escaños y 21 puntos de voto en Cataluña. El PSC obtuvo 19 y el PP, seis. Los de Salvador Illa fueron la piedra angular de Sánchez en aquellos comicios. Pero el PSC está hoy de capa caída.
Pedro Sánchez y Salvador Illa, en una imagen de archivo, hace unos meses
El 9 de julio, el CIS catalán publicó un barómetro que mostraba su desgaste y cómo Aliança Catalana ha dado una patada al tablero catalán (con entre 23 y 25 escaños en las autonómicas), superando a Junts y situándose como tercera fuerza, pisando los talones de ERC. Aunque la formación de Silvia Orriols viene diciendo que no se presentará a las generales, sus expectativas son tales que será muy difícil que mantenga su compromiso cuando llegue el momento. Lo que alteraría por completo el resultado en Cataluña.
Cuatro. Andalucía. En 2023, Sánchez obtuvo un resultado aceptable en el otrora feudo inexpugnable del PSOE, que era a lo máximo que podía aspirar. Logró reducir la diferencia con el PP a cuatro escaños, a pesar de que un año antes Juanma Moreno había obtenido mayoría absoluta en las autonómicas y 28 escaños más que el PSOE. Este curso ha sido el del batacazo en las urnas andaluzas de María Jesús Montero, la viva imagen del sanchismo. Conclusión: un PSOE andaluz más sanchista no es más votable, sino menos, a juzgar por los resultados.
Cinco. La extrema izquierda. Hace tres años, lo que eufemísticamente se ha venido a llamar «la izquierda a la izquierda del PSOE», que no es otra cosa que la extrema izquierda, concurrió bajo una única candidatura a las elecciones. Y aguantó el tipo. Sumar obtuvo 31 diputados y se quedó solo una décima por detrás de Vox —el tercero— en porcentaje de voto.
Hoy, se da la paradoja de que si Sánchez no está cayendo más en las encuestas es por el trasvase de voto desde su izquierda. Desde Sumar y también desde Podemos, porque recordemos que los morados amenazan con ir solos a las generales, con Irene Montero de candidata. En el barómetro de julio de Target Point para El Debate, el PSOE recuperaba medio punto en un mes, hasta el 26,1 %, debido a que Sumar se dejaba 1,1 puntos y Podemos, otro medio punto. Pero toda cara tiene su cruz: las cuentas no le salen a Sánchez, dado que no todos los escaños que pierde la extrema izquierda van al PSOE, sino sobre todo a la abstención.
Seis. El miedo a Vox. En 2023, los socialistas agitaron el espantajo del involucionismo y la pérdida de derechos para las mujeres y para las minorías tras los resultados de las elecciones municipales y autonómicas. El pacto exprés que sellaron el PP y Vox en la Comunidad Valenciana para gobernar en coalición fue el combustible que más utilizaron los socialistas en este sentido.
Que Sánchez lo vuelva a intentar no quiere decir que esta vez lo consiga. El PP y Vox vienen de pactar cuatro gobiernos autonómicos en los últimos meses con normalidad: Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Y Feijóo ha acabado reconociendo con cierta naturalidad lo que su electorado y el de Santiago Abascal ya tenían requeteasumido: si los números no le dan para gobernar en solitario, que no le van a dar, gobernará con Vox. No era tan difícil decirlo.
En fin. Vayámonos de vacaciones antes de un curso que, sí o sí, traerá elecciones generales debajo del brazo.