Sánchez consigue poner a Ceuta en el mapa... de Trump
Cada semana nos desayunamos con un pasmoso éxito de la diplomacia española y del Gobierno de Sánchez. El último, histórico, es recalcar a Trump que Ceuta existe y que eso nos crea quebraderos de cabeza. Lo que tendrá serias consecuencias, y no insignificantes
Pedro Sánchez, José Manuel Albares y Donald Trump
Por primera vez en la historia, el presidente del país más importante del mundo, su ministro de Exteriores y una comisión del Congreso, presidida por un cubanoamericano, se expresan en un lenguaje que veladamente cuestiona la españolidad de Ceuta (y de Melilla). Esto es agua de mayo para Marruecos y una funesta noticia para España. No dramatizo.
Primero, no está claro si la CIA jugó algún papel en la Marcha Verde de 1975. Powell ayudó más tarde a resolver la crisis de Perejil después de que Aznar reaccionara acertadamente a la provocación marroquí. Ha quedado después flotando la impresión de que, en caso de una fricción entre España y Marruecos, Washington se lavaría las manos, a pesar de ser Estados Unidos nuestro mayor aliado. Ahora, esto está claro: flota el pálpito de que el actual presidente de los Estados Unidos no solo se lavaría las manos, sino que le vendería a Marruecos muchas de las armas que le pide y que, en caso de pugna, sería un hincha de Marruecos.
Esto se lo ha ganado a pulso el marrullero Sánchez buscando rentabilidad electoral en España. Siempre preocupado por su futuro político en detrimento del futuro español. Nuestro presidente se regodea jugando el papel de líder de los que se oponen a Trump. El presidente estadounidense, tan narcisista como el nuestro, se siente agraviado por esto. Más aún: Trump, obsesionado, con razón, con que los europeos son unos gorrones que se aprovechan de la defensa y del presupuesto de Estados Unidos, ve que hay un gorrón gallito y chulesco que, a diferencia de los demás aliados, no quiere aumentar su presupuesto de defensa y, además, se jacta de ello. Es el jefe de los rebeldes y de los chupones.
Muchos en Europa no están satisfechos con la situación y las explicaciones de Sánchez de que debe mantener el gasto social y no destinarlo a armas producen, más que hilaridad, irritación. ¿Acaso Bulgaria tiene miles de pozos petrolíferos; Lituania, unas minas de rubíes que deslumbrarían al propio Zapatero; o Portugal, un sueldo medio muy superior a los cinco mil euros de la fontanera que Sánchez no conocía?
Lo segundo es que la postura de Trump ha de despertar preguntas en otros aliados. Muchos de ellos piensan que la legalización que ha hecho Sánchez es insolidaria, que les puede perjudicar y que ha provocado, ante la pasividad de Marruecos y de España, la invasión de hace días. Ahora, además, son conscientes de que España tiene un problema en el sur y no todos estarán dispuestos a echarnos una mano en el caso de un roce serio con Rabat. Ya vimos que Francia se alineó con Marruecos en Perejil y el ejemplo puede cundir. La incompetencia y la imprevisión españolas, unidas al posicionamiento de Trump, no presagian nada bueno para nosotros. Ha abierto los ojos a aliados y neutrales sobre el hecho de que hay un punto explosivo en el sur de Europa y de que ellos no deben tomar partido porque, como afirma Trump, «los enclaves están en territorio marroquí». (Habría que recordarle que Guantánamo está mucho más en territorio cubano). La frase es mortal.
Podemos preguntarnos si Marruecos ha organizado, alentado o solo permitido la invasión de Ceuta. En cualquiera de los tres casos, Marruecos es culpable. A continuación, cabe preguntarse qué le grabaron a Sánchez los marroquíes gracias a Pegasus; solo así conoceremos la cesión del Sáhara (el mayor regalo a Marruecos que vieron los siglos), una iniciativa insólita que ha sido engullida sin mayores ronroneos por toda la izquierda española, que sufre mucho y se pone la bufanda con Gaza y no reacciona con los saharauis.
Hay otras conclusiones. Si nuestro servicio de inteligencia, civil o militar, es tan excelente, ¿por qué no se actuó? ¿Llegó la información hasta Sánchez (o su sacristán Marlaska) y la sofocó?
Lo que nos lleva al punto de partida: ¿Qué saben los marroquíes de Sánchez? Y a la pregunta más dolorosa: dado que Sánchez tiene los escrúpulos de la tapa o del pozo de un váter, aunque haya tenido el detalle elegante y solidario de decirnos qué música le gusta oír en su modesta residencia veraniega –¡qué sensibilidad!–, ¿le vienen bien a Sánchez los ataques a Ceuta y Melilla para llevar a la opinión pública a pensar que las dos ciudades son un INCORDIO y que es mejor cederlas ordenadamente que defenderlas?
A mí no me cabe la menor duda de que esto último, la cesión o cosoberanía, le ha pasado por la cabeza. En consecuencia, sería deseable para España que Trump desapareciera de la política, pero sería infinitamente mejor que Sánchez hiciera mutis, aunque esto sea blasfemo para varios millones de sanchistas, para los que Bego ha podido meter la pata, pero es una mujer valiente, recta y feminista; para los que Toscanini puede ser un vago, pero no ha robado; y para los que Zapatero debió declarar a Hacienda las pocas joyas que le dio un jeque, pero Sonsoles ya deslumbraba en los cotillones de León con los impresionantes aderezos de su abuela. Esos pecadillos no pueden ser considerados cosa seria porque –repiten los sanchistas con balidos de borrego– magnificarlos sería «dar entrada a los fascistas». (Conclusión lerda donde las haya). Antes de que eso ocurra, es mejor que los catalanes tengan más privilegios que los de Murcia o que los marroquíes nos invadan o nos quiten Ceuta y Melilla. Todo menos la derecha en el poder.
Aviso ominoso para nuestras dos ciudades: hay un antes y un después del giro de Trump y la focalización del tema. Me gustaría equivocarme.