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Varios inmigrantes descansan en una rotonda en Castillejos.EFE

El Debate, al otro lado de la frontera

Castillejos y la amenaza de «otra embestida» sobre Ceuta: «La otra vez se hizo creer que la frontera estaba abierta»

Fnideq, la ciudad marroquí más cercana a la frontera con España, ha recuperado su actividad gracias al buen rendimiento del turismo en esta época del año, pero en los alrededores se siguen encontrando restos de una crisis que amenaza con repetirse

«¿Periodista?». El gendarme marroquí que controla los pasaportes en la frontera de El Tarajal se ha puesto en guardia cuando nos ha preguntado por nuestra profesión. Es primera hora de la tarde de este miércoles, casi una semana después de la gran crisis migratoria, y decenas de marroquíes que trabajan en Ceuta regresan a su país.

El policía decide salir de la ventanilla y requerir la presencia de un supervisor, que a su vez, pide al redactor de El Debate no solo el pasaporte sino también su DNI nacional e incluso su carnet que lo acredita como tal. Tras cotejar los tres documentos, los devuelve y emite un lacónico «bienvenido» con un fuerte acento francés.

Varios marroquíes esperan para cruzar la frontera, este miércolesR.Marbán / El Debate

Fuera, los taxis que conducen a Fnideq, la ciudad marroquí más cercana a la frontera con España, que perteneció al protectorado español hasta 1956 bajo el nombre de Castillejos, ofrecen sus servicios. Compartiendo vehículo con cinco marroquíes más, se pueden recorrer los aproximadamente tres kilómetros de distancia por un módico precio de entre 0,50 y 1 euro, aunque hay que esperar a que este se llene por completo.

Amenazas de repetir la ofensiva

La ciudad, que se convirtió en la punta de lanza de los miles de marroquíes que se abalanzaron sobre la frontera el pasado jueves, parece haber recuperado una normalidad y una tranquilidad de la que no goza Ceuta aún, si tenemos en cuenta que en la ciudad autónoma aún se producen batidas de militares, hay un CITE colapsado y saturado y algunas de sus playas y barrios periféricos permanecen atestadas de los inmigrantes que llegaron el último día de julio y todavía continúan.

La tarde es soleada pero ventosa en Castillejos, y una de sus playas ofrece un aspecto magnífico. La urbe, de unos 77.000 habitantes, vive volcada al turismo en esta época estival. Hoteles y resorts jalonan el paseo marítimo. Por su parte trasera, un bullicioso y animado mercadillo parece no tener fin. A pesar de esta luminosidad, se barruntan negros nubarrones sobre la zona.

Castillejos recupera su rutina: gente en las playas y unos mercadillos callejeros bulliciososR.Marbán / El Debate

Las redes sociales del país magrebí se han vuelto a llenar de mensajes sobre una nueva movilización hacia Ceuta el próximo 15 de agosto, festivo nacional en toda España. Según ha trascendido, las alertas se propagan por las redes sociales, como Instagram, Facebook y TikTok, con lemas como 15/08, en referencia a la fecha en la que debería ser la «al-hajma» (ofensiva, embestida) con Fnideq como punto de partida. «Nos vemos allí todos», dicen los textos, que reproducen dibujos con la bandera de España. «El camino hacia Ceuta», añaden.

«Decían en alto: 'la frontera está abierta'»

Comentamos esta situación con Zaid. Natural de la cercana Tetuán, regenta una tienda de ultramarinos enfrente de la playa. Al vender bebidas frías, está en plena actividad. Una botella de agua de litro y medio y una lata de Coca Cola Zero nos cuestan algo más de 1 euro. Vienen más turistas y veraneantes a saciar su sed. El dueño nos dice que a ningún comerciante, como obviamente también sucede en Ceuta, le interesa que se vuelvan a dar circunstancias similares. «En agosto marchan mejor las cosas, aunque esta zona tiene ya sus problemas eternos», nos informa. «Ahora hay turismo y movimiento, pero este tipo de sucesis, si ya son trágicos por todos aquellos que no vuelven, también nos perjudican al resto. Rezo para que no vuelva a pasar», dice.

Sobre el jueves en que empezó la crisis se muestra más parco en palabras, y evita detallar cómo lo vivió, aunque su rictus ofrece la explicación de que la experiencia en Castillejos estuvo lejos de ser agradable. «Vimos concentrada a mucha gente, bajaban por los montes, tomaban el camino de las playas. Decían en alto 'la frontera está abierta'. Se les hizo creer que era así. Aquí hubo disturbios».

Alambre de espino y soldados en las playas

Recorremos el camino de vuelta a la frontera pero a pie, para conocer cómo es el terreno por el que miles y miles de personas entraron por la fuerza a España hace escasos días y por donde deberían entrar el 15 o en otro momento en caso de llevar adelante la amenaza.

A la izquierda de la carretera, hay una zona de monte bajo que ahora parece tranquilo, aunque en algunos momentos nos da la sensación de ver algo de movimiento. Esos montes estaban llenos de inmigrantes hace siete días. A la derecha, mirando hacia Ceuta, el mar Mediterráneo. Desde arriba, se han puesto vallas en diversos accesos abiertos a las calas y playas. Más adelante, nos encontramos con furgones y agentes de las Fuerzas Auxiliares marroquíes. Según nos acercamos a la frontera, aparecen los alambres de espino, aunque hay tramos por los que parece fácil acceder. En algunas rocas, aún se observan los restos de lo que aquí sucedió: zapatillas, chanclas, pantalones y botellas de agua vacías. De allí debieron salir los que entraron a nado. Aunque la cercanía con España en este punto ya es latente, el mar es siempre traicionero, y muchos fueron arrastrados hacia dentro cuando ya no quedaba más remedio que bordear el espigón. Muy cerca ya, la barrera de boyas instalada recientemente por el Gobierno se mece sinuosa, pero en calma.