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Jaime Mayor Oreja

Ceuta y Melilla: la debilidad de España tiene consecuencias

España necesita una alternativa política capaz de reconstruir un proyecto nacional compartido, de recuperar la cohesión institucional y de transmitir fortaleza dentro y fuera de nuestras fronteras

Lo que está ocurriendo en Ceuta y Melilla no puede interpretarse como un episodio aislado ni como un simple incidente fronterizo. Sería un grave error reducir lo sucedido a un problema de gestión, de prevención o de respuesta operativa. Lo verdaderamente relevante no es únicamente lo que ha pasado, sino lo que significa.

Todavía desconocemos si lo vivido ha sido una invasión organizada, una prueba o un test para medir la capacidad de reacción del España. Pero, sea cual sea la naturaleza concreta de los hechos, hay algo que resulta indiscutible: España proyecta hoy una imagen de debilidad que sus adversarios perciben con claridad.

Siempre he sostenido que cuando una nación decide extremar su debilidad, sus adversarios la aprovechan. La debilidad nunca es gratuita. Es la consecuencia de la pérdida de cohesión nacional, de la ausencia de un proyecto compartido y de la erosión de las convicciones y de los fundamentos que sostienen una comunidad política. Y siempre termina teniendo consecuencias.

Eso es precisamente lo que estamos viendo en Ceuta y Melilla.

Pero este no es un problema exclusivo de Ceuta y Melilla. Estamos ante una cuestión de soberanía nacional. Cuando un país transmite incertidumbre acerca de lo que defiende, cuando sus instituciones aparecen debilitadas y cuando el propio Gobierno muestra dudas sobre el proyecto nacional que representa, las fronteras dejan de ser únicamente un límite geográfico para convertirse en un espacio de vulnerabilidad política.

Hace ya tiempo advertimos de este proceso. En el documento España en el abismo que la Fundación NEOS, que presido, publicó el año pasado, señalábamos que el deterioro institucional acabaría teniendo consecuencias mucho más profundas que el mero desgaste político. Hoy esa advertencia adquiere una nueva dimensión.

Centenares de inmigrantes de origen marroquí en la frontera de TarajalEFE

El problema tampoco reside exclusivamente en Marruecos. Los Estados defienden sus intereses y actúan conforme a ellos. La cuestión decisiva es qué imagen ofrece España. Mientras nuestro país siga gobernado por la lógica de un proceso de ruptura –de una España plurinacional para unos y de una segunda Transición que cuestiona los fundamentos de la nación nacida en 1978 para otros–, seguirán encontrando oportunidades para avanzar quienes persiguen objetivos contrarios a los intereses de España.

La herencia de Rodríguez Zapatero asumida por Sánchez ya puede identificarse con claridad en tres escenarios distintos: el próximo Gobierno de ETA en el País Vasco y Navarra; la persistencia de un escenario de inestabilidad y desorden en Cataluña; y la creciente presión de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. Son manifestaciones distintas de un mismo fenómeno: el debilitamiento de la idea nacional de España.

Por eso sería un error limitar el debate a cuestiones coyunturales: si el Gobierno fue advertido o no por el CNI; si las instituciones europeas reaccionaron con mayor o menor rapidez; o si los mecanismos de coordinación funcionaron adecuadamente. Todo ello puede ser importante, pero no aborda la raíz del problema.

La cuestión de fondo es otra. España atraviesa una crisis de proyecto nacional. No nos encontramos únicamente ante un Gobierno; nos encontramos ante un proceso político sustentado por fuerzas cuyo objetivo declarado consiste en transformar profundamente la naturaleza del Estado. Esa realidad es observada desde fuera con enorme atención.

La respuesta, por tanto, tampoco puede ser exclusivamente electoral. España necesita una alternativa política capaz de reconstruir un proyecto nacional compartido, de recuperar la cohesión institucional y de transmitir fortaleza dentro y fuera de nuestras fronteras. Resulta difícil comprender que, quienes comparten este diagnóstico, pienso en el Partido Popular, VOX y UPN, continúen actuando de forma dividida ante un desafío de semejante magnitud.

No son tiempos para el cálculo partidista. Son tiempos para pensar exclusivamente en España.

Porque lo que está en juego no es únicamente la estabilidad de un Gobierno. Lo que está en juego es la fortaleza de España como nación, la credibilidad de sus instituciones y la defensa efectiva de su soberanía.

Ceuta y Melilla nos están enviando una advertencia. Ignorarla sería el mayor de los errores.

  • Jaime Mayor Oreja es presidente de NEOS y exministro del Interior.