Fundado en 1910

Un cártel denunciando la desaparición de Marta del Castillo

Los grandes enigmas criminales de España (I): Marta del Castillo, el cadáver que nadie ha conseguido encontrar

El Debate reconstruye este verano los casos que más desconcertaron a la Policía y a la Guardia Civil y que, años después, siguen dejando preguntas sin respuesta

Hay asesinatos que se resuelven en cuestión de días y desaparecen poco después de la conversación pública. El de Marta del Castillo hizo exactamente lo contrario. La Policía identificó al autor, los tribunales dictaron sentencia y, sin embargo, diecisiete años después la investigación sigue abierta en un aspecto esencial, y es que nadie ha conseguido encontrar el cuerpo de la joven sevillana.

Marta del Castillo Casanueva tenía 17 años cuando salió de su casa, en Sevilla, la tarde del 24 de enero de 2009 para encontrarse con su expareja, Miguel Carcaño. Pero nunca regresó. Aquella misma noche, al comprobar que no respondía al teléfono, sus padres comenzaron a llamar a familiares y amigos para tratar de reconstruir sus últimos movimientos. A las 23.45 horas, la madre de Marta habló con Samuel Benítez, amigo íntimo de Carcaño, quien le aseguró que Miguel había dejado a la joven en casa a las doce de la noche, pese a que todavía faltaban quince minutos para esa hora. Poco después, Antonio del Castillo se presentó en el domicilio de Carcaño, en la calle León XIII de Sevilla, y a las 2.10 de la madrugada la familia interpuso la primera denuncia por desaparición. La investigación se centró desde ese momento en reconstruir las últimas horas de Marta y tomar declaración a las personas que habían estado con ella. La presión aumentó conforme pasaban los días sin noticias de la joven hasta que, el 13 de febrero, casi tres semanas después, Carcaño confesó el crimen ante la Policía y aseguró que había arrojado el cuerpo al río Guadalquivir con la ayuda de Samuel Benítez.

Primer plano de la joven asesinada en Sevilla, Marta del CastilloEuropa Press

De modo que la Policía centró allí los primeros esfuerzos, pero sin éxito. Durante un mes, agentes de la Policía Nacional, los GEAS de la Guardia Civil, embarcaciones, buzos y helicópteros rastrearon el Guadalquivir desde Sevilla hasta su desembocadura, sin encontrar ningún rastro del cuerpo. Apenas unos meses después, Carcaño rectificó su confesión y situó el cadáver en un contenedor de basura desde el que, según su nuevo relato, habría sido trasladado al vertedero de Montemarta-Cónica. La investigación volvió a cambiar de escenario y, durante semanas, se estudiaron los recorridos de los camiones de recogida, los horarios, la trazabilidad de los residuos y la posibilidad de localizar el cuerpo entre las cerca de 40.000 toneladas de basura acumuladas desde la desaparición de Marta. Tampoco hubo resultados.

Siete versiones para un mismo crimen

Cada vez que Carcaño modificaba su relato, los investigadores se veían obligados a revisar el sumario para determinar si existía algún elemento objetivo que justificara una nueva búsqueda. Así, cada nueva declaración suponía, en la práctica, abrir una investigación distinta. Las autoridades intentaban encajar las llamadas telefónicas, los desplazamientos conocidos, las declaraciones de los implicados y el resto de pruebas reunidas durante la instrucción, pero ninguna de aquellas comprobaciones permitió localizar el cuerpo ni confirmar definitivamente ninguna de las versiones del condenado.

Con el paso de los años, el cadáver pasó, al menos sobre el papel, por el Guadalquivir, un contenedor de basura, el vertedero de Montemarta-Cónica y otros puntos de Sevilla y su provincia que fueron apareciendo en las sucesivas declaraciones del asesino. También se rastrearon parcelas de Camas, pozos, zanjas, olivares, antiguas explotaciones mineras, descampados e incluso vagones de tren en desuso. Algunas de aquellas hipótesis quedaron descartadas casi de inmediato, mientras que otras dieron pie a nuevas diligencias judiciales y movilizaron durante días a agentes especializados, maquinaria pesada y equipos de búsqueda que rastrearon terrenos sin encontrar ningún indicio que permitiera esclarecer el paradero de Marta.

Algunas de esas búsquedas fueron consecuencia directa de nuevas declaraciones de Carcaño, mientras que otras respondieron a informes elaborados por las acusaciones o por la propia Policía que planteaban la conveniencia de revisar determinados escenarios. Incluso cuando habían transcurrido más de diez años desde la desaparición de Marta, el juzgado seguía autorizando diligencias con la esperanza de que los avances tecnológicos permitieran localizar un cuerpo que nunca había aparecido y poner fin a una investigación que había movilizado durante años a Policía Nacional, Guardia Civil, GEAS, Policía Científica, perros especializados, bomberos, Protección Civil, la Unidad Militar de Emergencias y numerosos medios técnicos y humanos.

Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta del CastilloEuropa Press

Por su parte, la Audiencia Provincial de Sevilla condenó a Miguel Carcaño por el asesinato de Marta del Castillo, una decisión que posteriormente fue revisada por el Tribunal Supremo, que elevó la pena hasta los 21 años y 11 meses de prisión. La Fiscalía llegó a cifrar en más de 616.000 euros el coste de las labores de búsqueda y reclamó que los acusados respondieran por ese gasto, generado por los continuos cambios de versión sobre el paradero del cuerpo. El alto tribunal también le hizo responsable de los gastos derivados de las búsquedas provocadas por sus continuos cambios de versión, al considerar que había obligado a movilizar recursos públicos de forma reiterada. A lo largo de estos años se han sucedido nuevas diligencias, revisiones de informes y peticiones impulsadas tanto por la familia como por las acusaciones para explorar escenarios que, por distintos motivos, no habían sido agotados durante la instrucción. Ninguna de ellas ha permitido cerrar la única pregunta que sigue pendiente desde enero de 2009, que es dónde está el cuerpo de Marta.

Antonio del Castillo, su padre, nunca ha dejado de reclamar que se mantenga viva la investigación, siguiendo cada nueva búsqueda, promoviendo iniciativas para que se revisaran antiguas líneas de trabajo e insistiendo en que alguien más conoce qué ocurrió aquella noche. Su perseverancia ha contribuido a que, más de tres lustros después del crimen, el caso continúe generando nuevas diligencias y búsquedas puntuales. Todo con el objetivo de que Marta del Castillo, al fin, aparezca.