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Pedro Sánchez, durante su intervención en el Pleno sobre CeutaEFE

La soledad del presidente

Sánchez naufraga en el Congreso aferrado a su defensa imposible de Marruecos

El presidente riza el rizo y reconoce la «falta de control» de la gendarmería marroquí sin señalar a sus responsables políticos. Feijóo le pregunta qué sabe el país vecino de él y Rufián le recuerda el 11-M

Solo Pedro Sánchez es capaz de asegurar que su Gobierno está actuando con «absoluta transparencia» en la crisis de Ceuta y, apenas unos minutos después, revelar que el Ejecutivo convocó a la embajadora de Marruecos el pasado 21 de agosto. Lo que significa que se lo ha ocultado a la opinión pública y a la oposición durante 13 días en medio de una crisis de Estado colosal. Y ni siquiera este miércoles el presidente concretó de qué versó esa conversación con Karima Benyaich, que se produjo después de que dos ministros marroquíes reclamaran Ceuta y Melilla.

Sánchez compareció hoy en el Congreso nadando contracorriente como un salmón; empeñado en sostener que Marruecos no fue, incluso después de que toda España pudiera leer el miércoles por la tarde la literalidad del informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional. «¿Se acuerdan del 11-M y del PP? Salvando las distancias, lo de ahora no se sostiene», le replicó incluso el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. «Nadie es tan ingenuo para pensar que Marruecos tuviera nada que ver con lo ocurrido. Entendemos la prudencia, pero lo que no es aceptable es que se exculpe a Marruecos y se tilde de socio fiable», añadió después la de Bildu, Mertxe Aizpurua.

Lo más hilarante es que el presidente señaló a la gendarmería marroquí pero exculpó a sus jefes políticos, como si los gendarmes hubieran actuado motu proprio. Y también se contradijo a sí mismo, o se enmendó a sí mismo -o ambas cosas-, cuando señaló: «Queremos una relación de buena vecindad con Marruecos, pero es evidente que después de lo ocurrido esa cooperación tiene que ser diferente».

Por primera vez, Sánchez reconoció textualmente que, el 30 de julio, «la gendarmería marroquí permitió el cruce de la frontera». Y planteó que habrá que aclarar si hubo «incapacidad o inacción» en esa «falta de control». Sopló y sorbió a la vez, puesto que a su vez reiteró que no existen «evidencias sólidas» que incriminen al régimen de Marruecos e incluso llegó a achacar «prejuicios» a quienes abonan esa teoría (que son todos menos él y su Gobierno). Y prometió que si llega a haber pruebas actuará con contundencia: «Este Gobierno no tiene miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros cuando la situación lo ha requerido», presumió.

«¿Qué documento, conversación o indicio había en su teléfono?, ¿qué sabe Marruecos de usted?, ¿por qué tiene miedo a Marruecos?», le replicó después Alberto Núñez Feijóo, perplejo ante la actitud de un presidente «bajo chantaje». El líder de los populares auguró que la investigación que ahora está en marcha en la Audiencia Nacional acabará en el Tribunal Supremo por la implicación de aforados, e insinuó que Fernando Grande-Marlaska ya está actuando «por consejo de sus abogados», adelantándose a ello. Santiago Abascal, por su parte, acusó al presidente de traición. «Marruecos, señor Sánchez, no es su amigo, es su amo», le reprochó.

El presidente mató al mensajero: a la unidad de inteligencia de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras. Sánchez sangró por la herida del informe que el CENIF entregó directamente a la jueza María Tardón sin pasar por las manos del director general de la Policía ni por las del ministro del Interior, porque así se lo ordenó la magistrada a los agentes.

«Tenemos que entender por qué el CENIF no remitió ninguna nota informativa del 29 de julio a ningún superior en la cadena de mando de la Policía Nacional y también del Ministerio del Interior. Por qué no se compartió con sus superiores ni con el Gobierno de España el contenido de un informe que se había encargado por parte de una jueza y con potenciales implicaciones para la seguridad del Estado», afirmó, encogiéndose de hombros. «Esto también tendrá que explicarse», avisó. O amenazó, más bien.

Como ha venido contando El Debate, el Gobierno se ha instalado en la conspiranoia y ha difundido en las últimas horas que está siendo víctima de una operación de las cloacas de la Policía para derribar a Sánchez. Una teoría que también abrazó el diputado de Sumar Enrique Santiago en la tribuna. «Ese descontrol es claramente ‘el que puede hacer que haga’». Aunque ni siquiera el portavoz de Sumar dejó de señalar a Marruecos, en colaboración con Estados Unidos e Israel, según él.

Así que Sánchez se quedó más solo que nunca, náufrago de su relato. El presidente anunció que ha dado orden de publicar un dosier con todos los informes de situación para demostrar que el Gobierno no estaba avisado y que «ninguna alerta iba más allá de la descripción de los datos o el aviso rutinario». E intentó comprar a ceutíes y melillenses prometiendo que, ahora, el Gobierno promoverá la integración plena de ambas en la UE, ofreciéndolas una silla permanente en el Comité de las Regiones, su integración en la unidad aduanera y el reconocimiento de su estatus de regiones ultraperiféricas.

Solo al final de su discurso, el presidente se dirigió directamente a los ceutíes, tratando de mostrar una empatía de la que ha carecido en este mes largo. Incluso les dio las gracias por ofrecer sus móviles a los inmigrantes que llegaron para que llamaran a sus casas y sus duchas para que se asearan.