Fundado en 1910
(Foto de ARCHIVO)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez durante una rueda de prensa junto al director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, en el Palacio de la Moncloa, a 12 de mayo de 2026, en Madrid (España). El encuentro tiene el objetivo de evaluar conjuntamente los avances en la gestión de la crisis de hantavirus que ha afectado a pasajeros y tripulación del crucero MV Hondius.

Carlos Luján / Europa Press
12/5/2026

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en MoncloaEuropa Press

Ceuta, Sánchez, su secreto y el rearme

El presidente miente con desparpajo. Camufla el número de emigrantes, miente en que la mayoría volverán a Marruecos y en que en diciembre se habrá arreglado el drama

En sus entrevistas en medios afines, Sánchez ha mezclado mentiras con tremendismo. Sus ministros han hecho historia. Marlaska afirmó que la situación estaba normalizada cuando permanecían en las calles de Ceuta unos 11.000 invasores incordiando, cagando y alguno delinquiendo. Albares aseguraba, envalentonado, que todos los invasores iban a marcharse, algo irrealizable según nuestra legislación y la escasa voluntad de Sánchez.

El presidente miente con desparpajo. Camufla el número de emigrantes, miente en que la mayoría volverán a Marruecos y en que en diciembre se habrá arreglado el drama. Calificarlo ahora de crisis migratoria habla mucho de lo falaz y miserable con los habitantes de Ceuta que es el personaje.

Hace tremendismo. Dice que sería una locura romper relaciones con Marruecos. Lleva razón, no hay que propugnarlo y dudo de que alguien sensato lo haga. Ahora bien, hay una enorme diferencia entre eso y la insólita y humillante complacencia que nuestro presidente tiene con Marruecos. Su actitud es la de los vasallos de la Unión Soviética, Hungría, Bulgaria, Polonia, … con Stalin. No podían mover un dedo en política exterior sin el beneplácito del ruso. Ahora, Sánchez no puede hacer cosas sin negociarlas con Marruecos. Veta el viaje del Rey a una ciudad española –el monarca se muere por ir– hasta que Marruecos no se enfurruñe. La visita del presidente argelino hay que prepararla para que Rabat no se cabree. Igualamos en servilismo a los lacayos de la Guerra Fría con Rusia.

Si Sánchez manifestara que no descartamos la autoría de Marruecos en las invasiones o que tenemos certeza de la misma, obligaría a Europa a abrir un debate sobre las ayudas al país

Las reverencias de Sánchez ante Marruecos son numerosas: bendición inexplicable de la marroquinidad del Sáhara, un auténtico premio gordo, voto en contra en el Parlamento europeo a que se condene a Rabat por intento de soborno a parlamentarios, insistencia en que comparta con nosotros el mundial futbolístico y, otro premio gordo, blanquear a Rabat ante Bruselas en los momentos de la invasión de Ceuta. Podía manifestar que era mejor esperar una investigación antes de culpar a nadie, pero fue más lejos. No solo Rabat era inocente, sino que cooperaba muy bien. ¿Cómo? ¿Organizando la invasión con individuos entrenados? ¿Dejando que se produjera sabiendo que ocurriría? ¿Aceptando que muchos de ellos retornaran, pero dejando a 11.000 para arruinar a una ciudad española?

Con su alegato promarroquí, Sánchez se priva de un instrumento importante de la guerra híbrida con la que podíamos replicar a la de Marruecos: si manifestara que no descartamos la autoría de Marruecos en las invasiones o que tenemos certeza de la misma, obligaría a Europa a abrir un debate sobre las ayudas al país, algo que Rabat detestaría. Podríamos seguir. Decir en voz alta que sería demencial que la final del Mundial fuera a Marruecos, un país con menos triunfos futbolísticos que España y Portugal, con inferior capacidad hotelera y además con una juventud tan desesperada que en cuanto se abre una frontera sale en estampida por millares. Aquí sería útil Óscar Puente, que, fingiendo que va por libre, sirve de liebre a Sánchez para mandar mensajes impertinentes; le haría pupa a Marruecos.

Hay muchas más medidas híbridas dañinas.

Vayamos al futuro. Hay que defender Ceuta y Melilla, cosa que Sánchez no quiere y lo da a entender. Hay que reforzar la frontera, multiplicar sus efectivos policiales y militares, dotarles de los medios materiales y legales para defenderse. Es inadmisible que en España unos inmigrantes apedreen a una patrulla militar y no se pueda responder. Hay que reducir el garantismo legal que impide devolver invasores en caliente e, importante, hay que hacer una advertencia seria a Marruecos, sin acritud, sin ruptura: no vamos a permitir una marcha verde ni nada que le parezca. Que reaccionaremos.

España debe aumentar su gasto en Defensa, incluida la remuneración del soldado, algo áspero porque la pedagogía del sanchismo ha sido la contraria y el tema es impopular, pero vital

El actual Gobierno no lo va a hacer. El próximo estará obligado y tendrá que rearmarse enterrando el buenismo egoísta y electoral de Sánchez, que, distanciándose de la OTAN, dice que él no pasa del trasnochado 2 % de gasto en Defensa. Aquí nace la inquina de Trump, que favorece a Sánchez, pero no a España. Europa tiene dos amenazas: Putin en el norte y el islamismo en el sur. Si un régimen moderado es capaz de invadirnos dos veces, ¿qué no hará uno radical? España debe aumentar su gasto en Defensa, incluida la remuneración del soldado, algo áspero porque la pedagogía del sanchismo ha sido la contraria y el tema es impopular, pero vital. Quien no lo vea está ciego; lo lamentaremos.

No soy experto, pero apunto algo. El ataque a Ucrania muestra que los drones son decisivos en un conflicto. La quinta generación rusa, el Geran-5, puede volar a 600 km por hora, tiene un alcance de 1.000 kilómetros y una carga de 90 kilos. Está haciendo daño a una Ucrania muy preparada. ¿En qué generación de drones estamos nosotros?, ¿en la primera, la segunda? ¿Y en defensa antiaérea? Seguir ostentadoramente con gastos en Defensa obsoletos, con vecinos del norte y del sur más gastosos, puede dar votos, pero es suicida.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas