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El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante una sesión plenaria en el Congreso de los DiputadosIsa Saiz / Europa Press

Vox pide denegar los visados a extranjeros marroquíes hasta que Marruecos reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla

  • El partido de Santiago Abascal quiere una declaración «pública, expresa e inequívoca de respeto» a la soberanía e integridad territorial de España

  • Describe lo ocurrido en Ceuta como un «acto deliberado de guerra híbrida» dirigido por Marruecos y cree que este nunca ha actuado como un socio leal

Vox quiere que el Gobierno deniegue el visado a extranjeros de nacionalidad marroquí hasta que Marruecos haga una declaración «pública, expresa e inequívoca» de respeto a la soberanía y a la integridad territorial de España y de manera específica sobre Ceuta y Melilla, así como la islas Chafarinas, el islote de Perejil, el peñón de Vélez de la Gomera y las islas y peñón de Alhucemas.

Lo ha hecho a través de una proposición no de ley que el partido ha registrado en el Congreso al considerar que urge tomar medidas ante la amenaza que se cierne sobre estos territorios, y la amenaza también para la Seguridad Nacional derivada de la invasión de Ceuta.

«España no puede ni debe permitir la entrada, tránsito o permanencia en su territorio de nacionales de una potencia hostil que, como parte de una estrategia para hacer valer una reclamación irredentista (e infundada) sobre partes incontestables de nuestro territorio nacional, ha protagonizado el mayor ataque a la integridad territorial española desde la Marcha Verde», afirma Vox en su escrito. La formación subraya que no tomar medidas que aseguren «un estándar mínimo de reciprocidad» supone «un riesgo contra la seguridad nacional y un atentado contra la dignidad nacional».

El partido de Santiago Abascal denuncia que Ceuta vivió el pasado 30 de julio un asalto «masivo, planificado e ininterrumpido» y que ello constituye un acto «deliberado» de guerra híbrida dirigido por Marruecos, al que señala como responsable directo de la situación de inseguridad que padecen los ceutíes. Remarca además que el país vecino nunca ha actuado como un socio leal, sino como un «actor hostil que utiliza el chantaje migratorio para doblegar la voluntad de España, forzar concesiones y erosionar la soberanía española1» sobre Ceuta y Melilla.

Por todo ello, considera que se deben cortar de raíz los incentivos para esos «chantajes» y que no se pueden mantener relaciones diplomáticas o administrativas convencionales con un Estado que «utiliza la inmigración masiva e ilegal como una herramienta de coacción geopolítica».