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«Eso a Vivas, pregúntele»: la historia de la campaña más torpe del Gobierno

A nuestro Goliat de la Moncloa no le ha hecho falta que ningún David le dé una pedrada. Se la ha dado él solito arremetiendo contra el político con mayor popularidad en este momento

Pedro Sánchez, en el Pleno del pasado miércoles en el CongresoEFE

Entre Niebla y Ceuta hay unos 350 kilómetros. El jueves, el presidente del Gobierno estuvo en el municipio onubense, visitando las zonas afectadas por un incendio que arrasó 40.000 hectáreas a su paso y que también le pilló de vacaciones en agosto, porque se originó el 6 de agosto. Ya es casualidad que todo pase en agosto.

Pedro Sánchez no hizo ni el amago de cruzar el estrecho y visitar la ciudad autónoma, en la que por primera vez esta semana el Gobierno ha reconocido entre circunloquios que quedan más de 10.000 inmigrantes. La Moncloa ni siquiera ha aclarado si el presidente acompañará a los Reyes en su próxima visita a Ceuta, aún sin fecha, o delegará en algún ministro. Desde hace semanas, su equipo despacha la pregunta con un «ningún dato hasta que tengamos datos». ¿Apuestas?

David contra Goliat

Después de ocho años gobernando, lo bueno de este Ejecutivo es que se le ve venir a kilómetros. Como la desclasificación parcial de documentos que llevó a cabo el miércoles 9 de septiembre le salió peor que mal y los españoles pudieron leer con sus propios ojos que sí hubo avisos, la estrategia ha virado en los últimos días. Los socialistas fueron primero a por la unidad de inteligencia de la Comisaría General de Fronteras y Extranjería de la Policía Nacional por aquel informe del que no dieron cuenta a sus superiores (por mandato judicial) en el que señalaban a la Gendarmería marroquí. Después, a por la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón. Luego a por el CNI.

Y ahora el objetivo es un político de 73 años, que lleva un tercio de su vida presidiendo la ciudad de Ceuta, cuya mala salud se ha resentido por la tensión constante de estos 50 días de ocupación y que maneja un presupuesto aproximadamente 1.200 veces inferior al del Gobierno de España. Por no hablar de otros recursos. David contra el gigante Goliat.

Los socialistas se quejan de que Juan Jesús Vivas no hace más que ponerles palos en las ruedas, que está trabajando para los intereses de Alberto Núñez Feijóo y no para los de los ceutíes, que va mintiendo por los platós, que no es verdad que no mantenga una interlocución con Sánchez porque ambos coinciden en las reuniones telemáticas del Consejo de Seguridad Nacional (como si eso fuera lo mismo que una conversación privada)…

Alberto Núñez Feijóo y Juan Jesús Vivas, en un desayuno en MadridEFE

Tres cosas les han escocido por encima del resto: su conferencia en el Nueva Economía Fórum del 7 de septiembre en Madrid, arropado por todo el PP. Su viaje a Bruselas del día siguiente para reunirse con varias autoridades europeas. Y su entrevista con Pablo Motos en El Hormiguero del pasado lunes. Sobre esto último no aclaran si les molestó lo que dijo o que tuviera cinco puntos más de audiencia que la de Sánchez a la misma hora en El Intermedio.

Pero sucede que, a nuestro Goliat de la Moncloa no le ha hecho falta que ningún David le dé una pedrada. Se la ha dado él solito con su ya célebre «eso a Vivas, pregúntele». Lo que es un fin de ciclo. Toda la estrategia gubernamental de agitprop contra el presidente ceutí, echada a perder por un arrebato de Sánchez. Cuatro palabras.

Algunos datos. El presidente rarísima vez, por no decir prácticamente nunca, responde preguntas de la prensa cuando sale del hemiciclo los miércoles por la mañana, tras la sesión de control al Gobierno en el Congreso. Como mucho, zanja cualquier cuestión con un «buenos días» y sale a toda velocidad acompañado de su séquito. El miércoles nada hacía presagiar que fuera a ser distinto. La periodista María Llapart, de La Sexta, tiró la caña como cada miércoles: «Presidente, ¿cómo explican que haya mil menores en las calles de Ceuta todavía?». Sánchez ya se estaba marchando, despidiéndose al aire con su clásico «buenos días». Pero al escuchar la pregunta, y sin pararse siquiera, le brotó de dentro la frase: «Eso a Vivas, pregúntele».

La cifra la había dado el ministro responsable del mando único, Ángel Víctor Torres, un día antes en la sala de prensa de la Moncloa. En concreto, afirmó que quedaban entre 700 y 1.000 vagabundeando y otros 2.048 menores bajo la tutela de la ciudad de Ceuta (de ellos, 1.612 entraron en España el 30 de julio y los demás ya estaban de antes, pero estos últimos no llegaron a ser devueltos porque Marruecos nunca respondió a las solicitudes de las autoridades españolas).

En esa comparecencia, Torres también contó que las autoridades acababan de abrir los 10 primeros expedientes a menores, y ello después de un mes y medio de choque de competencias jurídicas entre el Gobierno central y el ceutí sobre cuál de los dos debía asumir la representación legal y su coste.

La campaña orquestada

A los pocos minutos, el calentón del presidente ya estaba en todos los medios de comunicación. Su equipo argumentó que se refería a que la tutela de los menores es competencia de las comunidades y ciudades autónomas. Y que Sánchez no había hecho sino responder a una pregunta de la prensa con sinceridad. Hasta aquí la explicación patrocinada por la Moncloa. Ahora la realidad.

Si el presidente hubiera querido matizar, lo habría tenido fácil. Bastaba con que hubiera vuelto por la tarde al Congreso a votar la convalidación del real decreto ley con las primeras ayudas a Ceuta (307 millones de euros). No tenía nada en su agenda pública a esa hora. Pero no fue a votar. Ni él, ni la vicepresidenta Yolanda Díaz, ni tampoco Gabriel Rufián. Como dato.

Lo que siguió en las horas posteriores fue una campaña perfectamente orquestada contra Vivas. El jueves, temprano, el Gobierno filtró a la SER un documento que el Ministerio de Juventud e Infancia remitió al Ejecutivo ceutí el 28 de agosto, en el que le informaba de que una entidad del tercer sector se ofrecía para acoger a 500 niñas en la península. El malo malísimo Vivas, según la Moncloa, llevaba desde el día ignorando el ofrecimiento.

Salieron Óscar López en la SER y Óscar Puente en TVE, con media hora de diferencia, para apedrear a Vivas. Le llamaron «desleal», lo acusaron de dar «mítines» todos los días para desgastar a Sánchez, de estar «atrapado» por Feijóo y hasta de defender a Ceuta «de boquilla». Cree el ladrón…

Y resultó que ni siquiera era verdad que Ceuta no hubiese contestado a la propuesta del Ministerio de Juventud e Infancia del 28 de agosto. No lo hizo en sobre lacrado, que diría el delegado del Gobierno en Ceuta, sino por comunicación verbal. El Ejecutivo sabe perfectamente que filiar a los menores y tramitar sus expedientes individualizados es tarea suya. ¿Qué 500 va a enviar a la península si esta semana solo había abierto 10 expedientes, los 10 primeros, después de siete semanas? Además, Vivas lo ha dicho de todas las maneras posibles: derivar inmigrantes a la península, ya sean mayores de edad o menores, provocaría un efecto llamada.

David derribó a Goliat con su humilde honda y una piedra, y acabó con él utilizando la espada del propio gigante. El presidente del Gobierno debería leer más la Biblia, o leerla algo.