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Un montaje fotográfico de Pedro Sánchez, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont

Elecciones generales 29-N

El independentismo catalán se despide de su trienio de poder

La convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre supone el fin de un trienio de poder absoluto del independentismo catalán. Terminan unos años en los que Junqueras y Puigdemont, uno inhabilitado y el otro fugado, han tenido las llaves del BOE.

En el pasado, tanto con Felipe González, como con Aznar, así como con Zapatero y en el segundo mandato de Rajoy, el nacionalismo catalán tuvo en mano la capacidad de aprobar leyes y presupuestos, pero nunca como hasta las generales de 2023 el independentismo catalán fue tan imprescindible ni decisivo.

Rufián, portavoz de ERC en el congreso a pesar de sus votantes y compañeros de escaño, se ha pasado la legislatura diciendo que su objetivo era evitar que la derecha llegue al poder, pero la realidad es que el balance de sus pactos con Sánchez es frustrante.

En lo personal, a los líderes independentistas les ha ido de maravilla con Sánchez dado que les ha concedido la amnistía y les han limpiado todo su historial delictivo. Otros altos cargos de ambos partidos han recalado en consejos de administración y puestos de instituciones del estado al que espiran destruir con salarios pagados por el erario de su odiada España. En lo que refiere a la aplicación de su programa el balance es paupérrimo tanto para ERC como para Junts.

ERC, muleta habitual del PSOE tanto en Barcelona como en Madrid, inició la legislatura con grandes aspiraciones en materia de financiación: una agencia tributaria para Cataluña que recaudara el IRPF, IVA y sociedades y la condonación de parte de la deuda del FLA. Nada de eso ha pasado. Sánchez e Illa han contado con el voto sumiso de Rufián y Junqueras, pero estos no han logrado nada apreciable para las bases de ERC siempre sedientas de más y más cesiones del Estado a Cataluña.

Junts respira aliviada

Por su parte Junts aspiraba a la transferencia de las competencias en materia de inmigración o la oficialidad del catalán en Europa. Tampoco nada de eso ha sucedido, pero primero Armengol y luego Sánchez salieron elegidos gracias al apoyo de Junts. Las vergonzantes reuniones de Zapatero y Cerdán con Puigdemont en Ginebra y Bruselas se han parecido más a sesiones de terapia que a negociaciones políticas.

La legislatura termina con un portazo de Junts a los decretos de vivienda, pero para el votante separatista la ruptura llega tarde. Miriam Nogueras, allá por el verano de 2023, prometió que Junts, a diferencia de ERC, cobraría su apoyo por adelantado. En la hora de la verdad ambos han sido engañados por Sánchez.

Las encuestas apuntan a que ERC podría mantener o mejorar algo sus actuales siete escaños. Algo es algo, pero seguirán estando lejos de sus 15 escaños logrados en 2019. Mientras Junts respira aliviada porque Aliança Catalana ha anunciado que no concurrirá a las elecciones generales. Según Silvia Orriols el gobierno de España ha caído gracias a su presión sobre Junts y ella, además, no se ocupa de política exterior. La no participación de Aliança Catalana en las generales puede frenar la caída en escaños de Junts, un partido que podría quedarse en 3 o 4 escaños y que un día llegó a tener 18.

La convocatoria de elecciones llega en el peor momento para Junts. Con Puigdemont a punto de regresar, su anunciada tournée por Cataluña podría pasar desapercibida al estar el debate centrado en las generales.

Para los socialistas tan preocupante como su perdida de escaños en Cataluña y la subida de la derecha, en especial de VOX, al que las encuestas apuntan que crecerá de dos a entre 5 y 6 escaños, es la caída de sus socios. Los Comunes – Sumar de Urtasun y Colau cederán la segunda plaza en Cataluña y perderán entre tres y cuatro de sus siete actuales escaños.

Sánchez sabe que necesita un resultado espectacular en Cataluña tanto del PSC como de sus socios para tener alguna opción de no ser desahuciado de La Moncloa y eso a algo más de 50 días de las elecciones parece que no pasará, pero en política dos meses son dos siglos.