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Pedro Sánchez, a la llegada a un Consejo Europeo en BruselasEFE

Bruselas observa con atención la posibilidad de quitarse el 'sanchismo' de encima en las próximas elecciones

Aunque públicamente no pueden decir nada al tratarse de un tema interno, las posiciones de Sánchez han incomodado más de una vez en Europa

Pasada prácticamente una semana desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara la disolución de las Cortes y la convocatoria de un adelanto electoral para el próximo 29 de noviembre, nadie en Bruselas ha querido pronunciarse sobre esta decisión. Se comentan más las negociaciones de los próximos presupuestos de largo plazo o la forma de quitarse influencia de China o de Estados Unidos.

Esto es así de puertas afuera porque en el foro interno, de la puerta del despacho para adentro, son muchos los que estarán muy pendientes de lo que suceda en España dentro de mes y medio. Y más de uno, a deseo de que haya un cambio de Gobierno.

Al fin y al cabo, España es ya el último país netamente socialista que queda en Europa. También tienen gobierno de izquierdas Dinamarca y Malta. Pero el peso de estos dos Estados nada tiene que ver con el cuarto país por habitantes y por peso económico de la Unión.

Gracias al adelanto electoral decretado por Pedro Sánchez, España se convertirá el próximo 29 de noviembre en el arranque de la gran rueda electoral europea continuará con las elecciones en los principales landers alemanes a lo largo de 2027, las presidenciales de Francia el 18 de abril en primera vuelta y el 2 de mayo en la segunda, y las elecciones legislativas de Italia que se celebrarán previsiblemente en diciembre del 27. Así pues, lo que suceda en España puede marcar los que ocurra a continuación en las principales potencias europeas y donde los extremos de uno u otro lado están llamados a tomar un papel protagonista.

Pero más allá del posicionamiento ideológico, lo que está causando más incomodidad es el posicionamiento de Pedro Sánchez en el campo internacional como el gran antitrumpista o el enemigo número uno de Israel.

«El presidente del Gobierno español goza de proyección internacional, especialmente por su oposición a la guerra en Irán. Sin embargo, este reconocimiento en el extranjero oculta la fragilidad de su base política en Madrid», relataba el periódico izquierdista francés Le Monde el pasado mes de abril en un artículo titulado «Pedro Sánchez: fuerte en la escena mundial, vulnerable en casa».

Efectivamente, goza de proyección internacional... en los ámbitos de izquierdas. Pero la mayoría de los gobiernos europeos son conservadores y esa proyección no está tan bien vista en Bruselas.

Es cierto que en muchas ocasiones los postulados del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no gustan en Bruselas, pero los modos que expresa Sánchez, tampoco. España fue el primer país en posicionarse a favor de Palestina, en contra de la guerra de Irán y de permitir el uso de las bases a EE.UU., de pedir la ruptura comercial con Israel, por poner ejemplos externos. Pero también ha sido el único país en negarse a aportar el 5 % del PIB a Defensa que pactaron el resto de países, el que encabeza la imposición de impuestos a las energéticas o quien apuesta por aumentar los Presupuestos cuando Alemania, por ejemplo, pide recortes.

«Es como si gritara para sobresalir por encima de los demás. Y todos sabemos que en Bruselas no gusta el gritonismo ni el afán de protagonismo cuando se trata de poner de acuerdo a 27 países», asegura una persona que lleva años trabajando en la Comisión Europea.

De ahí que haga ya tiempo que España está siendo marginada en las grandes reuniones previas a los Consejos Europeos, donde no se le puede apartar en cumplimiento del Tratado de la Unión.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ya demostró en las últimas convocatorias electorales de países europeos que, aunque previamente no puede decantarse, está pendiente de todas ellas y sí reacciona una vez que se celebran. Algo así sucederá con toda probabilidad el próximo 29 de noviembre.