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Los radicales de Bilbao, con bengalas

Los radicales de Bilbao, con bengalasEFE

Sus efectos electorales

La violencia empieza a preocupar al Gobierno que pactó con Bildu retirar las pelotas de goma a la Policía

El PSOE lleva años sembrando los vientos que han acabado en tempestad en plena precampaña. Tras una semana de altercados, ayer prometió que hará lo posible para «prevenir y contener» nuevos incidentes

El Gobierno que hace dos años pactó con Bildu retirar las pelotas de goma a la Policía, aunque la reforma legal no llegó a término por el desacuerdo entre los socios del PSOE, ahora está preocupado por el efecto perjudicial que la violencia desatada en diversos puntos del país pueda tener en la campaña de Pedro Sánchez.

Después de una semana de graves altercados en La Coruña, Avilés, Barcelona y Bilbao, y con una amenaza en ciernes la noche de Halloween en 46 ciudades por parte de la organización Blocus, el Ejecutivo prometió ayer que hará lo posible para «prevenir y contener» nuevos incidentes. Asimismo, advirtió a los padres de que deberán responder por los daños ocasionados por sus hijos menores.

Lo hizo a sabiendas de que, en buena parte de la opinión pública, ha calado la idea de que el Gobierno ha sido demasiado permisivo con los violentos. Una idea que la oposición ha abonado y que la popular Cayetana Álvarez de Toledo, número dos en la lista del PP por Madrid, resumió este martes así: «Pedro Sánchez ya tiene su kale borroka». Declaraciones que la portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, calificó después como «una barbaridad y una irresponsabilidad».

En cualquier caso, la Cumbre Iberoamericana de los días 4 y 5 de noviembre en Madrid y, sobre todo, la huelga general del día 11 serán una prueba de fuego. Para el ministro del Interior, desaparecido de la escena pública desde el pasado jueves, y para los delegados del Gobierno en toda España. Especialmente para la nueva delegada en Madrid, Pilar Trinidad, a la que ayer designó oficialmente el Consejo de Ministros tras la repentina dimisión de su antecesor.

El PSOE lleva años sembrando los vientos que han acabado en tempestad en plena precampaña. Incluida la negociación de una reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana de Mariano Rajoy que, si no ha sido posible, es únicamente porque a la extrema izquierda le parecía que se quedaba corta. La disolución anticipada de las Cortes tampoco ha ayudado.

La reforma de la ley

El episodio definitivo se produjo en octubre de 2024, cuando los socialistas acordaron con Bildu la retirada progresiva de las pelotas de goma que utilizan los policías y guardias civiles, en un último intento de desbloquear la reforma de la que la izquierda siempre ha llamado despectivamente «ley mordaza». Los de Arnaldo Otegi lo celebraron por todo lo alto. Se habían anotado un gran tanto. El pacto se sustentó a través de una proposición de ley que registraron el PSOE y Bildu (puede leerla aquí), a la que se unieron también Sumar, el PNV y ERC. Aunque Esquerra se bajó del carro poco después.

Un escaparate roto el sábado en Barcelona

Un escaparate roto el sábado en BarcelonaEFE

El texto introducía una disposición adicional nueva en la Ley de Seguridad Ciudadana del año 2015 titulada Gestión policial y material antidisturbios, con el siguiente literal: «Las autoridades competentes deberán desarrollar protocolos específicos, de acuerdo con estándares internacionales, sobre la gestión policial de manifestaciones y reuniones, incluyendo la utilización de uso de la fuerza y material antidisturbios, en orden a utilizar siempre los medios menos lesivos para las personas y evitando aquellos que causen lesiones irreparables. Asimismo, se sustituirá progresivamente el uso de los proyectiles cinéticos denominados balas de goma por otros menos lesivos». Los sindicatos de la Policía y las asociaciones de la Guardia Civil reaccionaron con indignación.

Y no solo eso. La reforma escrita al alimón entre socialistas y abertzales también incluía mayor permisividad con la desobediencia a la autoridad, que pasaba de infracción grave a leve, y siempre que fuese «manifiesta y clara». Y lo mismo con los insultos o injurias de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones, también rebajados a leves.

La proposición de ley llegó a superar la votación de la toma de consideración en el Pleno del Congreso y fue enviada a la Comisión de Interior, aunque las Cortes se disolvieron antes de que fuera aprobada por falta de acuerdo entre los socios de Sánchez y por el bloqueo de Junts a toda iniciativa del Ejecutivo. Que no por falta de voluntad del PSOE.

Se da la circunstancia de que los antidisturbios de la Policía Nacional que intervinieron el pasado miércoles en La Coruña para frenar a la turba que protestaba contra la presencia de Santiago Abascal en la ciudad tuvieron que emplear pelotas de goma frente a la violencia de los manifestantes. Estos arrojaron piedras, vallas, sillas, bengalas y todo lo que encontraron a su paso. Hubo 17 agentes heridos.

Los ertzainas que se enfrentaron a una muchedumbre de la izquierda radical el lunes en Bilbao no pudieron disparar este tipo de artefactos disuasorios porque lo tienen prohibido. A los Mossos d’Esquadra se los cambiaron por proyectiles de foam hace años. Cuando los CDR incendiaron Barcelona tras la sentencia del procés -en octubre de 2019-, los agentes de la policía autonómica tuvieron que pedir ayuda a los policías nacionales para que ellos, que sí podían, dispararan pelotas de goma.

Policías y guardias civiles han estado a punto de verse en las mismas que mossos y ertzainas.

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