Narcolanchas refugiadas del temporal en la playa de Los Genoveses de Níjar (archivo)
Almería
Marlaska ignora los gritos de auxilio de un pueblo de Almería para dejar de ser la 'gasolinera' del narco
El alcalde de Níjar reclama a Interior medidas ante la proliferación de narcolanchas en sus costas
Existe un pueblo en la provincia de Almería cuyas playas y calas se han convertido en toda una gasolinera para las mafias dedicadas al tráfico de drogas y también de personas. Se trata de Níjar. Sus vecinos asisten impotentes a un constante trasiego de narcolanchas que repostan a plena luz del día sin que, según denuncian, el Ministerio del Interior adopte medidas para frenar esta actividad.
El alcalde de Níjar, José Francisco Garrido (PP), ha vuelto a alzar la voz contra la pasividad del ministro Fernando Grande-Marlaska. Lo ha hecho este martes, tras una reunión de trabajo con el diputado y portavoz de Presidencia del Grupo Popular en el Parlamento de Andalucía, José Ricardo García, junto con la concejal de Seguridad y también parlamentaria autonómica, Mónica Morales, para reclamar un refuerzo urgente de medios humanos y materiales en la Guardia Civil.
«Las mafias siguen paseándose por nuestras playas, que se han convertido en un auténtico coladero para los que trafican con drogas y con personas», según el regidor nijareño, que denuncia que esta situación «se viene repitiendo desde hace demasiado tiempo» pese a las «múltiples ocasiones» en las que se han demandado «soluciones» al respecto.
El alcalde de Níjar, José Francisco Garrido (centro), en la reunión de trabajo sobre seguridad
El Ayuntamiento reclama a Interior que se aumente el número de efectivos en la plantilla de la Guardia Civil y que se les dote de los medios necesarios para combatir la delincuencia, incluyendo protocolos de actuación contra las mafias de la droga y la inmigración ilegal. «Mientras esto no suceda, hay un problema evidente de inseguridad que ningún nijareño tiene por qué sufrir», señala el alcalde.
A la inseguridad ciudadana se suma el daño medioambiental. Los restos de bidones de plástico usados para abastecer de combustible a las narcolanchas, en lo que se conoce como operaciones de petaqueo, acaban esparcidos por las aguas o varados en las playas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. El impacto ecológico es devastador en el primer espacio marítimo-terrestre protegido de Andalucía, también reconocido internacionalmente por la Unesco como reserva de la biosfera y geoparque mundial.
La presencia de embarcaciones petaqueras es cada vez mayor en la provincia. Sin embargo, las fuerzas del orden no disponen de helicópteros ni de ningún otro medio aéreo en la provincia. Además, los sindicatos policiales advierten de que las patrulleras disponibles están obsoletas, en contraste con las gomas, rápidas y perfectamente equipadas, de las organizaciones criminales.
Esta situación no solo afecta a los agentes, sino que tiene consecuencias directas sobre la seguridad de la población. Sin embargo, Marlaska hace oídos sordos a los gritos de auxilio de un pueblo como Níjar, que quiere dejar de ser la gasolinera del narco.