La Rendición de Bailén. José Casado del Alisal. Museo del Prado.
Jaén
El pueblo andaluz donde las tropas de Napoleón sufrieron su primera derrota y se mostró que no eran invencibles
Descubre la localidad donde el emperador francés sufrió su primera derrota con una estrategia que asombró a Europa. La batalla está trufada de heroicidades y cada año se representa
En el norte de Jaén, entre olivares infinitos, Bailén guarda el orgullo de un hecho histórico universal. Fue aquí donde, el 19 de julio de 1808, el ejército español infligió la primera derrota en campo abierto a las hasta entonces imbatibles tropas de Napoleón. Un golpe estratégico y moral que resonó en toda Europa, tal y como recogió Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, calificándolo como «la primera gran bofetada que recibió el coloso napoleónico».
La batalla épica que cambió Europa
¿Cómo se logró esta hazaña? Los generales españoles, Francisco Javier Castaños y Theodor Von Reding, ejecutaron una táctica magistral. Aprovecharon el calor abrasador de la meseta y el conocimiento del terreno para desgastar al ejército francés del general Dupont. Bloquearon los pozos de agua y hostigaron sus flancos, aislando a sus agotadas divisiones. La estrategia de dividir sus propias fuerzas en varias columnas funcionó a la perfección para envolver al enemigo.
Los combates fueron encarnizados. La infantería española, bien atrincherada, soportó las cargas francesas. Historiadores como Charles Esdaile destacan la importancia psicológica de Bailén. «Fue una victoria que demostró que los franceses podían ser derrotados, dando un impulso crucial a la resistencia», explica el experto. La rendición final de más de 18,000 soldados franceses fue un mazazo para el mito de la invencibilidad napoleónica.
Bailén viaja a la época napoleónica con esta recreación
María Bellido, la heroína de Bailén
De tal caos surge la figura legendaria: María Bellido. La historia popular dice que era una mujer local que valientemente arriesgó su vida dando agua a los ejércitos españoles del pozo en la calle Zúñiga. Esa bala de cañón golpeó su cántaro de barro mientras servía a las tropas un cubo lleno de agua.
Ella lo recogió y comenzó su trabajo sin inmutarse, con extraordinaria calma. Esto espoleó no solo a los hombres que estaban en el frente de batalla, sino a todo el pueblo, que creyeron en la victoria. Incluso ahora, una fuente en la Plaza del General Castaños, completa con una escultura conocida como «La Matrona», aún refuerza su memoria y la de todas las mujeres detrás de ella.
Para apreciar el tamaño, debes visitar el Museo de la Batalla en las antiguas instalaciones de Correos, que era un hospital. Allí, armas, uniformes y documentos originales están en exhibición, transportando a los visitantes a esos días cruciales de julio.
En octubre, se puede ver la notable recreación histórica. Hay lugareños, así como entusiastas de toda España, que replican meticulosamente los eventos del conflicto. Es un símbolo viviente que rinde homenaje al pasado y te pone en posición de palpar la tensión de la lucha.
La huella continúa en el Paseo de las Palmeras, donde más de setenta árboles conducen a un monumento alegórico a la victoria. Y detrás de la elaborada Iglesia de la Encarnación, que es rojiza en su fachada, están los restos mortales del General Castaños. Se cree que sus catacumbas podrían contener la tumba de la propia María Bellido.
Pueblo de arte y sabores
Pero Bailén es más que una historia de guerra. Caminar por las calles es descubrir el Palacio Ducal, construido sobre un castillo del siglo IX, o el tranquilo Parque Eduardo Carvajal, un pulmón verde ideal para alejarse. La realidad es que cada rincón tiene algo con lo que sorprender.
Y luego está su tesoro artesanal. No puedes irte sin una pieza de su cerámica distintiva. Su producto no se detiene en los límites del país y se vende en mercados exigentes como Japón. Los maestros alfareros continúan métodos centenarios con engobes y esmaltes que no son menos que magia manual. Cada jarrón representa una pieza de historia viva.
Alfarero modelando un jarrón
No olvides ese oro líquido de Jaén. En tu cesta debes tener una botella de aceite de oliva picual (extra virgen) con la etiqueta ‘Alimentos de Andalucía’. Su sabor ardiente y reputación de calidad son legendarios. Es algo que combina maravillosamente con una visita que alimenta el alma y el paladar también.