Un misil iraní en vuelo durante un ataque reciente en Oriente Medio

Un misil iraní en vuelo durante un ataque en Oriente MedioEuropa Press

Granada

Una granadina en Doha relata el impacto de las bombas: «Los edificios tiemblan cuando interceptan los misiles»

La joven relata el aumento de los bombardeos, las alertas constantes y la calma tensa en Catar mientras aumentan los ataques en la región

La escalada de tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel mantiene en alerta a varios países de Oriente Medio. En Catar, país clave en la región por su posición estratégica y la presencia de bases militares estadounidenses, la situación se sigue con una mezcla de calma aparente y creciente inquietud.

Nuria, una granadina residente en Doha, trabaja en un hotel y vive en Barwa, una zona residencial donde muchas empresas alojan a sus empleados. En declaraciones a El Debate, relata cómo han evolucionado las últimas horas en el país.

«El sábado empezó el día con una doble alerta del Gobierno, que se envió a todos los dispositivos», explica. Las notificaciones llegaron incluso a teléfonos extranjeros. «Yo tengo número de España y también recibí el aviso», añade. Además de los mensajes institucionales, tanto las empresas como la embajada han contactado con los residentes para recomendar precaución. «Nos han pedido que permanezcamos en casa en la medida de lo posible», señala.

Uno de los primeros efectos visibles de la tensión se produjo en los comercios. Nuria describe largas colas tanto en supermercados como en cajeros automáticos para la retirada del efectivo. «Cuando fui al supermercado, la cola era larguísima. Nunca había visto algo así, más de una hora para pagar», cuenta. Los productos más demandados son los habituales en situaciones de incertidumbre: «La gente estaba comprando mucha agua y provisiones, como en la época del COVID».

Más de una decena de explosiones

«Cuando interceptan los misiles, los edificios tiemblan», explica. Según su testimonio, no se trata de un movimiento fuerte, pero sí claramente reconocible. «Es un temblor breve, de uno o dos segundos, no se parece a un terremoto».

Durante los primeros días del conflicto se registraron varios episodios de este tipo, perceptibles en distintos puntos de la ciudad. «El domingo empezaron a interceptar los misiles fuera del espacio aéreo de Catar, por lo que ya no nos enterábamos», explica. Esto generó una sensación de relativa normalidad durante parte del día. Sin embargo, desde el lunes la situación ha cambiado. «Nos despertamos con bombardeos, y no ha sido uno o dos, han sido por lo menos quince», afirma.

Aunque los sistemas de defensa siguen interceptando los proyectiles, la presión es constante. «Están interceptando lo que pueden, pero Irán está bombardeando a saco», señala. Las autoridades han recomendado a la población limitar los desplazamientos. Una de las principales razones es el riesgo derivado de la interceptación de misiles.

«Cuando los interceptan, caen fragmentos. Si estás en la calle, te puede caer una pieza encima», explica. Aun así, la actividad no se ha detenido por completo. «Hay gente que sale a cafeterías, pero yo prefiero seguir las indicaciones de seguridad». El Gobierno ha decretado restricciones laborales, permitiendo únicamente la actividad en sectores esenciales. En paralelo, mantiene medidas para evitar el desabastecimiento.

«Han garantizado que los supermercados importantes estarán abiertos 24 horas y también se ha reforzado la venta online. Los repartidores, que suelen ser personas de países con menos recursos, prefieren salir a trabajar aunque haya riesgo», apunta.

El impacto del conflicto también se deja notar en el sector turístico. En el hotel donde trabaja la actividad se ha reducido. «Estamos en servicios mínimos. Hay mucha gente que estaba viajando y el Gobierno la ha reubicado en hoteles».

Los establecimientos han adaptado sus servicios para facilitar la situación a empleados y clientes. «Hemos preparado zonas para que la gente recoja comida y se la lleve a casa. La situación es especialmente complicada para quienes se han quedado atrapados en tránsito. Hay gente en Dubai o en otros países que no puede volver».

«Cayó una bomba cerca de mi casa»

Nuria relata cómo uno de los impactos se produjo cerca de su vivienda. «Ya ha caído una bomba cerca de mi casa». Según explica, podría tratarse de un misil interceptado que no llegó a detonar completamente. La sensación general entre los residentes es de calma contenida, aunque con una creciente preocupación.

A nivel emocional, la situación resulta compleja. «Uno quiere pensar que no va a pasar nada, pero siempre está la duda de si puede ocurrir algo», señala. Las autoridades han pedido a la población que no difunda imágenes del conflicto. «El Gobierno ha pedido que no grabemos ni difundamos vídeos porque puede generar pánico y continúan las alertas en los dispositivos móviles. Están mandando avisos constantemente», añade.

Nuria también subraya la diferencia entre quienes viven en el país y quienes se han visto atrapados por el conflicto de forma inesperada. «No es lo mismo que te pille aquí, donde tienes tu casa y tus recursos, que en un país desconocido sin medios», explica. A pesar de la situación, intenta mantener la perspectiva. «Dentro de todo, doy gracias de estar en mi casa y tener mis cosas».

La situación en Doha se caracteriza por una mezcla de normalidad aparente y alerta constante. Las autoridades mantienen medidas preventivas mientras la población sigue pendiente de la evolución del conflicto. «La gente intenta hacer vida normal, pero sabemos lo que hay», resume.

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