Fundado en 1910
Eduardo Zalovich
CrónicaEduardo ZalovichTel Aviv

Irán resiste y da muestras de que no es un Estado frágil ni está dispuesto a un colapso rápido

Tras los ataques ha lanzado misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en varios estados del Golfo, afectando instalaciones e infraestructuras civiles en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin

Mourners react during a procession for slain members of Iraq's pro-Iran paramilitary group Hezbollah Brigades (Kataeb Hezbollah) who were killed in a US-Israeli airstrike on their headquarters in al-Qaim near the border with Syria, at the funeral ceremony in Baghdad on March 2, 2026. Eight Iran-backed fighters were killed on March 1 in separate strikes in Iraq, as the region was embroiled in violence after the United States and Israel launched strikes on Iran. (Photo by AHMAD AL-RUBAYE / AFP)

Brigadas y leales de Hezbolá acompañan el coche fúnebre de uno de los cabecillas abatidos por IsraelAFP

La caída de la República Islámica, de su teocracia radical, está lejos de ser inminente. Irán no es un estado frágil susceptible a un colapso rápido.

Con una población de 93 millones y una capacidad estatal importante, cuenta con un aparato organizado e instituciones de seguridad diseñadas para sobrevivir a crisis. Se estima comúnmente que la Guardia Revolucionaria Islámica, el ala militar más leal al régimen, tiene cientos de miles de miembros, y puede movilizar fuerzas auxiliares.

Pero las fuentes del propio Irán reconocen la ira popular, el hartazgo de la gente, el odio hacia la política brutal de los ayatolás. Y esto influye incluso en las fuerzas que hasta ahora han sido leales, pero que están divididas sobre el rumbo oficial.

Sienten las miradas hostiles, y especialmente conocen la masacre de unos 30 mil opositores desarmados en dos días de represión insólita. Además recibieron la orden de ingresar a los hospitales donde se atendía a los heridos... y asesinarlos en sus propias camas. Demasiado brutal para no remover conciencias, incluso fanatizadas. La inmediata eliminación del líder supremo, Ali Jamenei, es considerado por sus propios seguidores como «una advertencia de Ala». El hecho marca un impacto simbólico de enorme significado.

Desde fines de febrero Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar coordinada en territorio iraní –conocida en fuentes de análisis militar como Operation Epic Fury o Lion’s Roar– , tras años de tensiones por el programa nuclear de Irán, su apoyo a terroristas en la región y disputas geopolíticas profundas.

Los gobiernos de Washington y Jerusalén afirmaron que su objetivo era destruir capacidades militares, infraestructura estratégica y liderazgo iraní que consideran una amenaza directa. En definitiva, tumbar al régimen y que asuma la oposición organizada, cada día mas amplia.

La alianza EEUU-Israel, claramente superior en armas y tecnología, ha destruido objetivos militares e infraestructura civil en ciudades clave como Teherán, Isfahán, Qom, Karaj y Kermanshah. Según informes de organizaciones de emergencia, el conflicto ha causado cientos de muertos y graves daños a zonas civiles, incluidos hospitales y redes de servicio público.

Tras los ataques Irán ha lanzado misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en varios estados del Golfo, afectando instalaciones e infraestructuras civiles en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin.

Grupos aliados de Irán, como Hezbolá desde el Líbano, también han participado con ataques contra objetivos israelíes. Con mínimos resultados desde el punto de vista militar, debido al eficiente sistema de defensa aérea. Ha habido impactos –Beit Shemesh, Jerusalén, Beersheva y Bnei Barak–, dolorosos para la gente pero muy lejanos de afectar la ventaja militar aliada, que ya domina los cielos persas sin competencia.

El Estrecho de Ormuz, punto clave para el transporte de energía, ha sufrido interrupciones y amenazas de cierre, provocando subidas abruptas de los precios del petróleo y riesgos en el comercio marítimo global. Los mercados financieros han mostrado fuertes caídas y los activos de refugio como el oro se han apreciado bruscamente. El propio régimen se ve afectado por esta medida.

En Irán los civiles constituyen la mayoría de las víctimas registradas por organizaciones humanitarias. Aclarémoslo bien: victimas del propio régimen que masacró a su propia gente en las manifestaciones recientes previas a los ataques de Israel y de Estados Unidos.

Washington y Jerusalén sostienen que los ataques apuntan a neutralizar amenazas ligadas al programa nuclear iraní y a fomentar cambios en el liderazgo de Teherán. En definitiva, además del objetivo militar, se ha decidido derrocar al régimen. Las exhortaciones al pueblo persa son constantes, y el hijo del Sha Reza Pahlevi ha ganado popularidad como figura simbólica del cambio. Su perfil ha crecido en los últimos meses, junto a frases que han calado hondo en la gente. «Entre ellos y nosotros solo puede haber justicia, porque nos separa un rio de sangre inocente».

Algunos analistas señalan que, aunque los ataques han debilitado capacidades iraníes, no garantizan un colapso del régimen ni una solución rápida.

Las negociaciones entre Irán y EE.UU., que intentaron abordar cuestiones nucleares y de misiles, han mostrado señales de poca confianza y amplias divergencias, reduciendo las probabilidades de una salida negociada. Organizaciones como Human Rights Watch exigen el respeto del derecho internacional humanitario y documentan graves violaciones. La Unión Europea y otros actores internacionales llaman a la contención de la violencia y protección de civiles, pero conocen su limitada –o nula– capacidad de influencia directa.

El conflicto entre EE.UU., Israel e Irán se ha transformado rápidamente desde una serie de tensiones acumuladas en años a una confrontación militar directa, con costos humanos y estratégicos significativos, con efectos regionales y globales complejos y perspectivas de prolongación si las partes mantienen sus objetivos fundamentales.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas