El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y María Jesús Montero con pinganillos en el Congreso
Elecciones Andalucía 2026
María Jesús Montero, la vicepresidenta que regresó a la casilla de salida por orden de Sánchez
Formó parte de los Gobiernos de Chaves y Griñán, cuya mancha por el escándalo de corrupción de los ERE aún perdura, y no son pocos los que opinan que, en caso de fracaso este 17-M, no ocupará su escaño en el Parlamento
Volver a casa siempre suele sonar a un buen plan a no ser que se haya impuesto en contra de tus deseos. Eso es lo que posiblemente le haya pasado a María Jesús Montero Cuadrado (Sevilla, 1966). En Moncloa lo era casi todo. Vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y, al fin y al cabo, parte del núcleo duro de Pedro Sánchez. El mismo que decidió enviarla de vuelta a Andalucía con la casi imposible tarea de evitar la derrota de los socialistas en las elecciones del próximo 17 de mayo.
Es, el suyo, un regreso extraño. Ocho años después de abandonar el Gobierno andaluz para irse a Madrid, y con la misión de arrebatarle San Telmo al PP, que ahora vive su momento con mayoría absoluta. Esta hija de profesores y sevillana, criada, al igual que Susana Díaz, en el popular barrio de Triana. Es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla, aunque cambió la vocación médica por la gestión. Con plaza en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, fue subdirectora médica de otro gran centro hospitalario de su ciudad, el de la Virgen de Valme, entre 1995 y 1998, para pasar al suyo, donde acabaría siendo subdirectora gerente.
Militante desde joven en la izquierda, estuvo vinculada a los movimientos cristianos de base. Gracias a su gestión al frente de los hospitales sevillanos, Manuel Chaves la reclamaría en 2002 como viceconsejera de Salud. Eran los días de vino y rosas del socialismo andaluz, cuando acumulaban poder y perder el control de la Junta parecía una quimera.
La joven Montero siguió creciendo en el seno del PSOE-A y acabó siendo nombrada en 2004 consejera de Salud y Bienestar social bajo los Ejecutivos de Chaves y Pepe Griñán, los dos presidentes que se acabarían sentando en el banquillo por el escándalo de los ERE, el mayor caso de corrupción política en España. Por esos desvíos de dinero público sería condenado una parte del Gobierno del que Montero formó parte, aunque recientemente el Constitucional anularía la sentencia contra los dos exmandatarios.
Y es precisamente, esa mancha, la que aún la persigue, como se han encargado de reflejar una y otra vez sus rivales políticos en esta campaña, que en privado, también reconocen algunos de sus méritos, primero como gestora médica y luego como consejera. De hecho, cuando Moreno Bonilla afrontó su mayor crisis en esta legislatura a cuenta de los fallidos cribados del cáncer de mama, que le llevó a hacer cambios en la consejería de Salud, no era infrecuente escuchar por los pasillos del Parlamento que lo que en realidad le vendría bien para capear esos momentos era una Montero.
Hacienda con Susana Díaz y Sánchez
Tras una década, en 2023, Susana Díaz, la archienemiga de Pedro Sánchez por el control de Ferraz, la nombró consejera de Hacienda y Administración Pública, donde estuvo hasta 2018, año de la moción de censura del PSOE a Mariano Rajoy. Días después, sería nombrada ministra de Hacienda. En 2020, además, recibió el encargo de la portavocía del Gobierno y fue una de las caras visibles del Ejecutivo durante los días duros del estado de alarma y posterior gestión de la pandemia del coronavirus. Su poder e influencia continuaron aumentando. En 2022, sumó a sus funciones la vicesecretaría general del PSOE en sustitución de Adriana Lastra. Y en 2033, pasó de vicepresidenta cuarta a primera tras la marcha de Nadia Calviño.
Su gran debe en estos años es el de haber sido incapaz de aprobar unos presupuestos, víctima de la debilidad parlamentaria del Gobierno de coalición. En febrero de 2025, se convirtió en secretaria general del PSOE-A, una proclamación automática al no haber rivales que presentaran los avales necesarios, puesto que su antecesor, Juan Espadas, renunció siquiera a intentarlo.
El Congreso Regional de Armilla (Granada) la entronizó, pero su demora en dejar Madrid para formalizar el regreso a su tierra siempre fue visto como que en realidad, su candidatura fue una imposición del propio Pedro Sánchez. Ella mantiene su escaño en el Congreso, puesto al que debería renunciar cuando salga elegida diputada del Parlamento de Andalucía. Entre las filas del PP-A dudan de que lo haga ya que, si las encuestas y los sondeos se cumplen, creen más que posible que el día después de las elecciones haga de nuevo la maleta y regrese a Madrid. Y es que nadie o casi nadie es profeta en su tierra.