Una calle comercial de Gibraltar
Cádiz
Los comerciantes de Gibraltar miran con recelo el fin de la Verja: temen un alza de costes e impuestos
Piden ayuda al Gobierno británico para competir «en igualdad de condiciones» con sus vecinos
Si todo va según lo previsto, la Verja que separa el territorio de soberanía británica de Gibraltar con la provincia de Cádiz desaparecerá el próximo mes de enero. Fruto del acuerdo alcanzado antes del verano entre España, Reino Unido y la Unión Europea, el vallado fronterizo pasará a la historia y el tránsito será libre.
Se trata de un movimiento que despierta tanta ilusión como inquietud en las partes implicadas. Si bien el acuerdo pone fin a la larga incertidumbre tras el Brexit, que supuso la salida de Reino Unido de la Unión Europea, abre nuevas preguntas. En La Línea de la Concepción, el principal temor es que el libre tránsito dispare el precio de la vivienda en la localidad. En Algeciras hablan a las claras de un «riesgo de colonización», en palabras del alcalde José Ignacio Landaluce.
Aunque pudiera parecer desde este lado de la Verja que los municipios españoles tienen las de perder frente a una 'expansión' británica, lo cierto es que en Gibraltar también reina la inquietud. Los pequeños comerciantes del Peñón miran con recelo el fin de la Verja y temen efectos indeseados para ellos como el alza de los precios de coste, la subida de impuestos y, en general, una mayor «presión sobre los empleadores».
Un «cauto optimismo»
Así lo ha expresado el presidente de la Gibraltar Federation of Small Businesses (Federación de Pequeños Comerciantes de Gibraltar), Owen Smith, en un editorial de la revista de la entidad (Thrive), consultado por Europa Sur. Aunque admite que «un acuerdo siempre es mejor que un resultado no negociado» y abandera un «cauto optimismo», Smith plantea serias dudas para los negocios del Peñón, al tiempo en que, igual que ocurre en el Campo de Gibraltar, lamenta la falta de información detallada.
Para el presidente de los comerciantes, uno de los cambios más inquietantes es la llegada de la Transaction Tax, un impuesto sobre transacciones que «supondrá mayores costes para algunos» y que «puede alcanzar hasta un 17% por encima del derecho de importación actual». «Aún no existe orientación completa sobre cómo se aplicará en la práctica este impuesto. No sabemos cómo se calculará y recaudará, cómo se verificará la importación a Gibraltar ni si habrá alguna forma de control comercial fronterizo. Estos no son detalles menores: afectan a precios, logística y operaciones diarias», añade.
Hostelería y turismo, en la picota
Smith teme que el fin de las importaciones de Reino Unido como única vía supongo una mayor competitividad en la que salgan perdiendo los comerciantes gibraltareños. Alerta de una «presión» cada vez mayor hacia los empleadores con «el aumento del salario mínimo y la carga fiscal a las empresas, especialmente en los sectores de hostelería y turismo». Frente a los grandes negocios como el juego o los servicios financieros, los pequeños comerciantes se sienten ante un panorama de mayor incertidumbre.
Para la Federación, el rediseño de las relaciones bilaterales puede afectar en materia de impuestos de sociedades, salario mínimo y seguridad social. En general temen un alza de costes y no poder competir «en igualdad» con el otro lado de la Verja. Para ello, piden subvenciones al Gobierno británico que permitan un periodo de adaptación, así como medidas claras para que el comercio gibraltareño no se resienta ante el nuevo escenario.