Esta desagradable presencia en los parques y bosques malagueños es un acontecimiento habitual durante la primavera
Málaga
La procesionaria se adelanta a la primavera y se convierte en una peligrosa plaga en Málaga
Rincón de la Victoria y los Montes de Málaga vienen sufriendo estas desagradables larvas desde finales del mes de enero, casi dos meses antes de lo habitual
Fue el pasado mes de noviembre cuando el Ayuntamiento de Málaga, a través del Servicio de Parques y Jardines del Área de Sostenibilidad Medioambiental, comenzó preventivamente un procedimiento de aplicación de tratamientos biológicos en zonas cercanas a centros de salud, colegios y zonas infantiles consistente en la pulverización de un producto no tóxico para evitar la plaga de procesionaria del pino en primavera.
Sin embargo, motivadas, según los expertos, por las altas temperaturas y la falta de lluvias, y, según algunos vecinos afectados, por la falta de efectividad de los nuevos productos utilizados, impuestos por la Unión Europea, las famosas orugas procesionarias se han adelantado a su tradicional llegada con la primavera y ya se encuentran por toda la provincia, principalmente en parques y zonas boscosas con abundancia de pinos de Rincón de la Victoria y los Montes de Málaga.
En la capital, las zonas más afectadas son las áreas forestales de Cerrado de Calderón, La Cónsula y El Retiro, además de Monte Victoria, Monte Calvario y el Cerro de San Antón. Asimismo, los parques de Gibralfaro, Lagarillo Blanco y Hacienda Clavero y los alrededores del Jardín Botánico Histórico La Concepción ya cuentan con miles de procesionarias descendiendo por los troncos de sus pinos en fila india.
A pesar de que su presencia es habitual desde finales de marzo o principios de abril, el riesgo que suponen para la salud es alto, sobre todo para niños y mascotas, los más expuestos a un posible contacto. Los síntomas van desde irritaciones cutáneas hasta conjuntivitis, rinitis y diversas alergias respiratorias, provocando principalmente dolor y picazón.
La reacción a esta larva está ocasionada por una sustancia, la toxina termolábil, que se encuentra en los diminutos pelos de la oruga. Cuando el insecto se siente amenazado, esparce estos pelos por el aire, alcanzando a animales y seres humanos que pueden respirarlos por la nariz e ingerirlos por la boca sin darse cuenta, por lo que no haría falta tocarlas directamente para sufrir las dañinas consecuencias de esta toxina.
En caso de que una persona presente los síntomas indicados, desde los servicios sanitarios advierten de que un tratamiento inmediato efectivo consiste en aplicarse hielo o administrarse un antihistamínico o antiinflamatorio; ante la duda de que haya sido un niño el que haya entrado en contacto con esta toxina y muestre reacción, es aconsejable acudir a urgencias.
Si, por el contrario, es una mascota la afectada, se recomienda llevar al animal al veterinario puesto que las consecuencias pueden ser muy variadas y de considerable gravedad, desde presentar una sencilla inflamación hasta llegar a complicar la deglución o la respiración, incluso provocar vómitos o convulsiones.