El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante la inauguración de la exposición del NO-DO

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante la inauguración de la exposición del NO-DO

Málaga

El Gobierno repesca a Málaga para la comisión del 27 y se olvida de Torremolinos, muy vinculado a Cernuda

La rectificación oficial llega tras la «indignación» de las instituciones provinciales, mientras el Consistorio costero anuncia una programación propia y acusa al Gobierno central de actuar con un criterio «mediocre»

Lo que parecía un desaguisado institucional con final feliz ha dejado, sin embargo, un regusto agridulce en la provincia. El Ministerio de Cultura ha corregido su rumbo e incorporado al Ayuntamiento y a la Diputación de Málaga a la comisión nacional que organizará el centenario de la Generación del 27. La decisión, publicada en el Boletín Oficial del Estado a través del Real Decreto 53/2026, pone fin a las protestas iniciales, pero abre un nuevo frente: la exclusión del Ayuntamiento de Torremolinos.

No es para menos el malestar. La alcaldesa de Torremolinos, Margarita del Cid, estallaba contra lo que considera un criterio de selección «mediocre, entre la ignorancia y el sectarismo». Y es que el municipio no es un actor secundario en esta historia: fue en sus calles donde la revista Litoral, semilla del 27, encontró acomodo, y donde Luis Cernuda halló refugio para sus fantasmas y amores «prohibidos», bautizando el lugar como «Sansueña». Desde el Consistorio esperan que el Ministerio «recapacite» y amplíe el abanico, aunque de momento, la negativa duele.

Un «olvido» histórico

La ironía la ponía el diputado de Cultura, Manuel López Mestanza, al señalar que «parece que se lo han estado pensando». Su «sorpresa» inicial era compartida por muchos, dado que la Diputación malagueña lleva desde 1984 atesorando el legado del 27. Aquel proyecto, impulsado por figuras como Rafael Pérez Estrada o José Antonio Muñoz Rojas, supuso una inversión de cerca de 100 millones de pesetas para salvar un «vacío en el conocimiento de nuestra propia historia», como explicaba entonces su primer director. La reciente rehabilitación del Palacio de Valdeflores como sede del centro es la prueba más palpable de ese compromiso.

Mientras el BOE detalla que la comisión estará presidida por el Ministerio de Cultura e integrará a universidades, ateneos y ayuntamientos de Madrid, Sevilla o Granada, la pregunta flota en el aire: ¿cómo se mide el peso de una ciudad en la cultura? En el caso de Torremolinos, no es una cuestión de capricho. El Centro de Interpretación Mirador de Sansueña, el monumento en bronce a Altolaguirre, Dalí, Prados y Méndez, y aquel relato de Cernuda donde pedía que fueran a buscarle allí si se perdía, son hechos, no meras anécdotas.

La calle malagueña de la poesía

Pero el vínculo de Málaga con el 27 trasciende la política y se hunde en el papel casi artesanal. En 1926, en la Imprenta Sur de la calle Tomás Heredia, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre pusieron en marcha Litoral. Por sus máquinas Monopol Minerva desfilaron partituras de Falla e ilustraciones de Dalí o Picasso. «La poesía es lo único que nos salva», resumía Prados. Hoy, aquella imprenta sigue viva, rescatada por la Diputación, y en sus números primeros colaboraron Lorca, Guillén o Cernuda, demostrando que Málaga no fue una espectadora, sino la cuna del movimiento.

Y es que incluso el Premio Nobel Vicente Aleixandre, nacido en Sevilla, llevaba a Málaga tan dentro que jamás perdonó que cambiaran el nombre de la calle donde creció, la avenida de Carlos de Haes. A ella le dedicó el que quizá sea el poema más hermoso jamás escrito sobre la ciudad: «Ciudad del Paraíso», cuyos versos pueden leerse aún en el Pasaje Pintor Nogales. «Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos», escribió el poeta. Ahora, Málaga espera que esos ojos del Ministerio miren también con la misma clarividencia hacia Torremolinos.

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