Reconstrucción del rostro de un neandertal de hace 75.000 años

Reconstrucción del rostro de un neandertal de hace 75.000 añosBBC Studios/Jamie Simonds

Málaga

Desvelan que Málaga fue fundamental para la supervivencia del neandertal hace 40.000 años

Una obra pionera revela cómo la provincia se convirtió en un enclave fundamental para la supervivencia de esta especie, con un «alfabeto» propio y una estrategia de vida que sorprende a los científicos

Málaga no siempre fue la tierra del sol y la buena mesa que conocemos hoy. Hace decenas de miles de años, cuando media Europa yacía sepultada bajo el hielo, este rincón del sur era un auténtico paraíso. Lo dice la ciencia y lo confirma un libro que han presentado en Rincón de la Victoria: Málaga Neandertal. Ruta por los orígenes de Málaga. La publicación, coordinada por un equipo de lujo formado por Pedro Cantalejo, María del Mar Espejo, Luis-Efrén Fernández y José Ramos, reúne por primera vez cuarenta años de investigaciones.

Y es que el dato, al principio, puede parecer frío, pero cobra vida cuando se analiza. Hablamos de 47 yacimientos documentados a lo largo y ancho de la provincia. Para ponerlo en perspectiva, los expertos recuerdan un cálculo revelador: en toda Europa, se estima que nunca coexistieron más de 6.000 o 7.000 neandertales al mismo tiempo. «Si en Málaga tenemos 47 yacimientos, eso nos sitúa en la vanguardia de la ocupación neandertal», explica el investigador Pedro Cantalejo, dejando caer la importancia del hallazgo.

Francisco Salado, presidente de la Diputación y alcalde de la localidad, lo resumía con una sonrisa socarrona durante el acto de presentación. «Aquí siempre se ha vivido bien», soltó, provocando más de una carcajada entre los asistentes. Pero más allá del chascarrillo, lo cierto es que su afirmación tiene una base científica sólida. La orografía malagueña ofrecía un abanico de oportunidades único en el continente: sierras, valles, lagunas y una costa generosa en recursos.

La clave: el «nomadismo restringido»

La obra desmonta la vieja imagen del neandertal tosco y errante. Estos grupos no vagaban sin rumbo. Al contrario, desarrollaron una inteligente estrategia de supervivencia que sus autores bautizan como «nomadismo restringido». En invierno se refugiaban en cuevas del litoral, como las de La Araña o los Cantales de Rincón de la Victoria, aprovechando un clima más benigno y el marisqueo.

Presentación del libro en Rincón de la Victoria

Presentación del libro en Rincón de la VictoriaDiputación de Málaga

Cuando el verano apretaba, cambiaban de escenario. Se adentraban en el interior, hacia cuevas como las de Ardales o la Sima de las Palomas, en busca de grandes presas y materias primas para sus herramientas. «Esa capacidad de aprovechar recursos marinos solo se atribuía a los sapiens. Hoy sabemos que ellos también pescaban y marisqueaban, lo que indica una inteligencia que se les ha negado durante décadas», defiende el arqueólogo José Ramos.

Un «alfabeto» grabado en la piedra

Pero lo que realmente pone los pelos de punta es adentrarse en las profundidades de las cuevas. El libro dedica un capítulo apasionante a las manifestaciones artísticas. En lugares recónditos de grutas como la de Ardales, los neandertales dejaron su impronta. No se trata de bisontes policromados, sino de algo más enigmático: signos, trazos y puntos rojos aplicados sobre estalagmitas con una intencionalidad que grita «trascendencia».

Los autores han identificado hasta 38 motivos diferentes, un verdadero «alfabeto neandertal» que se repite en distintas cavidades de la geografía malagueña. Un estudio reciente confirmaba que las pinturas de la cueva de Ardales no son fruto de la naturaleza, sino que fueron realizadas intencionadamente con pigmentos traídos del exterior hace más de 64.000 años. «Los neandertales quisieron dejar un método gráfico unívoco en nuestras cuevas», explica Cantalejo, sugiriendo que esas marcas podrían ser la semilla de la comunicación simbólica, una forma de decir «yo estuve aquí» o de transmitir creencias a través de los milenios.

La publicación, de 208 páginas y con un lenguaje alejado de la jerga académica más espesa, no solo invita a leer, sino a viajar. Incluye códigos QR para planificar una ruta física por estos enclaves únicos y estará disponible para su descarga gratuita.

Los investigadores insisten en que esto es solo la punta del iceberg. Están sobre la pista de lo que podría ser una auténtica revolución: posibles dataciones de arte neandertal al aire libre, algo nunca documentado hasta ahora, y nuevos estudios en cuevas como Las Grajas de Archidona, a la que algunos ya llaman «nuestra pequeña Atapuerca».

Málaga fue, sin duda, un refugio climático. Un lugar donde, mientras el norte de Europa se congelaba, estos humanos primitivos —quizá no tan primitivos— desarrollaban una cultura compleja. Con este libro, la provincia sale del ostracismo académico al que a veces la había relegado el foco de Atapuerca para reclamar su sitio en el mapa de los orígenes de la humanidad. Y lo hace con la certeza de que aún queda mucho por desenterrar.

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