Agentes de la Policía Local de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla)

Agentes de la Policía Local han tenido que intervenir en dos campos de fútbol de la provincia de Málaga

Málaga

Golpes y amenazas manchan el fútbol base malagueño: dos partidos suspendidos en un fin de semana de vergüenza

La violencia se ceba con la categoría cadete en Churriana y la capital, con un padre saltando al campo y una batalla campal que acabó a puñetazos

El fútbol base de Málaga volvió a vivir un fin de semana para olvidar. O para no olvidar nunca, según se mire. Porque lo cierto es que la violencia se instaló en dos campos de la provincia y dejó imágenes que han dado la vuelta a los teléfonos móviles. Primero fue el sábado en Churriana, con un padre que saltó al césped y obligó a suspender el partido. Después, en la capital, una pelea multitudinaria en el Cortijillo Bazán-Pizarra Atlético manchó el marcador y dejó a varios jugadores en el suelo recibiendo patadas.

Lo peor de todo, coinciden testigos y clubes, es que esto ya no sorprende. «Deja de ser noticia porque los incidentes se repiten una semana tras otra», lamentaban fuentes consultadas. Y es que la mecha vuelve a prenderse siempre en la misma pólvora: resultados ajustados, ascensos de por medio y adultos que olvidan que quienes juegan son niños.

Un padre agresivo y árbitro escoltado

En el municipal Alfredo Viñolo de Churriana, el partido entre el CD Churriana y el CD Campanillas de categoría cadete empezó sin avisar del desenlace. Los testigos aseguran que fue un encuentro plano, sin faltas, hasta que en el descanso alguien perdió los papeles. Una discusión entre dos jugadores —el dorsal 6 del Campanillas y el 22 del Churriana— encendió la mecha.

El entrenador del Churriana se acercó a recriminar la actitud al futbolista visitante, y este se lo contó a su padre, que estaba en la grada. El progenitor no dudó: saltó al terreno de juego para retirar a su hijo. Lo hizo, según unas versiones, en tono amenazante. Según otras, simplemente quería sacarlo de allí. Pero el gesto ya era imparable. El árbitro llamó a la Policía.

Los agentes llegaron y trataron de mediar. El Campanillas aceptó reanudar el partido si la Policía se quedaba en el campo durante la segunda parte, pero los agentes solo podían garantizar diez minutos. Finalmente, el colegiado decretó la suspensión y tuvo que ser escoltado a la salida por seguridad. Algunos padres, además, denunciaron haber escuchado frases como: «Llamamos a 300 de aquí y os enteráis», algo que el Churriana niega rotundamente.

Puñetazos y patadas en el césped

El otro escenario de la vergüenza fue el campo del Cortijillo Bazán, en la capital. Allí se enfrentaban el equipo local y el Pizarra Atlético, primero y segundo clasificados de Cuarta Andaluza Cadete. Había mucho en juego, tanto que el Pizarra había pedido presencia policial por miedo a incidentes. No la hubo hasta el final, cuando ya era tarde.

El partido moría con 1-2 en el marcador. El Cortijillo lanzó una falta lateral en el último suspiro y marcó, pero el árbitro anuló el gol por fuera de juego. Entonces todo estalló. Varios jugadores locales se abalanzaron sobre el colegiado a protestar, pero otros directamente buscaron a rivales. Las imágenes grabadas con móviles muestran al dorsal 20 del Cortijillo derribando a un contrario a puñetazos y rematándole con patadas en el suelo. Después, persiguió a otro por el campo.

El partido fue suspendido a falta de 30 segundos. Los agentes policiales, que habían llegado minutos antes, fueron testigos de la salvajada. Desde el Cortijillo Bazán ya han anunciado que tomarán medidas con los implicados, pero la imagen del fútbol malagueño ya está más que dañada.

Una grada con padres violentos

Detrás de casi todos los incidentes, insisten los expertos, están los adultos. En el fútbol base, los menores de 12 años deben entrar acompañados, pero la franja de 13 a 17 años campa a sus anchas por las gradas sin pagar. Y a menudo son esos adolescentes, junto a sus padres, los que caldean el ambiente hasta hacerlo irrespirable.

El problema, además, no es nuevo. En Málaga existe desde 2019 la plataforma 090, que promueve el juego limpio y los contratos éticos entre clubes, padres y entrenadores. Pero sus responsables admiten que «si cada árbitro suspendiera el partido al primer insulto, esto se acabaría rápido». El problema es que muchos colegiados callan por miedo a no ascender o a represalias.

Los datos de la Comisión Estatal contra la Violencia hablan solos: en la temporada 2019-2020, 70 de los 127 incidentes graves en el deporte base fueron contra árbitros, entre agresiones, insultos y amenazas. Y la tendencia, lejos de revertirse, se enquista.

Versiones cruzadas y un futuro incierto

Tras el caos, llega el turno de las actas y los castigos. En el caso de Churriana, el partido quedó grabado por el sistema de retransmisiones de la Federación Andaluza, que también recoge audios. El Campanillas ha anunciado que llevará el asunto a su abogado y que los padres decidirán esta semana si retiran al equipo de la competición.

En el Cortijillo, la directiva ya ha prometido mano dura con los suyos. Pero desde la plataforma Andalucía, Somos Fútbol exigen más: «Sanciones a perpetuidad, fuera de nuestras competiciones de por vida. No queremos a estos salvajes entre nosotros». Y advierten: si la Federación no actúa con dureza, irán a los tribunales.

Mientras tanto, en los campos de Málaga, cientos de niños seguirán jugando al fútbol este fin de semana. Con la esperanza de que esta vez solo suene el balón.

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