Público situado en los márgenes de calles estrechas en el recorrido procesional
Málaga
Las sillas plegables afloran pese a la prohibición y arrecian las críticas por los cortes de calles en Málaga
La tradición de ver las procesiones choca con las medidas de seguridad en una Semana Santa marcada por la tensión entre el bando municipal y la reordenación del recorrido oficial
Málaga ha vuelto a ser este Domingo de Ramos un hervidero de devoción, incienso y, también, de sillas plegables. A pesar del bando firmado por el alcalde, Francisco de la Torre, que las prohíbe expresamente por motivos de seguridad, los modelos portátiles de todo tipo han colonizado puntos clave del recorrido oficial. Es una imagen que se repite cada año, convirtiéndose en un desafío silencioso a la autoridad municipal. La Tribuna de los Pobres, donde la Pollinica y el Prendimiento regalan momentos únicos, ha sido uno de los focos donde más se han hecho notar estos asientos, aunque también se dejaron ver en calle Carretería.
El argumento del Ayuntamiento se mantiene firme sobre el papel. La prohibición de colocar sillas, sillones o mesas responde a la «masiva concurrencia de personas», especialmente en cruces complicados, calles estrechas o accesos a inmuebles donde la movilidad queda restringida. La normativa es clara: la Policía Local puede requerir la retirada e incluso retirar el mobiliario por cuenta del infractor. Sin embargo, la realidad sobre el terreno dibuja un escenario muy distinto, casi de convivencia tensa entre lo que dicta la norma y lo que la tradición impone.
Críticas a las calles cortadas
Pero el malestar no solo viene por las sillas. La reordenación del centro con motivo de los cortes de tráfico y las denominadas vías de evacuación ha generado un notable descontento entre quienes intentan seguir las procesiones a pie. En la cara norte de calle Nueva, junto a la plaza de las Flores, un vallado ha obligado a muchos a dar largos rodeos. Antonio Sedeño, malagueño de 77 años, lo expresaba con amargura: «Esto no hace más que estorbar y genera más caos».
Este sentimiento de frustración es palpable entre quienes echan de menos la Semana Santa de antes, más accesible. «La Semana Santa debe ser popular, no para privilegiados; ahora no se puede ver para el que va a pie», lamentaba Sedeño, quien confiesa estar «muy enfadado» por este devenir en los últimos años.
Y es que la movilidad se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza. En calle Horno, otra de las vías cortadas, Marta Luengo, vecina de Vélez-Málaga, venía con su hija de seis años: «No te puedes ni mover, nos encapsulan a todos». Aunque comprende las medidas de seguridad, no oculta que «es muy difícil» para quienes necesitan moverse con mayor holgura.
La postura del Consistorio respecto a la aplicación de la normativa sobre las sillas ha sido, en ocasiones, ambigua. El año pasado, ante la proliferación de sillas en calles como Especería y Cisneros, el Ayuntamiento justificó la no intervención policial argumentando que sancionar podría haber generado un problema de orden público mayor. «La Policía Local pondera la situación y valora si el hecho de sancionar puede producir una acción más gravosa que derive en un incidente de orden público, por lo que se actúa con cautela y en base a criterios de proporcionalidad», argumentaron entonces desde el área de Seguridad.
Este criterio de «proporcionalidad» parece repetirse este año, dando lugar a una situación de facto en la que, aunque el bando prohíbe, la realidad permite. Mientras unos buscan un hueco donde colocar su silla para disfrutar del paso de los tronos, otros se topan con vallas que les impiden el paso libre. La tensión entre la seguridad y la tradición queda así patente en cada esquina del centro, dejando una sensación agridulce entre los cofrades y visitantes que llenan las calles.