Una vecina persigue y moja, manguera en mano, a los participantes del botellón
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Vecinos de un barrio de Málaga plantan cara al botellón y los orines a base de manguerazos: «No se mea más»
Una vecina, de 58 años, planta cara al botellón en El Molinillo con una manguera El vídeo, difundido en TikTok, supera el medio millón de reproducciones y retrata la desesperación de un barrio harto de orines, cristales y menores bebiendo hasta las tantas
El pasaje amanece con restos de vidrio y orina. No es una imagen puntual, sino la estampa que se repite cada fin de semana en El Molinillo. Pilar, vecina de 58 años, lo confirma en unas declaraciones a El Español: «Aquí no se mea nadie más». Ella es la protagonista del vídeo que ha dado la vuelta a TikTok.
En las imágenes, grabadas desde un pasaje del barrio, se ve a varios vecinos vaciando cubos de agua y manejando una manguera contra un grupo de jóvenes. La grabación supera ya el medio millón de reproducciones. Pero Pilar no buscaba fama: buscaba que su calle dejara de ser un urinario.
El pasaje del que habla parte de la calle Alta y desemboca, frente al pasaje de la Menta, en una escalera que baja hasta la calle Parra. Es una vía estrecha y de mucho tránsito. Los vecinos la cuidan con esmero, llenándola de macetas y plantas. Pero cada verbena, todo ese esfuerzo se desvanece.
«A partir de las diez de la noche ya empezaron a dispersarse y se quedaron hasta cerca de las cuatro», relata Pilar al citado medio. La última velada conflictiva tuvo lugar el pasado fin de semana, cuando la Cofradía de la Pollinica celebró una verbena en la calle Parras. Al terminar, los jóvenes se desparraman por los alrededores.
«La gran mayoría son menores»
Lo que más preocupa a Pilar no es solo el ruido o la suciedad. Es la edad de quienes lo provocan. «Lo que mucha gente no sabe es que la gran mayoría son menores; tenemos un problema grave con el alcohol en nuestros niños y no somos conscientes», insiste. Su relato es contundente: los chavales llegan con la bebida ya en la mano, buscan un rincón para orinar y, cuando la noche avanza, rompen las botellas contra el suelo.
«Cuando acaban en las hermandades van, se compran su botellita y siguen otro ratito», confiesa. Esa dinámica, asegura, es cada vez más frecuente. Y los cristales rotos no son un detalle menor: Pilar tiene tres perros, dos adultos y un cachorro, y teme que se corten las patas o se dañen las almohadillas .
La llamada a la policía que no llegó
Antes de coger la manguera, Pilar y otros vecinos llamaron repetidamente al 092 y al 091 . Desde el 091, según su versión, le indicaron que no podían asumir el trabajo que corresponde a la Policía Local. La vecina, como tantos otros del esta zona del barrio, se quejan de ser «vecinos de segunda» en comparación con otros núcleos urbanos.
Y es que son los vecinos de las plantas bajas los que más sufren las consecuencias. Y el método funcionó: pronto se corrió la voz de que había una mujer «regando» a todo el que se atreviera a usar su calle de baño.
La versión del Ayuntamiento
Consultado por este periódico, el Ayuntamiento de Málaga defiende que la Policía Local sí intervino. Según su respuesta, el pasado fin de semana fueron unidades Tango las que procedieron a la disolución de la concentración. El Consistorio añade que el lugar no es un punto de especial seguimiento, al no tratarse de uno de los enclaves donde de forma habitual se concentran personas.
Sin embargo, una vecina de la zona asegura que hacia las 4:30 de la madrugada vio cómo por el pasaje de la Brisa corría una marea de chavales después de lanzar botellas al furgón policial que se encontraba en Ollerías. La versión vecinal y la institucional no terminan de encajar.