El músico Eneko Vadillo compuso la banda sonora del documental 'Riadas'
Entrevista
Eneko Vadillo, el compositor malagueño que musicalizó al Papa: «Fue emocionante, lo esperé toda mi vida»
Fue el primer compositor en obtener permiso del Vaticano para usar un texto papal en una obra no religiosa, presenta 'Terra' y desvela sus próximos sueños musicales
Eneko Vadillo (Málaga, 1973) es un compositor de perfil singular en el panorama musical español, un creador que ha logrado lo que parecía imposible: ser el primer músico en obtener permiso del Vaticano para musicalizar un texto papal –la encíclica Laudato si'– en una obra no religiosa, la cantata Terra. Su formación, que transita desde los conservatorios de Málaga y Madrid hasta el Royal College of Music de Londres y el IRCAM de París, le ha convertido en un puente natural entre la tradición orquestal y la vanguardia más experimental, una dualidad que imprime en cada una de sus partituras.
Catedrático de Tecnología Musical y Composición Audiovisual en el Conservatorio Superior de Málaga, Vadillo compagina su faceta docente con una carrera que abarca desde la música sinfónica hasta el audiovisual, como demuestran sus recientes trabajos para el documental 'Riadas', sobre la tragedia de la dana en Valencia, o el thriller 'Drea & Cloe'. Galardonado con premios como el Reina Sofía de Composición, el compositor malagueño atiende a El Debate para repasar los retos de su oficio, la importancia de sus raíces y los sueños creativos que aún le quedan por conquistar.
–Usted ha sido el primer compositor en la historia en obtener permiso del Vaticano para musicalizar un texto papal en una obra no religiosa. La cantata 'Terra', basada en la encíclica 'Laudato si' del papa Francisco, es un grito contra el daño al planeta. ¿Cómo fue ese proceso de negociación con la Santa Sede y qué sintió al leer por primera vez unas palabras que, según confiesa, «era el que llevaba esperando toda mi vida»?
–El proceso de negociación no fue difícil una vez que pude acceder a las personas encargadas de ceder los derechos y el uso de los textos. Lo realmente complicado fue poder hacerles llegar mi propuesta, ya que el funcionamiento del Vaticano es muy críptico. Pero en realidad, eso no fue lo más complicado, porque lo realmente difícil en España es poder componer –y por encargo, es decir, pagándote, algo cada vez más extraño e inusual– una obra para coro y orquesta que pudiera ser estrenada en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Eso es casi un milagro. En relación al texto y al por qué me impactó tanto, es algo muy fácil de explicar. Soy un profundo amante y protector de la vida animal y del hábitat natural. Lo llevo en mis genes, así como en la educación recibida por mi familia. Observar cómo el hombre puede ser tan atroz con su propio hábitat y con los seres vivos, y que una figura como un papa expusiera de manera cruda, realista y veraz la necesidad de cuidar de nuestra casa común, fue emocionante.
–Su formación es una mezcla fascinante de tradición y vanguardia: desde los conservatorios de Málaga y Madrid hasta el Royal College of Music de Londres y el IRCAM de París. ¿Cómo logra en su música esa síntesis entre el lenguaje contemporáneo más experimental y la herencia de la gran tradición orquestal? ¿Se siente más un artesano del timbre o un narrador de emociones?
–Creo que la historia nos ha demostrado que las posturas radicales, rompedoras y extremas sirven para poder mostrar caminos no transitados antes, habitualmente rompiendo con todo lo anterior. Eso, que lo respeto, no es mi esencia creativa. Mi formación y mi amor profundo por la magia de la música –esto es, el total de sus posibilidades y formas– me invitaron siempre, desde mis primeras obras, a poder aprovechar todas las posibilidades del lenguaje musical, tanto el tradicional como el de vanguardia. Esta suerte de alquimia no es fácil de conseguir y precisó, y creo que sigo desarrollando ideas en relación a esto que comento, de años y años de estudio, investigación, pruebas, etc. Al final, si uno sabe por qué escribe y en qué aspecto quiere evolucionar, casi que es natural encontrar soluciones viables que sean coherentes con la personalidad del autor, en este caso, yo mismo. No sé si me puedo definir como artesano o narrador… quizá ambas.
Eneko Vadillo, dirigiendo ensayos del estreno 'Mercuria, con la artista Elisa Urrestarazu
–Ha compuesto la banda sonora de 'Riadas', el documental que da voz a las víctimas y voluntarios de la dana en Valencia. Musicalizar el dolor y la solidaridad tras una tragedia así debe ser una responsabilidad abrumadora. ¿Qué imágenes o testimonios fueron los que marcaron el rumbo de su partitura y cómo consigue que la música no caiga ni en el sensacionalismo ni en el olvido?
–La música de 'Riadas' tuvo siempre una guía muy clara: narrar y describir las cuatro emociones básicas que se muestran en el documental y que siguen este orden: tragedia inicial, olvido y pérdida, rabia y lamento, y finalmente, esperanza y reconstrucción. El lenguaje usado es directo y claro, donde en cada una de esas partes hago uso de determinadas herramientas musicales que describan de manera óptima dicha emoción. Piezas emotivas para violín solista y orquesta de cuerda, piezas orquestales épicas a gran escala, intimismo de cuarteto de cuerda, texturas de sintetizador y electroacústicas… etcétera.
–En las antípodas de ese drama, está 'Drea & Cloe', un thriller sobre dos directoras de orquesta atrapadas entre la pasión profesional y la sentimental. La música aquí es casi un personaje más. ¿Qué retos le planteó componer para una película cuyo núcleo es, precisamente, la música y la lucha por el poder en un escenario sinfónico? ¿Se sintió retratado en alguna de esas ansias de sus protagonistas?
–No me sentí en ningún momento retratado en las protagonistas, pero su interpretación me influyó totalmente en la composición de las músicas y, lo que es más importante, en qué tipo de función debían desempeñar la música en el largometraje. Esto es algo que incido mucho con mis alumnos y alumnas de composición para audiovisual: la función rectora de la música, cuál debe ser. El reto no fue solo este, sino además la grabación de la misma. La productora no disponía de suficientes medios y tuve que hacer milagros –horas infinitas de trabajo– para obtener la calidad sonora y musical que se escucha en la grabación de la banda sonora, entre el uso de mis librerías de sonido y las grabaciones que realizamos con la Joven Orquesta Sinfónica Provincial de Málaga bajo la dirección de Juan Paulo Gómez.
–Compagina su faceta creativa con la docencia en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, es usted catedrático de Tecnología Musical y Composición Audiovisual. ¿Qué es lo más difícil de enseñar a un joven compositor hoy en día: la técnica, la búsqueda de un lenguaje propio o la paciencia para sobrevivir en un mercado tan competitivo? ¿Y qué le han enseñado sus alumnos a usted?
–La técnica se enseña hasta cierto punto, ya que a partir de un límite, uno busca sus propias técnicas y es ahí donde uno se enfrenta a su realidad como creador o creadora. Si no tienes instinto de compositor o no tienes talento innato, dotes naturales, no harás nada más que lo que te han enseñado, y eso no es componer. Sin embargo, lo más difícil es hacerles comprender que el éxito no se mide en premios, ni fotos, ni dinero, sino en la obtención de una voz propia y original dentro de un mundo tan complicado y sujeto a estándares como en el que vivimos, que precisa de repeticiones constantes de modelos anclados en el pasado sin dejar espacio para nuevas propuestas o, al menos, distintas a lo que se espera.
–Ese estreno fue muy especial al poder trabajar con la maravillosa intérprete y virtuosa del saxofón Elisa Urrestarazu, con la cual comparto una enorme amistad. Esta obra, así como otras anteriores, fue posible gracias a la siempre disponibilidad y apoyo de estos proyectos por parte de la Orquesta Filarmónica de Málaga, a la cual debo mucho de mi crecimiento como autor de música. Mis raíces son todo para mí. En Málaga tenemos dos instituciones que promueven muchos estrenos y que son punteras en España: la Sociedad Filarmónica de Málaga, de la cual soy orgulloso miembro, y ACIM, la Asociación de Compositores e Intérpretes Malagueños, de la cual también me siento orgulloso de pertenecer. Ambas, y gracias al esfuerzo, dedicación y compromiso de sus presidentes, Pablo Lamothe y Alejandro Cano –compositor y compañero de conservatorio–, promueven activamente la creación y los estrenos como en ninguna otra parte de España se hace.
El compositor malagueño en estreno con Cuarteto Breton Sociedad Filarmónica de Música de Málaga
–Ha ganado premios tan prestigiosos como el Reina Sofía de Composición Musical o el Jerry Goldsmith a la mejor banda sonora para documental, considerado el 'Oscar' de la música audiovisual. Con semejante palmarés, ¿cuál es el siguiente sueño o el desafío que todavía le produce vértigo? ¿Queda algo por conquistar o la música es, para usted, un viaje sin destino fijo?
–Debo corregir que el Premio Jerry Goldsmith no es un Óscar de la música audiovisual. Es un premio como otros que se otorgan en el territorio español de más o menos prestigio, pero no a ese nivel. Los premios son oportunidades de poder estrenar obras en la mayoría de los casos que ninguna orquesta o formación va a poder estrenar en España debido a la casi nula actividad de música actual. Para finalizar, mi sueño o sueños creativos que desearía cumplir en vida serían la composición y estreno de un réquiem para coro y orquesta, una ópera –tengo el libreto ya acabado casi–, un par de cuartetos de cuerda, un concierto para chelo, otro para piano y otro para violín, así como una pieza de orquesta de larga duración tipo sinfonía… Espero poder tener fuerzas y energía en estos años, que creo van a ser muy, muy duros, para poder realizarlo.