Desde la retaguardiaMiquel Segura

Cuatro facciones, cuatro

Hay que ser un politólogo experto -versión autóctona- para entender el entramado regionalista actual

Todavía no nos han cambiado la hora pero mis paseos vespertinos discurren ya entre sombras. Por el paseo de la costa que un día arreglara el ministro Matas diviso a un hombre alto que camina a paso de trote. Él también me ve y se detiene. Le reconozco: es uno de los que ahora mismo están en la ardua tarea de restaurar el espacio de centro regionalista, enésima versión. Hace tiempo que me consta que algo se mueve en el difuso y confuso territorio del mallorquinismo político. Mi interlocutor -que, desafiando a los mosquitos, se ha detenido para charlar conmigo- me habla de tres facciones, tres, más una cuarta que ahora mismo no estaría en la órbita de una imprescindible coalición. Hay que ser un politólogo experto -versión autóctona- para entender el entramado regionalista actual. Son cuatro y el del bombo, pero aseguran que si aciertan en un camino de unión y concentración hay un nicho electoral -unos 37.000 votos, más o menos- que les situarían en las instituciones. «No me fío -le digo- porque si por casualidad el burro tocara la flauta os faltaría tiempo para pactar con la izquierda y los ciudadanos de Baleares nos enfrentaríamos a un nuevo 'armengolato'».

-¿Armengol? Ella es la primera que sabe que está políticamente acabada y que su regreso a la isla, en cualquier caso, sería para contemplar el afianzamiento de Prohens, a la que muchos ya comparamos con Cañellas.

Mi interlocutor afirma reiteradamente que la vuelta del centro regionalista solo es deseable si la misma sirve para establecer un gobierno con la derecha que no esté sujeto a los vaivenes de Vox. Sin embargo, los actores de esta película -aún por filmar- no ofrecen excesivas garantías en ese sentido. Veamos: está algo parecido a una coalición de candidaturas independientes que es de lo más variopinta, con alcaldes que siempre han coqueteado con la izquierda y otros que son maleables, como si fuesen muñecos de plastilina. Luego está lo que queda de el PI, con un presidente que no pinta una mona. Quien manda allí, me dicen, es un agente inmobiliario de mi pueblo que no ocupa ningún cargo en el partido ni lo ha ocupado nunca en el ayuntamiento. Pero corta el bacalao -el poco que tienen- y hace callar a su presidente con malos modos.

Sigamos: hay un grupo que dice que son Mallorca, pero sus afanes se sitúan preferente en la ribera izquierda del Pecos, así que pocas bromas. Por último, están los que sueñan con el regreso de Unió Mallorquina. Esos son los que ahora mismo se están moviendo aunque vaya usted a saber, caballero, que serà en estar cuit.

Mi tertuliano vespertino -agobiado por las picaduras de los mosquitos en sus piernas de corredor de fondo- aventuró su última impresión: «Si no se hubiesen cargado a Font ahora todo sería muy distinto. El centro mallorquín tiene un cáncer y todavía no ha sido extirpado».

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